Actualizado S�bado, 11 abril 2026 - 03:07La secretaria general del
PSOE Andaluz y candidata a la Junta ha salido escaldada de la primera prueba de fuego de cara a las elecciones del 17 de mayo, la confecci�n de las listas. Mar�a Jes�s Montero ha encajado una derrota en toda regla en el pulso que le hab�a planteado la direcci�n provincial de C�diz a cuenta de qui�n ocupaba el n�mero uno en la candidatura por esa circunscripci�n, un puesto que, finalmente, corresponde a
Juan Cornejo, n�mero dos provincial, frente al elegido por la l�der regional, Fernando L�pez Gil, miembro de su ejecutiva y uno de sus hombres de confianza.Cornejo -hijo de
Juan Cornejo, un hist�rico socialista vinculado a Susana D�az- hizo valer el respaldo mayoritario de las asambleas y de la ejecutiva provincial a la candidatura que �l encabezaba y se neg� a ceder a las presiones de Montero y los suyos. Hasta el punto de que vot� en contra del cambio de orden que introdujo, inicialmente, el Comit� de Listas regional y renunci� a cualquier puesto en la lista por C�diz.Eso desbarat� la estrategia de Montero, que finalmente se vio forzada a dar marcha atr�s, dejando la candidatura gaditana tal y como estaba en un principio.Pero esa marcha atr�s se traduce en un s�ntoma de debilidad evidente de la ex vicepresidenta, designada por Pedro S�nchez para hacerse con las riendas de la mayor federaci�n socialista (40.000 militantes) y tratar de dejar atr�s la etapa de derrotas electorales y divisi�n que protagoniz�
Juan Espadas.El golpe de autoridad fallido en el pulso con los rebeldes de C�diz no solo ha dejado ver la fragilidad de su liderazgo, sino que, adem�s, pone en cuesti�n el relato oficial que viene mantenido la secretaria general desde que aterriz� en Andaluc�a hace algo m�s de un a�o, la de la unidad del partido y la integraci�n de todas las familias en el proyecto que ella encabeza.El fracaso en C�diz cierra un proceso en el que hab�a intentando, adem�s, poner l�mites a los secretarios provinciales para, precisamente, reforzar su autoridad, ahora agrietada. En la �ltima semana, Montero ha frenado las aspiraciones de los barones andaluces de colarse en las listas al Parlamento auton�mico e, incluso, encabezarlas.La direcci�n regional orden� que se centraran en sus respectivos territorios, con la excepci�n de M�laga, a cuyo l�der,
Josele Aguilar, se le ha permitido ir de n�mero 1 en una lista, �sa s�, de consenso.Impuso Montero el acuerdo en todas las provincias bajo la premisa de la unidad imprescindible para garantizar la movilizaci�n ante el proceso electoral m�s incierto en la historia del socialismo andaluz. Pero C�diz se rebel� y no acept� ninguna directriz.M�s bien, seg�n la versi�n que dan en el PSOE gaditano, no aceptaron el �cambio de opini�n� de la direcci�n regional, con la que aseguraron haber pactado la lista original. Sin embargo, Montero y su equipo se habr�an retractado, cuentas estas fuentes, para imponer a L�pez Gil influidos, dicen, por el sector cr�tico con la direcci�n gaditana.Estas fuentes no tienen dudas a la hora de concluir que Montero sale derrotada del pulso y con heridas que podr�an perjudicarle de cara a la campa�a electoral. Sobre todo porque necesita -y lo viene repitiendo continuamente en este a�o- la participaci�n activa de toda la militancia, de todo el partido para revertir los malos datos que le dan las encuestas, peores incluso que los que obtuvo Espadas en 2022.En su intervenci�n ante el Comit� Director, Montero se refiri�, pero sin mencionarlo expresamente, al pulso en C�diz para expresar su agradecimiento �a las personas que no son las n�meros uno�, especialmente, recalc�, a quienes �por el acuerdo han decidido dar un paso atr�s y no ir en los primeros puestos�, en alusi�n clara a Fernando L�pez Gil.�Somos m�s fuertes�, proclam� ante su auditorio la candidata socialista a la Junta, que abog� por �dedicar el menor tiempo posible a las cuestiones org�nicas� llamando a la movilizaci�n de cara al 17 de mayo y centrarse en �el turr�n�, que no es sino �gobernar las instituciones� enarbolando, para ello, la bandera de la sanidad p�blica.