"En la comunidad ortodoxa celebramos el domingo pasado nuestro Domingo de Ramos. All� estaba
David, como siempre, y nos intercambiamos un ramo... Y cuatro d�as despu�s, est� muerto. Todos estamos en shock".Ayer viernes, Villanueva de la Ca�ada termin� de quebrarse. En la plaza de Espa�a de la localidad, decenas de familias, amigos, vecinos y conocidos de
David, el menor de 11 a�os asesinado el jueves por la tarde dentro de los aseos del centro cultural
La Despernada, se reunieron para compartir su dolor. Sus l�grimas. Un joven de 23 a�os de origen peruano, al que varios conocidos atribuyen un 70% de discapacidad, lo atac� por la espalda. Le hiri� mortalmente en el cuello y en el t�rax.
David no tuvo oportunidad de defenderse ni de pedir ayuda.El golpe fue doble para la comunidad ortodoxa, a la que pertenec�a su familia. Porque, en su calendario lit�rgico, estaban en su Jueves Santo, que es equivalente al de la religi�n cristiana. De ah� que la parroquia, donde se estaba desarrollando la misa, estuviese llena. Y el padre de
David, que a veces canta en dicha iglesia, se encontrase dentro cuando ocurri� todo."Le llamaron al tel�fono varias veces, pero nadie lo coge en plena misa, en mitad de los rezos. La mujer del cura le avis� desde fuera: 'Vete corriendo, que se est� muriendo el ni�o'. �l sali� a toda prisa hacia el hospital. La misa continu�, pero fueron momentos horribles", cuenta una feligresa ortodoxa a este diario.Quienes lo conoc�an, recuerdan con ternura al fallecido. "Era un amor de chico. Todos hemos pasado por tener 11 a�os y que te quiera toda la iglesia. �l estaba en ese momento", agregaba la misma creyente. A escasos 500 metros, en la plaza de Espa�a de Villanueva de la Ca�ada, m�s de 350 personas comenzaban a reunirse para intentar explicar lo inexplicable, para apoyarse en la tragedia.Algunos compa�eros del equipo de f�tbol de
David, donde jugaba de portero, acudieron con la camiseta del verde del club. Otros, m�s mayores, llegaron a hacer pellas para respaldar a los familiares en un momento tan doloroso. "Ahora mismo me dan igual las clases, quer�a estar aqu� apoyando a uno de sus primos, que es �ntimo amigo m�o", apuntaba a este diario una escolar. Dicho primo se deshac�a en l�grimas mientras, a su alrededor, compa�eros sujetaban velas encendidas entre sus manos.M�s velas se desplegaron junto al centro cultural donde se produjo el crimen. All�, adem�s, colocaron un bal�n de f�tbol firmado por sus amigos y familiares, con frases como "Siempre en nuestro equipo, campe�n" o "Descansa en paz, peque�o". "Era un ni�o bueno, de 11 a�os, con toda su vida por delante. No vas a conocer a nadie que hable mal de �l", coincid�an todos afectados por su muerte.Por su parte, el joven homicida, de 23 a�os, no escond�a sus sombras. "Era silencioso, pero agresivo. A mi hijo, este verano, le peg� tres veces, una de ellas con un bate de b�isbol... Yo habl� con la madre de ese ni�o, pero ella solo me dijo que 'se ten�a que defender'...", se lamenta una progenitora, ante este diario, tras el minuto de silencio. Y contin�a: "Era mayor de edad, pero dec�a que ten�a entre 14 y 16 a�os... a m�, de hecho, me enga�� en su momento por su mentalidad, la cara, no era muy alto Hasta que me di cuenta. Cuando le peg�, le dije que no se acercara m�s a mi hijo".Algunos residentes del municipio que le hab�an visto por sus calles no se pod�an creer lo sucedido. "Es incomprensible, debi� sufrir un brote, porque no es normal...", dec�a uno de los asistentes al minuto de silencio, en un corillo. "No me puedo imaginar c�mo estar�n los familiares", le replicaba otro. Otros apuntaban c�mo, en ocasiones, le ve�an pasearse con un "palo con pinchos" que escond�a en unos arbustos detr�s del Ayuntamiento.Tambi�n entre los congregados se abr�a el debate sobre qu� ser� ahora del homicida, del que, seg�n dicen, "tiene un 70% de discapacidad". "No creo que pise la c�rcel... y eso no es justo. Se tiene que investigar bien qu� causas le han llevado a cometer algo as�, porque no hay derecho".