Cuando los políticos entran por la puerta, los expertos saltan por la ventana. Podría ser el resumen de la enésima polémica sobre el traslado del Guernica de Picasso de Madrid a Bilbao, reclamado por el Gobierno vasco para conmemorar en 2027 el 90 aniversario del bombardeo de la localidad vizcaína por la Legión Cóndor, en plena Guerra Civil.“Es un cuadro que representa la barbarie de la guerra y el fascismo y va a seguir significando lo mismo, pero en este momento geopolítico el traslado a Euskadi puede interpretarse como un gesto de compromiso con lo que representa, porque serviría para hacer memoria”, es el argumento del PNV.Y más o menos en esos términos debió de apelar el lehendakari, Imanol Pradales, al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su reciente visita a la Moncloa. La respuesta, con visos de ser la definitiva, llegó el martes por boca del ministro de Cultura, Ernest Urtasun, en el Senado: “Los técnicos del Museo Reina Sofía desaconsejan rotundamente el traslado”.Pero una cosa es lo que dicen los conservadores de arte, cuyo diagnóstico es inapelable (“el informe habla por sí solo”, alegan en el Reina Sofía), y otra la voluble voluntad política, y ahí es donde el PNV pretende abrir una brecha negociadora con la creación de una mesa de trabajo como objetivo. “Que ni siquiera se presten a eso es lo que no se entiende”, exclaman los nacionalistas vascos, cuyos votos apuntalan la inestable mayoría parlamentaria del Gobierno.Pero aunque no haya “ninguna posibilidad técnica”, tal como reitera el último informe del museo, fechado el 25 de marzo, de trasladar el cuadro más famoso de Picasso, es sabido que la fe mueve montañas y conocida es la proverbial tozudez vasca. Si se levantó en volandas la catedral de Vitoria para restaurarla y estabilizarla sin cerrarla al público, quién dice que no se puede construir lo que haga falta para llevar el Guernica al Guggenheim. No será por falta de recursos ni innovación tecnológica.Cuando en 1981 el Guernica emprendió desde Nueva York su primer y definitivo viaje a España, William Rubin, conservador jefe del MoMA , vaticinaba que sería “un símbolo de la reconciliación nacional, ya que podría interpretarse como el acto final de la Guerra Civil”.El PNV pide al Gobierno el “gesto” de abrir al menos una mesa de trabajo para plantear la cuestiónAlgo así le había pasado también por la cabeza al mismísimo Franco, que encargó una gran operación de imagen para intentar traer el cuadro a España, pero ni Picasso ni el MoMA transigieron. Hubo que esperar varios años tras la muerte del dictador para que el mural encargado por el gobierno español para el pabellón de la República en la Exposición Universal de París de 1937 llegara a Madrid, herido después de sus viajes alrededor del mundo (París, Londres, Milán, Munich, Hamburgo, Colonia, Bruselas, Amsterdam, Estocolmo, además de São Paulo y Nueva York, donde residió más de cuarenta años).CronologíaNacido en París y media vida en Nueva YorkBombardeo alemán. Pablo Ruiz Picasso pintó el 'Gernika' en su taller de la calle Grands-Augustins de París entre el 1 de mayo y el 4 de junio de 1937, impactado por el bombardeo de la aviación alemana sobre Gernika el 26 de abril de 1937.El estreno en París. El cuadro se expone entre julio y noviembre de 1937 en el Pabellón de la República en la Exposición Internacional de París.De gira. Por deseo de Picasso, el cuadro emprendió un recorrido destinado a sensibilizar a la opinión pública europea sobre la situación española.Llegada a Nueva York. Con la Segunda Guerra Mundial, el artista lo cedió en depósito al MoMA, donde llegó en 1939.Llegada a España. En 1981 regresa a España, al Casón del Buen Retiro del Museo del Prado. En 1992 irá al Reina Sofía, de donde no se ha movido desde entonces.Desde entonces, se han sucedido las peticiones de traslado: Japón lo solicitó para el 50.º aniversario del bombardeo de Hiroshima y Nagasaki; Francia, para una gran retrospectiva de Picasso en el Pompidou, y Barcelona, para su exhibición temporal en el pabellón de la República reconstruido para los Juegos Olímpicos de 1992. En 1996, el Guggenheim de Bilbao lo reclamó para su inauguración y lo volvió a intentar en el 2007. La respuesta entonces fue la misma que ahora: no puede viajar.Los técnicos del Reina Sofía no han dejado de estudiar el lienzo, corroborando con la última tecnología el gran estudio elaborado en 1998, en el que participaron 33 profesionales procedentes de los museos e instituciones culturales más importantes del mundo, cuya conclusión tras constatar su extrema fragilidad no dejaba lugar a dudas: “No debe volver a exponerse a ningún tipo de movimiento fuera del museo”.Con todo, ese dictamen no ha detenido la tormenta política, con actores inesperados y salidas de tono como la de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, que llamó “catetos” a los que defienden la exhibición del Guernica fuera de la capital.Otras voces más autorizadas lo desaconsejan: “El informe de los restauradores no responde a un condicionamiento político, es técnico”, señala Manuel Borja-Villel. “Una condición política, y un despropósito, es querer llevarlo a toda costa a al Guggenheim. No podemos olvidar que la matriz neoyorquina de este museo ha sido acusada en repetidas ocasiones de violar los derechos humanos de los trabajadores migrantes en su proyecto de Abu Dabi”, reflexiona el ex director del Reina Sofía, que dice no entender “que se pida el cuadro sin que ni siquiera haya un proyecto curatorial o historiográfico previo”. Y se pregunta: “¿No será que lo que interesa es lo que significa el cuadro como espectáculo y reclamo turístico?”.Emmanuel Guigon, el director saliente del Museu Picasso de Barcelona, cree que hay cierta confusión: “Picasso lo pintó para la República, no para el pueblo de Gernika. No se trata de restituir nada, porque no se les quitó nada a los vascos”.“¿No será que lo que interesa es lo que significa el cuadro como reclamo turístico?”, opone Borja-VillelY como quien pasaba por ahí, el escritor Bernardo Atxaga, de visita en Madrid con su último libro,tercia en el asunto para calificarlo de “trivial” y denunciar que lo que se pretende es atraer a más turistas. “Que compren obras a los pintores actuales”, recomienda a los museos.Licenciado en Filología y Periodismo y posgraduado en Crítica Literaria, sigue la actualidad cultural en Madrid