* El autor forma parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia La paloma que habita en nuestras ciudades es básicamente la bravía (Columba livia). Estamos invadidos. Y cada vez hay más. Y es que como en todo hay que tener cuidado. La paloma bravía lleva acompañando al ser humano desde los tiempos de
Julio César. Y el problema es que mucha gente, aunque bienintencionadamente, sobrealimenta a estos animales, que tienen una capacidad de reproducirse directamente proporcional a la cantidad de alimento que tengan. Y hay superpoblación. Hay problemas serios y hay soluciones. No se debe dar de comer tanto a estos animales, o que se les dé de comer en lugares idóneos indicados por los ayuntamientos pertinentes en dónde la población está más controlada. Por ejemplo, hay sistemas anti-baby, que se da en los bebederos que se colocan en
Roma, en
París, dónde las palomas beben y de alguna manera ya no pueden reproducirse tanto junto al palomo buchón que la persigue para conquistarla. Siempre hay una población ociosa de gente que lleva trozos de pan a las palomas. Hay algunos lugares donde algunas personas con muy buena fe quieren dar de comer a estas palomas. Y si observamos con ojitos de naturalista, muchas personas jubiladas, realmente, están dando de comer a las ratas que aprovechan ese pan asustando a las palomas y se dan un banquete de lujo. Paloma común.
Ricardo Sales García No obstante, los ayuntamientos, están muy pendientes de estos temas. Por ejemplo, si a la
Plaza de la Virgen de
València o la
Plaza de Catalunya de
Barcelona le quitásemos las palomas, quizás ya no serían las mismas. Hay que ver la cantidad de personas que se entretienen con las palomas observándolas, dándoles de comer y efectuándose documentos gráficos con estos bellos animalitos… Todo esto es muy bonito. Pero hay que controlar esta situación. Y si observamos a estos columbiformes, un porcentaje importante presenta malformaciones genéticas. La relación entre animales y personas en la ciudad debe ser lo más cercana a la razón. Es decir, intentar poner unos niveles mínimos de convivencia. ¡A los animalitos hay que cuidarlos! ¡Siempre hay que cuidarlos! Pero no favorecer algunas situaciones que, a veces, ponen a algunos edificios y monumentos en una situación muy delicada. La ciudad de
València, por ejemplo, está plagada de zonas con superpoblación de esta paloma:
Plaza de la Virgen, la rotonda de la zona de la
Ciudad de las Artes y de las Ciencias,
Jardines del Real (Viveros Municipales) y Plaza de la Reina, entre otros. Mucha gente se queja de que las ventanas de sus casas están manchadas de excrementos. También en la ciudad de
Barcelona se calcula que hay más de 100.000 ejemplares, con una alta densidad de población en zonas como la
Plaza de Catalunya. Palomas en la hierba.
Ricardo Sales García Esta paloma es transmisora de muchas enfermedades, y en su cuerpo tienen multitud de ectoparásitos (parásitos externos) y endoparásitos (parásitos internos). El parásito que más se puede ver sobre su plumaje es la Pheudolynchia canariensis, la mosca de las palomas que realmente no es una mosca. Se trata de un díptero perteneciente a la familia de los hipobóscidos (Hippoboscidae) que es hematófago (se alimenta de sangre). Las palomas causan daños económicos en edificios debido a la acidez de sus excrementos y son vectores de enfermedades. Una de las soluciones sería la depredación de estos columbiformes por los halcones peregrinos (Falco peregrinus) que es una rapaz ornitófaga, término científico que significa que se alimenta de aves. Es precioso observar la iridiscencia del plumaje de estas palomas cuando el sol se refleja sobre las plumas de la zona del buche y del cuello. En las palomas no hay dimorfismo sexual. El macho por su plumaje no puede presumir ni de bonito ni de guapo. Tiene que conquistar a la hembra por su gracia, por su cortejo, por cómo exhibe el buche, por las plumas de la cola abiertas en forma de abanico. Por el ronroneo que emite. Siempre van detrás de la hembra persiguiéndola, galanteándose, hasta que ésta cede admitiendo al macho para que suba sobre el dorso de ella y la fecunde. También estamos invadidos por la tórtola turca (Streptopelia decasocto), también conocida como paloma turca de collar. Se trata de un ave exótica invasora que ha tenido gran éxito de colonización en Europa y otras partes del mundo. Su expansión está caracterizada por ser sedentaria y altamente adaptable a entornos urbanos. Paloma en su nido.
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