A la luz de la encuesta que hoy publica La Vanguardia sobre las expectativas de voto ante las elecciones generales previstas para el 2027, la izquierda, empezando por el
PSOE, tiene serios motivos para preocuparse; la derecha del
PP, para alegrarse, y la ultraderecha de
Vox, para congratularse aun en mayor medida. El sondeo anticipa un cambio de ciclo en la escena política española, marcado por la supremacía de las derechas, y un histórico retroceso de las izquierdas.La encuesta de
Ipsos nos dice que el
PP, aun perdiendo siete escaños, sería con 130 el claro vencedor de los comicios, mientras que los ultras de
Vox darían un espectacular paso al frente, al casi doblar su número de diputados, pasando de los 33 actuales a 64, mientras
Aliança Catalana se haría un hueco en el Congreso con dos. Entretanto, el
PSOE caería de los 121 que tiene ahora a 117, uno de sus peores resultados, similar al del 2011. Y los partidos a su izquierda –
Sumar se quedaría en siete escaños y
Podemos en ninguno, si siguen desunidos– padecerían un retroceso que los acerca a la irrelevancia y hace imposible, en todo caso, una mayoría de izquierdas.En lo referente a la aportación catalana al cómputo español, el
PSC continuaría siendo en nuestra comunidad la opción más votada, con un ligero repunte de
ERC y una bajada de Junts. El voto catalán diferiría, pues, del español, tanto en términos ideológicos como numéricos. Pero ni eso ni el hecho de que Gabriel Rufián, portavoz republicano en el Congreso, y Salvador Illa, líder del
PSC, sean los políticos mejor valorados, con notas de 4,5 y 3,8, respectivamente –por delante de
Pedro Sánchez (3,7),
Alberto Núñez Feijóo (3,5) o Santiago Abascal (2,7)–, altera el resultado de la encuesta ni el horizonte político que prevé.Un sondeo de
Ipsos anuncia el avance de la derecha y la caída de la izquierda en las generalesLa circunstancia en la que se ha realizado el sondeo, entre los días 23 de marzo y 8 de abril, está condicionada por distintos factores temporales. En primer lugar, la larga etapa, iniciada en el 2018, de Gobierno presidido por
Pedro Sánchez, que ha sido agitada, puesto que ha comportado alianzas con partidos nacionalistas que han permitido pacificar la situación derivada del procés , pero que han acarreado un desgaste complementario al propio de todo ejercicio del poder. En segundo lugar, la decepción producida por los casos de corrupción que han afectado a dos secretarios de organización consecutivos del
PSOE. En tercer lugar, la insomne labor de acoso a los socialistas en la que el
PP ha basado su oposición. Son tres factores cuya agregación difícilmente permitía esperar un resultado distinto del recogido por el sondeo.
Pedro Sánchez ha expresado siempre su deseo de agotar la legislatura, también su convicción de que los resultados en unas generales serían de distinto signo a los que venía cosechando en el ciclo electoral autonómico orquestado por Génova e iniciado en diciembre del 2025. Tanto en Extremadura como en Aragón y en Castilla y León el
PP fue el vencedor, aunque siempre sujeto al apoyo de
Vox. Los resultados previstos en las elecciones andaluzas de mayo podrían muy bien seguir el mismo patrón. Es decir, una derechización cuya intensidad depende en buena medida de las exigencias que los populares acepten de los ultraderechistas para que estos les permitan gobernar. Una derechización que, a la vista de los resultados de la encuesta que motiva estas líneas, va perfilando su correlato a escala estatal, por más que Sánchez confíe en lo contrario.
Vox doblaría el número de diputados y el
PSOE sería incapaz, en todo caso, de renovar su mayoríaLos datos de los que ahora disponemos dibujan un panorama muy sombrío para la izquierda.
Vox es el partido preferido por los votantes menores de 34 años y cuenta con una fidelidad de voto muy superior a la que tienen las demás formaciones, mientras que solo uno de cada cuatro votantes apuesta por la continuidad del actual Gobierno, y las formaciones a la izquierda del
PSOE se aferran a sus diferencias y pierden votos a chorro.Todo esto sucede en una escena global marcada por los desmanes de gobernantes populistas, encabezados por el presidente de EE.UU., que abocan a la inestabilidad política y económica global, impulsando guerras y recortando derechos. Países como Australia, Canadá o Dinamarca han reaccionado electoralmente ante esta deriva, respaldando opciones que combaten a los populistas. El propio
Pedro Sánchez ha levantado esa bandera, y por tanto la de la paz, ganándose el reconocimiento de la izquierda europea y el rechazo de Trump o Netanyahu. Sin embargo, el sondeo nos indica que esa línea no va a ser recompensada en España.