Hay que encontrar el punto entre cuidar y exigirnos que hace que las organizaciones puedan sobrevivir. Cuidar a las personas y a la vez ser conscientes que sin resultados ningún cuidado será sostenible. Los que solamente piensan en cuidar acaban confundiendo compasión con negligencia. Los que solamente piensan en exigir acaban confundiendo autoridad con sumisión. Una
Empresa es una comunidad, un sujeto colectivo. Hay que cuidar a las personas y hay que fomentar este compromiso de las personas que lleva implícita la exigencia. Nadie puede exigir sin autoexigirse. Es de primero de liderazgo.El decurso de una
Empresa tiene pocos llanos. Está hecho de etapas de montaña y de cambios de rasante. No hay pausas prolongadas. Por eso hay que cuidar a las personas, porque una
Empresa no es un balneario, y por ello es fundamental poner el umbral de esfuerzo y de compromiso en la intersección entre cuidar y exigirnos. El problema no es tanto el esfuerzo como el esfuerzo sin sentido y sin mesura. El problema no es tanto el esprint sino los que confunden esprints con maratones. Hay un punto de cordura. Seamos claros. Si la estrategia son las personas, hay que cuidar a las personas. Y a la vez, también ser claros en que trabajar implica esfuerzos con sentido. Hay que saber enlazar competitividad, esfuerzo y equilibrio. Cuando se pierde el equilibrio se pierde el sentido de las cosas. El absentismo es hoy una forma de desequilibrio que en algunas empresas compromete gravemente la competitividad y cercena el compromiso que una corporación requiere para defender su sostenibilidad. Ni modos de explotación extemporáneos ni indolencia sistémica.Punto medioUna
Empresa no es un balneario, y por ello es fundamental poner el umbral de esfuerzo y de compromiso en la intersección entre cuidar y exigirnosUna
Empresa debe tener exigencias compartidas y debe poder distinguir el grano de la paja en el cuidado de la gente. Humanismo sin buenismo. El humanismo es exigente porque sabe que mantener los equilibrios requiere empeño. El buenismo lo perdona todo, lo acepta todo, pero es incapaz de mantener los esfuerzos que permiten a una
Empresa competir y sobrevivir. Ni abuso ni absentismo. Y esto es especialmente importante en el nuevo contexto de inteligencia artificial. La capacidad de sustituir personas por
IA será alta. Estos días se habla de un gran avance de estas empresas nacidas de una o de muy pocas personas basadas en una
IA de agentes que sustituyen a centenares de personas. Mala noticia para el equilibrio social. Si los que deben garantizar el equilibrio social son algunos líderes de empresas tecnológicas que tienen más ego que tecnología estamos apañados. Necesitamos empresas que compitan con mucha tecnología y mucha gente. Y para ello hay que potenciar la capacidad de las personas de defender un perfil al que la
IA no pueda sustituir fácilmente. Lo más probable es que la
IA sustituya a aquellos que no aporten diferenciación y abunden en el mimetismo. Los militantes de la superficialidad y el bajo compromiso lo tendrán peor. Necesitamos perfiles capaces de pensar más allá de lo que la tecla de la
IA nos ofrecerá y de aportar más humanidad que lo que la
IA proveerá. Poner a la
IA a favor de las empresas para competir y a favor de la dignidad de los trabajadores es fundamental. No lo lograremos sin esfuerzo. Sin pasión y sin esfuerzo nunca pasó nada que valiera la pena. No habrá nada más fácil de sustituir que a un absentista, entendiendo por absentista aquel que sin tener una enfermedad seria o un problema serio que lo incapacite, opta por cualquier excusa para no ir a trabajar. Deberemos definir muy bien la ecuación cuidar y exigirnos en nuestra era de
IA.Recurso de
Empresa que usa la
IA en sus operaciones BCG / Europa PressLos perfiles que mejor competirán ante la inteligencia artificial serán aquellos que sepan observar (con ojos y con datos), que sepan pensar por cuenta propia, que sepan crear lógicas de convivencia positiva, que transmitan más sensación de nexo que de silo, que sepan tomar las decisiones que permitan concretar las cosas. La inteligencia artificial nos aportará grandes oportunidades y enormes toneladas de humo. Deberemos saber concretar nuevas oportunidades pensando en el cliente. Saber explorar caminos sensatos en medio de la humareda. Necesitamos esos perfiles que hacen que las cosas pasen y que pasen con sentido. Hay un triángulo que resolver y es el que conecta experiencia de cliente, experiencia de empleado e inteligencia artificial. Necesitamos perfiles capaces conectar bien estos puntos. Sin humo. Sin sofisticar. Desde la sencillez.PerflHay que potenciar la capacidad de las personas de defender un perfil al que la
IA no pueda sustituir fácilmenteSi no piensas, si no te concentras, eres superficial y gana la
IA. Si solamente mimetizas, si no creas diferencia más allá de los algoritmos, gana la
IA. Si no sabes que en los detalles está la gracia, si no entiendes que las vida está llena de contradicciones, de excepciones y de situaciones divergentes, gana la
IA. Si no entiendes los contextos con mucha empatía, gana la
IA. Hay muchas cosas en las que la inteligencia artificial no va a sustituir a las personas. Muchas y fundamentales. Para no ser fácilmente sustituido por la
IA, hace falta actitud y esfuerzo razonable. Un poco de sangre en las venas. No hay que confundir cuidado con comodidad.Las empresas que competirán bien en la era de la
IA son empresas entendidas como comunidades de trabajadores del pensamiento con alto sentido emprendedor, en las que el cliente está en el centro y la tecnología es un escenario imprescindible. Las empresas que competirán mal son aquellas llenas de trabajadores del mimetismo, con baja obsesión por los clientes y con alto índice de absentismo. Hay una responsabilidad colectiva, inexorable, en cuidar a la gente. Y hay una responsabilidad individual en exigirnos. Contribuir y recibir. No es sensato delegar en la
IA nuestros equilibrios sociales y profesionales. Lo sensato es usar la
IA para equilibrarnos y no para desmoronarnos. Cuidar a la gente porque una
Empresa es una comunidad. Exigirnos porque somos una comunidad. Tanto colectiva como individualmente hay que practicar el arte de cuidar y de exigir para dibujar trayectorias en las que reconocernos y crecer. Así de sencillo. Así de complejo.