España está revisando actualmente su marco regulatorio con el anteproyecto de Ley de los Medicamentos. ¿Cuál es, a su juicio, la principal oportunidad y el principal riesgo de esta reforma?Es una oportunidad para modernizar el sistema y adaptarlo a un contexto de rápida innovación biomédica. Bien orientada, puede mejorar el acceso a terapias innovadoras, reforzar la sostenibilidad y aportar mayor previsibilidad a los procesos de evaluación y financiación, clave para atraer inversión en I+D. El riesgo es que, sin un equilibrio adecuado entre sostenibilidad y acceso, se introduzca mayor incertidumbre o se retrase la incorporación de la innovación al
Sistema Nacional de Salud, afectando tanto a los pacientes como a la capacidad del país para atraer investigación y nuevas inversiones.
España lidera la
Unión Europea en ensayos clínicos, con 962 aprobados en 2024, pero sigue tardando más de 350 días en incorporar nuevos medicamentos al sistema. ¿Cómo se explica esta paradoja?
España ha construido un ecosistema de investigación clínica muy competitivo, gracias a sus profesionales, su red hospitalaria y un marco regulatorio ágil. Sin embargo, esta fortaleza no se traslada con la misma rapidez a la práctica asistencial, debido a los múltiples niveles de decisión y a criterios poco predecibles. El reto es conectar mejor ambas capacidades: aprovechar el liderazgo en ensayos clínicos para acelerar la toma de decisiones, incorporar modelos de evaluación más dinámicos y avanzar hacia esquemas de acceso más tempranos y basados en resultados. Solo así podremos garantizar que la innovación investigada en
España llegue antes a los pacientes.Los medicamentos son cada vez más sofisticados. ¿Cómo conjugar sostenibilidad e innovación?Esa sofisticación es una buena noticia. Estamos ante terapias más dirigidas, con mayor beneficio clínico y, en muchos casos, capaces de cambiar el curso de la enfermedad. Aportan un valor incuestionable para los pacientes, pero exigen evolucionar la gestión de los recursos sanitarios. La clave es hacer compatibles sostenibilidad e innovación con una visión de medio y largo plazo. Muchos tratamientos reducen costes asociados, como hospitalizaciones o complicaciones. Además, la inteligencia artificial puede mejorar la evaluación, anticipar qué pacientes se beneficiarán más, optimizar recursos y aprovechar los datos en vida real para decisiones más ágiles.“
Catalunya tiene una oportunidad única para consolidarse como uno de los grandes polos biofarmacéuticos de Europa”¿Se está midiendo correctamente el valor de un medicamento?Tradicionalmente, se ha medido de forma muy centrada en el coste directo, y ahí está el error. Una terapia innovadora es una inversión en salud y calidad de vida que también evita costes en otras áreas del sistema, como menos hospitalizaciones, o menos bajas laborales o bajas más cortas.
Catalunya se está consolidando como polo biofarmacéutico del sur de Europa. ¿Cómo se puede consolidar esa posición en el contexto europeo?
Catalunya ha construido un ecosistema biofarmacéutico muy sólido, basado en la colaboración entre administraciones, centros de investigación, hospitales y compañías. En este sentido, la estrategia farmacéutica entre la Generalitat y Farmaindustria es una muy buena noticia porque define una hoja de ruta clara centrada en mejorar el acceso a la innovación, reforzar la sostenibilidad del sistema, impulsar la I+D y acelerar la digitalización en salud. Este tipo de alianzas permite consolidar su posicionamiento como uno de los grandes polos biofarmacéuticos de Europa, alineando política sanitaria e industrial con visión de largo plazo.