John Neumeier (Milwaukee, 1939) es una figura capital de la historia de la danza. Junto con
Jiri Kylián o
William Forsythe, protagonizó, como director del
Ballet de Frankfort y luego del de
Hamburgo, la renovación dancística que la Europa post Mayo del 68 pedía a gritos. Ahora, desaparecidos dos de los decanos del ballet moderno -
Paul Taylor, en
Nueva York, y
Hans van Manen, en Ámsterdam-, él es el último de la generación nacida en los años treinta que defiende el bastión. Y sigue en activo. También al frente de su fundación y del
Ballet Nacional Juvenil de Alemania, una compañía de ocho bailarines que creó en 2011 con sede en el Ballettzentrum de
Hamburgo.Lee tambiénNeumeier, que no había regresado al Liceu desde 2008, cuando con el Ballet de
Hamburgo mostró su célebre Muerte en Venecia, ensayaba este sábado con la compañía en el coliseo lírico barcelonés otra de sus piezas icónicas: Nijinsky, una creación del año 2000 que supone un retrato de la vida, la genialidad y el descenso a la locura del legendario bailarín ruso de origen polaco
Vaslav Nijinski. Se verá del 12 al 15 de abril, con el inminente director musical del Gran Teatre, Jonathan Nott, debutando en este foso. Y con un barcelonés, Aleix Martínez, como bailarín protagonista en el segundo reparto. El primero lo lidera el ucraniano
Alexandr Trusch.¿Hay que haber vivido para abordar a Nijinski? Los coreógrafos siempre esperan a la madurez.Yo lo descubrí de niño por un libro que había en casa, La tragedia de Nijinski . Su persona nunca me abandonó. Hice una pieza breve para una gala y acabó llamándose Vaslav . En esta historia que sube al escenario del Liceu parto de su última actuación, el 1919, en un hotel de Saint Moritz, justo antes de que la esquizofrenia el apartara de la escena y de la danza. Y recreo en positivo sus años con los Ballets Russos y Diaghilev, sus trabajos en Le Carnaval o luego Le Spectre de la Rose, su esposa Romola. En la segunda parte aparece su locura y sus visiones de infancia y de la Gran Guerra, que a mi entender, es el detonante de su enfermedad.¿Sabe que Nijinski bailó en el Liceu en 1917? Diaghilev lo hacía vigilar porque temía que se quisiera fugar con su esposa, Romola.No, no lo sabía... ¿Aquí mismo?Neumeier da instrucciones a los bailarines del Hamburg Ballett tras el ensayo en el Liceu y bajo la atenta mirada de Aleix Martínez, a derecha (con bufanda negra)Joan Mateu ParraSí. Usted, como después
William Forsythe, es de los coreógrafos americanos que de jóvenes establecieron en Alemania. ¿Cómo era viajar al viejo continente para ahondar justamente en una de sus grandes tradiciones: el ballet?Era parte de lo mismo. Yo había venido para estudiar con un profesor extraordinario en Copenhague, pero no me había organizado bien y al final no pude entrar. Así que fui a Londres, que era esa otra cultura, aunque en realidad la misma. En el Royal Ballet les gusté, me querían para la compañía, pero por aquel entonces no había la posibilidad de contratar extranjeros en Gran Bretaña. Marcia Haydée lo lamentó, y me dijo que hablaría con George Balanchine. Pero mientras tanto me contrató John Cranko para su Ballet de Stuttgart. Resultó que Balanchine dijo que sí: me esperaba en el New York City Ballet. Y ya sé que podría haber roto ese contrato con el Stuttgart, pero por alguna razón sentí que no quería volver, quería quedarme aquí.En el árbol genealógico de los estilos de la danza del siglo XX, ¿siente que procedería de la rama Cranko?No. John Cranko había desarrollado un gran trabajo en lo que es el pas de deux, pero mi manera de entender la danza es con los cuerpos en movimiento. Me siento más en la línea de Sybil Shearer o Jerome Robbins que de Cranko.Usted transita del vocabulario neoclásico al contemporáneo de manera muy orgánica...Sí. Hay quien considera que ve danza contemporánea si hay bailarines con calcetines deslizando los pies por el suelo. Es una broma, claro... Pero si lo llamamos contemporáneo es porque se trata de todo aquello que estamos haciendo en nuestro tiempo.Ballet de HamburgoUna compañía sin timón estableJohn Neumeier pasó 51 años como director artístico del Ballet de
Hamburgo, hasta que en 2024 fue relevado, ya con 85, por el argentino Demis Volpi, que duró meses. El equipo directivo y cinco solistas estrella amenazaron con dimitir si se le mantenía en el cargo. Hubo quejas por su falta de liderazgo y expertise, falta de confianza hacia sus empleados y ambiente tóxico. Además, quería dar carpetazo a los trabajos de Neumeier. Ahora Lloyd Riggins es el director artístico interino hasta que acabe la temporada 2026-27. Y a parte del repertorio de Neumeier, ha llevado nuevas producciones a escena.¿Cree que ha ido cambiando su idea de belleza con el paso de los años?No sabría decir, pero creo que no. No puedo creer que hayan pasado ya 26 años desde que creé Nijinksy. Pero cada vez que vuelvo a un trabajo lo observo como algo que me ha de resultar creíble a mí en este momento del presente. Si a mí no me llega, difícilmente llegará al público.Hay una nueva ola de creadores de la danza consideran que la zapatilla de punta ha perdido el sentido en el segundo cuarto de siglo XXI.Eso depende de cuán amplio sea el rango de tu vocabulario. Porque en mi caso, puede suceder que para decir 'A' en mi creación coreográfica, lo suyo sea que el pie se eleve sobre su punta. El trabajo de base del ballet clásico sigue siendo el que te permite un mayor rango de movimientos. Y para mí, como decía, la danza es eminentemente el cuerpo en movimiento.El hip-hop ya ha entrado en los teatros de ópera. ¿Qué opina?Martha Graham decía que no hay estilos buenos o malos; se trata de la calidad e idoneidad con que se utilizan.Entre sus reconocimientos está el de la Orden de la Amistad de la Federación Rusa. ¿El ballet, como la música clásica, debería actuar como un puente entre Rusia y Europa?Es que los puentes no se rompen y se reconstruyen: los puentes están. Esta relación ha sido siempre muy cercana. Lo que me resulta insoportable es que haya líderes que se atrevan a decir que aniquilarán una civilización [se le humedecen los ojos].Es redactora de La Vanguardia desde 1989, responsable en los últimos años de las áreas de ópera, danza y música clásica para la sección de Cultura. Anteriormente se especializó en temas de igualdad entre sexos y solidaridad. Ha publicado series sobre la prostitución y la evolución de las costumbres sexuales. Nacida en 1967 en Tortosa, en la comarca del Baix Ebre, es licenciada en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona y en fotoperiodismo por el International Center of Photography de
Nueva York