Elma Correa (
Mexicali, 1980), profesora de la
Universidad Autónoma de Baja California, es autora de libros de relatos como Que parezca un accidente (2018), Mentiras que no te conté (2021), La simple (2023) y La novia del león (2024), de la novela Llorar de fiesta (2022), y, ahora, de Donde termina el verano . Como en las dos ciudades,
Londres y
París, del A Tale of Two Cities ,de
Charles Dickens, el libro se ambienta en dos ciudades, la
Mexicali de Aimé y el
Monterrey de
Elisa, dos amigas de las que se nos relatan sus encuentros y desencuentros. Descubren el baldío del barrio, y allí serás testigos de la desaparición de Rosario, la niña más pobre de la escuela, a la que todos evitan. Una mañana, en el suelo de la clase aparece una alcancía destrozada. Aimé dice que fue Rosario, cuando fue
Elisa la que tomó el dinero para comprarse unas zapatillas de tenis como las de las
Spice Girls, una obsesión infantil de la que se avergonzaron como se avergonzó mi hijo por haberme arrastrado a verlas actuar en
Londres. De la desaparición acusaron a los gitanos, a los que acusaban del robo de niños que ocurría en todo el país. Hasta que entra en escena el pastor evangelista
Graham, quien rondaba las paradas de autobús “¿buscado qué?”El campamento de gitanos y la desaparición de los niños por los robachicos o el hombre del saco –aunque el pastor
Graham no lleva un saco sino una camioneta blanca en la que se llevará a Rosario– son dos de los grandes centros de la novela. Lo es la época en la que se desarrollan los acontecimientos. La guerra contra el narco y la delincuencia organizada estaban en su apogeo.
Elisa “recordaba el 2010 y el 2011 como los años más terribles”, “esos tiempos en los que
Los Zeta tomaron la ciudad y su conflicto con el Cártel del Golfo arrasaba con la población”.⁄ Una gran intensidad emocional recorre el texto: la agitación de los personajes contrasta con descripciones minuciosasEl otro gran centro es la relación entre las dos amigas, que es “como tener una hermana, pero una que te agrada porque no es de la familia”.
Elisa estaba hecha para triunfar. Ha ganado numerosos campeonatos de atletismo y como premio le dan una beca para estudiar en
Monterrey. Ella había nacido para ganar y Aimé para ser espectadora. Les unían pequeños episodios, esos episodios que salpican y dan vida a la novela. “Y, lo más importante, les unía el secreto de Rosario, lo que había pasado la noche de su desaparición”.Se van acumulando los acontecimientos que las distancian y les llevan a conocer el dolor de la soledad. Aimé forja una relación con Aurel, un chico gitano, que “se había convertido en una especie de sucedáneo de
Elisa”. Cuando
Elisa se entera de que Rosario está viva, “una grieta se abrió paso desde el fondo de la tierra, la corteza se removió y un maremoto de magma se tragó todo lo vivo en el espíritu de
Elisa”. Esta intensidad emocional acompaña a los personajes. Y así, cuando Aimé la ve separarse, para
Elisa “era la amistad la que hacía más llevaderos los altibajos de la existencia. Una persona sin amigos nunca estaría completa.
Elisa solo fue una persona real mientras tuvo una amiga de verdad”.Dos episodios reflejan esta lucha contra las adversidades, que es como decir contra la realidad: el triunfo de
Elisa en las jornadas de atletismo y la preparación de la fiesta para celebrar la victoria. La realidad se impondrá en su contra con la lesión de la atleta y la cancelación de la fiesta.La novela se lee con creciente interés. La agitación de los personajes contrasta con las minuciosas descripciones, como dos realidades que conviven. Hay escenas impactantes y una viva sensación de entrar en un nuevo territorio narrativo.
Elma Correa Donde termina el verano Seix Barral Premio Biblioteca Breve 2026 304 páginas 20,90 euros