A estas alturas de la gira de
Rosalía, ya está claro que uno de los momentos más esperados, paradójicos (todo el mundo sabe que va a llegar pero nadie sabe exactamente cómo va a llegar) y, por supuesto, grabados del Lux Tour es el del confesionario, cuando una persona con cierto grado de fama –desde la creadora de contenido
Soy una Pringada hasta
Aitana Ocaña– sube al escenario a despotricar contra su ex, al que después se le dedica La perla. La tendencia es ya es casi obligatoria en las giras multitudinarias: añadir un cameo de otro famoso, que está ahí en calidad de fan vip, y conseguir así un clip viralizable cada noche. Lo está haciendo también
Lily Allen en su West End Tour, que en cada concierto tiene una Madeline que aparece justo en esa canción, también dedicada a su ex, y lleva más de un año con Role Model, que en cada show tiene a su Sally, alguien que sube a bailar su mayor hit, que se titula así.
Dakota Johnson fue la primera Madeline, y
Natalie Portman y
Kate Hudson han sido Sallys. Antes estuvo
Sabrina Carpenter, que en cada una de sus actuaciones “arresta” a un famoso por ser demasiado guapo y
Charli XCX, que tuvo a cantantes, actores, modelos e influencers haciendo la coreografía de su canción Apple en la fila cero de sus shows.
DDR Museum, BerlínQUIÉN NO QUIERE UN SALONCITO DE LA RDAEl Museo de la RDA en Berlín, un centro interactivo diseñado para que los visitantes puedan hacerse a una idea de lo que era vivir en la Alemania comunista, desde ser espiado por la Stasi hasta conducir un Trabi, vivió hace unos días un curioso momento de popularidad en redes. Una cuenta de X llamada East German Visuals colgó una foto del saloncito que tienen montado en el museo para representar cómo era un piso común, concedido por el estado, en la Alemania del Este y lo que ocurrió es que miles de usuarios lo encontraron… monísimo y muy deseable. En lugar de anticuado y opresivo, como se supone que hay que verlo. Los factores que contribuyen a esa apreciación colectiva son fáciles de entender. Para empezar, la crisis de la vivienda. Cualquier piso es mejor que ningún piso. Después, claro, el hecho de que la foto esté bien iluminada y que los muebles de contrachapado de madera, como una derivación un tanto rústica del midcentury modern que dominó el estilo aspiracional la década pasada, aparecen como perfectamente deseables al ojo moderno.Chantal AkermanArchivoROBAR POR EL CINEChantal Akerman, la cineasta y autora de la que, a veces, se considera la mejor película de la historia del cine, Jeanne Dielman, 23 Quai du Commerce, 1080 Bruxelles, empezó su carrera en el cine autofinanciándose de maneras ocurrentes. Durante un tiempo trabajó como cajera en un cine porno y perfeccionó un sistema para robar a los dueños la mitad de la recaudación de cada pase, partiendo cada entrada por la mitad. Seguro que Akerman sabía que su ídolo, Jean Luc Godard, también había robado para financiar sus primeras películas. Claro que siendo vástago de una familia de banqueros e intelectuales, era otro tipo de robos. Rechazado por la escuela de cine, el joven Godard pasaba el día viendo películas en la Cinémathèque y hurtando en casa de su abuelo, que era testaferro de Paul Valéry y conservaba muchas primeras ediciones del poeta. Algunos biógrafos han publicado que llegó a robarle un renoir al mismo abuelo y que tenía la mano larga en todos sus empleos. Se dice que se llevó dinero de una cadena de televisión suiza en la que tuvo un empleo temporal y que metió la mano en la maltrecha caja de Cahiers du cinéma.Editorial RenacimientoERNESTINA GONZÁLEZ FLEISCHMAN, BIBLIOTECARIA Y ANTIFRANQUISTALa bibliotecaria, periodista y activista Ernestina González (1896-1976) tuvo una vida de novela, atravesada por la lucha antifascista, de la que no se sabía casi nada hasta ahora. La profesora de Literatura Española en la Universidad de Connecticut Ana María Díaz Marcos ha estado investigando sobre la figura de González, en parte gracias al acceso a unos archivos desclasificados del FBI, y ha escrito su biografía, que publica Renacimiento, titulada Ernestina González. Un pulso antifranquista. Nacida en Medina de Pomar (Burgos), González vivía de estudiante en la Residencia de Señoritas y formaba parte de la Orden de Toledo liderada por Buñuel que se escapaba a la ciudad castellana los fines de semana a liarla. En Estados Unidos, adónde acudió a trabajar como lectora, conoció su marido, Leo Fleischman, que se acabó alistando como voluntario en el ejército republicano y muriendo por la explosión de una mina. De vuelta a Estados Unidos, González lideraba mítines antifranquistas en Nueva York y se negó a ofrecer al comité liderado por McCarthy, que la espió durante años, lo que la llevó a exiliarse a México. La vida le concedió el consuelo de sobrevivir a Franco durante unos meses: murió en mayo de 1976, ya de vuelta en Madrid.