Actualizado Domingo, 12 abril 2026 - 16:52A la Par�s-Roubaix, la prueba m�s �nica y espectacular del ciclismo mundial, el verdadero Monumento de la emoci�n, se le podr�a aplicar aquello que dijo Churchill de Rusia: "Es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma". En la pregonanda batalla entre
Tadej Pogacar y
Mathieu Van der Poel se col�
Wout Van Aert, heroico, premio a un tiempo de infortunios que hicieron dudar a todos menos a �l. Sorte� desventuras y aguant� en la agon�a �pica del mano a mano la pujanza, la obsesi�n de Pogacar. Y en el golpe de velocidad del vel�dromo impuso su potencia de sprinter para la victoria de una vida. Para saber m�sLlor� Van Aert, c�mo no. El segundo Monumento de su carrera (tras
San Remo en 2020). Se�al� al cielo, el triunfo de quien nunca se dio por vencido, de un tipo que honra su deporte. Tantas veces cerca, no s�lo en Roubaix (cuarto el a�o pasado, tercero en 2023 y segundo en 2022). Fue �l, nunca cobarde, el que propici� el viaje en solitario con Pogacar, a pesar de lo peligrosa que era la apuesta. Aguant� las embestidas del esloveno mientras les persegu�an por detr�s, distancias siempre intrigantes que nunca llegaron al minuto. Colabor� con inteligencia cuando toc� y le sali� redondo al belga, otro ciclista de leyenda. Una victoria que quiebra la racha de su N�mesis Van der Poel, que impide la cuarta seguida de su rival desde la ni�ez. Y, m�s importante, que vuelve a apartar de la gloria eterna a Pogacar, segundo otra vez. Le impide completar el quinteto de Monumentos, igualar a
Eddy Merckx,
Roger de Vlaeminck y
Rick van Looy. Conquist� al fin
San Remo, pero Roubaix, su �nico 'imposible', tendr� que esperar.El Infierno del Norte es una amalgama de malabarismos, de control de las emociones, de las malas pasadas que juegan los nervios cuando todo se desmorona. Y todo se desmorona, a todos, todo el rato. Quiz�, incluso, en m�s de una ocasi�n. Camino del vel�dromo Andr� Petreux de Roubaix, todav�a con 120 kil�metros por delante, el primero en lidiar con las trampas que esconden los adoquines fue
Tadej Pogacar. Un pinchazo en Qu�r�naing a
Maing cuando el propio UAE empezaba a tensar al pelot�n. El esloveno, que acudi� en diciembre y en marzo a la zona para seguir estudiando el terreno y perfeccionando su t�cnica en lo que iba a ser su segunda tentativa en la reina de las cl�sicas, no entra en p�nico. Tan clave como la fuerza en esta gymkhana sin igual. Agarra la bicicleta neutra y avanza unos kil�metros mientras la carrera se le va por delante. En el siguiente tramo, adoqu�n seco y polvoriento,
Maing a Monchaux-sur-Ecaillon, ya llega el coche de su equipo y vuelve a agarrar su Colnago, con calma relativa -"Eh, moto", grita-, con los favoritos 50 segundos por delante. Pogacar, en el momento del cambio de bicicleta.ETIENNE GARNIERAFPPogacar salvado, reincorporado por sus compa�eros, por el enorme Politt, por el esforzado Morgado, ahora es el turno de Van der Poel. Nada menos que en el m�tico Bosque de Arenberg, es el neerland�s el que pincha. Y a �l s�, al rey del adoqu�n, la tensi�n le juega una mala pasada en esas decisiones a tomar en segundos y con las pulsaciones disparadas. Su compa�ero Jasper Philipsen le cede su montura, pero el invento no funciona, pedales diferentes y vuelta a empezar. Segundos que son oro en medio del caos. Entonces es Tibor del Grosso es que cambia su rueda por la de su l�der, pero ya se escapa la cabeza, casi dos minutos cuando vuelve a cambiar de bici al final del tramo. Pele� hasta el final (acab� cuarto), pero en ese instante se le estaban escapando todas las opciones de hacer historia al nieto de Poulidor.Todo se ordena y se desordena una y otra vez. Ganna, Van Aert e incluso otra vez Pogacar, vuelven a tener problemas mec�nicos. Van der Poel inicia un tit�nico trabajo de remontada. De grupo en grupo hasta que conecta con Ganna y se sienten aliados en el infortunio. Por delante, es Van Aert el que intuye la oportunidad de su vida. En Auchy-lez-Orchies Bers�e lanza su �rdago y le sale redondo. S�lo Pogacar es capaz de seguirle. Y juntos avanzan como malabaristas sosteniendo en el aire un pu�ado de platillos giratorios. "Prefiero ganar mi primera Roubaix a mi quinto Tour", hab�a reconocido Pogacar este invierno. Y lo pele� con todas sus fuerzas, con toda su inteligencia. Pero a la segunda tampoco lo logr�. Porque un tit�n supo bailar sobre los adoquines mejor incluso que �l.