En los procesos de ruptura de las parejas hay a menudo una etapa de indefinición entre el momento en que uno de los dos toma la decisión de separarse, o actúa abiertamente como si ya se hubiera separado, y el día en que la convivencia cesa definitivamente. Es una etapa que puede alargarse. Ambas partes son conscientes –no siempre en el mismo grado– de que la situación ya no se puede sostener, pero no acaban de tomar las medidas necesarias para que la ruptura sea efectiva, porque esto implica ocuparse de un montón de cuestiones enojosas. Una cosa es dormir de vez en cuando fuera de casa y otra buscar piso, trasladar los efectos personales y separar la cuenta de Netflix. Alex Brandon / APLa OTAN ha entrado en esta fase. Donald Trump ha manifestado en varias ocasiones la insatisfacción con la Alianza y ha expresado en términos claros su voluntad de abandonarla. Además, hace tiempo que pone en duda el compromiso de Estados Unidos de defender a los aliados europeos en caso de un ataque exterior. Al principio, estas declaraciones fueron recibidas con escepticismo, porque no encajan con la línea seguida por la política exterior estadounidense desde hace ochenta años y porque Trump no cesa de decir una cosa y la contraria. Pero su insistencia ha dinamitado la confianza entre ambos lados del Atlántico.Poco a poco, los líderes europeos están llegando a la conclusión de que ya no podemos depender de EE.UU. ¿Cómo mantener una alianza militar con un país que no solo dice que si nos atacan no sabe si nos ayudará, sino que emprende guerras ilegales, que se enfada con los aliados porque no aceptamos participar en ellas cuando la cosa se le pone fea –pese a que están fuera de la zona de la OTAN y nunca nos consultó antes de empezarlas– y que amenaza con intentar apoderarse de Groenlandia?Los valores de los dirigentes estadounidenses no son los nuestros. La guerra iguala a los enemigos. Cuando Trump dice que reducirá Irán a la edad de piedra, quien está retrocediendo a la edad de piedra es él. Hace dos semanas, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, que se declara nacionalista cristiano, convocó una sesión de oración en el Pentágono con el fin de rezar a Jesucristo todopoderoso para que las tropas estadounidenses pudieran destruir con una violencia devastadora a “aquellos que no merecen piedad”. ¿Cómo podemos ser aliados de un país que tiene de ministro de Defensa a un personaje semejante?Dicen que la guerra es el instrumento que Dios tiene para enseñar geografía a los estadounidenses. Ahora Trump ya sabe dónde está el estrecho de Ormuz, para su desgracia (y la de todos nosotros). Metió a su país en una guerra innecesaria, empujado por Israel, y ahora está empantanado en una tregua que es un retroceso claro respecto a los términos de partida. Por el camino, ha tildado a los países europeos de cobardes y ha dicho que si necesitamos petróleo y el estrecho de Ormuz está bloqueado, ya nos las apañaremos. ¿Cómo pueden los países de la UE ser aliados militares de un país dirigido por un presidente como él?La seguridad europea está en manos de una Alianza en la que ya no podemos confiarSin embargo, una cosa es llegar a la conclusión de que la OTAN ya no es una alianza fiable y otra tomar las decisiones necesarias para garantizar la defensa europea a partir de ahora. Si EE.UU. se retira de la Alianza, como sugiere Trump, los demás miembros estaremos obligados a refundarla y empezar de nuevo sin él. Pero es muy improbable que lo haga. La decisión del presidente no es suficiente: se necesita la aprobación del Senado por dos tercios de los votos, una mayoría muy difícil de conseguir.Esto quizá haga que algunos países miembros prefieran esperar a las próximas elecciones estadounidenses, con la esperanza de que el sucesor de Trump cambie de opinión, sobre todo si es demócrata. Renunciar a la Alianza es muy difícil. Los militares europeos están formateados para interactuar con los estadounidenses. Son muchas décadas de trabajar juntos. Pero esperar cruzados de brazos, a remolque de los acontecimientos, no nos conviene. Podemos perder unos años muy valiosos, con riesgo de quedarnos con una Alianza que solo sea válida cuando la Casa Blanca esté ocupada por un presidente del Partido Demócrata.La mejor solución es ponernos a trabajar de inmediato para construir una verdadera defensa europea, con el fin de no depender de los cambios de humor de Donald Trump, sin renunciar de inmediato a la cobertura estadounidense. No es un objetivo fácil. Los líderes que tenemos, con Ursula von der Leyen a la cabeza, no han demostrado hasta ahora la estatura necesaria. Y con las elecciones presidenciales francesas a la vuelta de la esquina, el eje franco-alemán tampoco tiene fuerza para impulsar un proyecto de esta envergadura.Pero no nos queda más remedio que hacerlo. La seguridad europea está en manos de una Alianza en la que ya no podemos confiar. Debemos asumirlo. La prudencia aconseja no darla por muerta –públicamente– hasta que no tengamos todas las capacidades que necesitamos para sustituirla. Pero la prudencia no debe enmascarar la inacción.La próxima semana se reúne el Consejo Europeo. Toca tomar decisiones. Todo va muy rápido y no tenemos décadas para tomarlas. Mientras no actuemos, estaremos a la intemperie.