Un dolor de cabeza persistente hizo creer durante mucho tiempo a
Will Rees (
Newport, Reino Unido, 1989) que iba a morir. Estudiaba por entonces filosofía y no tenía siquiera la certeza de si podría terminar la carrera. Lo pasó mal no, lo siguiente, y durante ese periodo se realizó todo tipo de pruebas, convirtiendo el hospital en su segunda casa. Conclusión: Era hipocondríaco. Todavía hoy este editor no puede creer cómo pudo vivir asediado durante tanto tiempo por enfermedades ficticias, de ahí que decidiera documentarse más al respecto. De dicha investigación nace Hipocondría, su primer libro, que en
España acaba de publicar
Alpha Decay.- No hay demasiados libros dedicados a la hipocondría. ¿Es un tabú tanto en la medicina como en la sociedad moderna?Tanto como tabú no sé, pero no es algo que a la gente le guste reconocer. Y sí, a pesar de ser un fenómeno muy común, no mucha gente ha escrito al respecto.- ¿Qué le animó a hacerlo usted?Mi propia experiencia con la ansiedad relacionada con la salud me condujo al tema. Quería escribir algo así como el libro definitivo. Llegué incluso a empezar un doctorado con esta intención, pero pronto me di cuenta de que el enfoque académico me impedía abordar algunos de los aspectos que más me interesaban de la experiencia contemporánea.- ¿Cuáles?La incertidumbre y la duda que todavía hoy existe, a mi parecer, de forma muy radical. Si escribía un ensayo académico, había el riesgo de estar demasiado seguro de esta incertidumbre. No quería sonar omnisciente, sino cercano. Pasaron más de cinco años hasta que llegué a esta conclusión. Mientras, investigué sobre esta afección que abarca más de dos mil quinientos años y que pasó de ser una dolencia abdominal a una mental.- ¿Le resultó difícil equilibrar rigor y narrativa?Fue uno de los retos de la escritura. Ya había realizado mucha investigación académica y también había escrito para una revista literaria británica sobre mis propias experiencias. Al empezar Hipocondría, tuve que encontrar una voz que pudiera unir ambas como dos maneras distintas, aunque superpuestas, de investigar el tema. Mientras escribía, cuestionaba constantemente el uso de anécdotas personales. Nunca quise dar por sentado que algo sería interesante para un lector simplemente porque me había sucedido a mí.- Pero ha resultado serlo.Algunas personas han llegado a contactarme y, aunque soy reacio a dar consejos, —no hay ninguno en el libro—, no me resulta indiferente la idea de que este libro pueda ser útil para alguien.- ¿Cree que vivimos en una época más propensa a la hipocondría?La hipocondría es, sin duda, una condición propia de la modernidad, ya que requiere una población alfabetizada y una amplia difusión del conocimiento sobre las enfermedades. Es evidente que internet pone el conocimiento médico al alcance de la mano y, durante los últimos 25 años, los médicos han estado hablando del auge de la cibercondría.- Habla en su libro de que se están creando sociedades con ansiedad mórbida.Sí, tras la aparición desde el siglo XVIII de un género de libros de divulgación médica dirigidos al público general. Lo que me resulta fascinante es saber qué es lo que ha hecho que vayamos a más (exageradamente más) en este último siglo. A partir de la década de 1920, las autoridades médicas utilizaron las herramientas de la industria publicitaria para dar a conocer los riesgos para la salud. A partir del año 2000, surgieron sitios web como WebMD y Healthline, empresas multimillonarias gracias a los ingresos publicitarios, que, en la práctica, publicitan los riesgos para la salud como una forma de vender productos de consumo.- La hipocondría se ha monetizado.Efectivamente porque los hipocondríacos representan claramente un mercado potencial considerable, que vale la pena cultivar y desarrollar.- ¿Ha aumentado significativamente esta ansiedad tras la pandemia?En los primeros años posteriores a la pandemia, algunas estadísticas, incluidas las de la OMS, sugerían que sí, aunque está por ver si se mantendrá elevada. Lo que sí comprobamos son dos cosas: que en una era de crisis climática como la actual hay mayor riesgo de enfermedades zoonóticas; y que tenemos sistemas políticos incapaces de abordar algo así de manera eficaz y equitativa. Un cóctel que nos hace más hipocondríacos. La pregunta es: ¿en qué momento la preocupación racional, incluso la responsable, se convierte en miedo patológico?- ¿Lo sabe usted? ¿Lo supo Freud después de tanto investigar esta afección?No creo que lo sepa nadie.- ¿En qué está trabajando ahora? ¿Le gustaría seguir explorando temas relacionados con la mente y la salud?Posiblemente en algún momento. De momento, me he pasado a la ficción.Lara Gómez (Barcelona, 1993) es licenciada en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y está especializada en cultura y género. Aunque lo intentó, nunca llegó a aprender alemán. Su gran pasión es escribir, por lo que todo aquello que ve es material sensible para transformarse en un pequeño relato o en un guion. Sueña con cubrir los Oscars in situ.