Los últimos movimientos y declaraciones de
Donald Trump en el escenario internacional, amenazando con “borrar la civilización de Irán” y más recientemente con bloquear el estrecho de Ormuz, han planteado la posibilidad desde el sector demócrata de Estados Unidos de utilizar la enmienda 25 de la Constitución para intentar destituirlo del cargo. Esta enmienda tiene como objetivo aclarar el proceso de sucesión presidencial en caso de que quien ocupa el cargo renuncie, muera o sufra una incapacidad temporal. En resumen, cuando la persona ya no es apta para desempeñar el puesto de presidente. Este apartado de la Constitución fue ratificado en el 1967, tras el asesinato de Kennedy y su sucesión por Johnson –que había sufrido un infarto–, así como por la revelación tardía de los problemas de salud de Eisenhower.¿Existe algún precedente?La enmienda solo se ha invocado para cesiones temporales de poderEn concreto, la enmienda solo se ha invocado de manera parcial, es decir, mediante la Sección 3, que trata los casos en los que el presidente no puede desempeñar sus funciones, cuando sabían que estarían incapacitados por procedimientos médicos. Por ejemplo, en 2021, cuando el entonces presidente
Joe Biden se sometió a una colonoscopia.Sin embargo, la Sección 4, que contempla la destitución involuntaria de un presidente, nunca se ha utilizado. Esta sección permite que el vicepresidente y la mayoría del gabinete presidencial, o bien el vicepresidente junto con la mayoría de otro órgano designado por el Congreso, declaren que el presidente no puede ejercer sus funciones.No obstante, si el presidente impugna esa decisión, el Congreso debe reunirse en un plazo de 48 horas y se requieren mayorías de dos tercios en el Senado y en la Cámara de Representantes para confirmar la incapacidad. De lo contrario, el presidente retomaría sus funciones.¿Se ha intentado antes?Las peticiones de los demócratas para apartar a Trump de la presidencia nunca han prosperadoEn este sentido, sí hay precedentes de que se haya solicitado utilizar la enmienda, nuevamente con
Donald Trump como objetivo. Algunos demócratas, entre ellos el líder de la mayoría demócrata en el Senado,
Chuck Schumer, y la entonces presidenta de la Cámara de Representantes,
Nancy Pelosi, pidieron al entonces vicepresidente
Mike Pence que invocara la enmienda 25 tras el asalto al Capitolio del 6 de enero del 2021.Sin embargo, las peticiones nunca prosperaron, como tampoco lo hicieron los dos juicios políticos en la Cámara de Representantes para juzgar al republicano por cargos relacionados con la retención indebida de ayuda a Ucrania y por dicho asalto a las instituciones públicas, ya que no hubo suficientes senadores republicanos dispuestos a respaldar las acusaciones para alcanzar la mayoría necesaria para condenarlo. ¿Cuál es el riesgo político?Se necesita el apoyo de los republicanos, pero el 82% está satisfecho con la presidencia de TrumpSegún Scott Anderson, investigador principal en la Brookings Institution y entrevistado por Reuters, el uso de la enmienda 25, como en el caso de los juicios políticos, fracasaría sin una deserción masiva de republicanos, ya que requeriría el apoyo de dos tercios en ambas cámaras del Congreso. Bajo la mayoría republicana tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes, la aplicación de la enmienda es a día de hoy políticamente inviable. A pesar de la caída de su aprobación general, alrededor del 82% de los republicanos están satisfechos con su presidencia.Por el momento, los legisladores demócratas han intentado centrarse en políticas públicas en lugar de presentarse principalmente como oposición a Trump, en un intento por recuperar el control de la Cámara y el Senado en las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Por su parte, el presidente de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Mike Johnson, aliado cercano de Trump, criticó a los demócratas por su “odio irracional hacia el presidente Trump”, alegando que el partido no tiene “mensaje, ni visión, ni liderazgo, y no ofrecen nada al pueblo estadounidense”.