Cuando tenía 15 años, el niño
Rory McIlroy decidió que no quería ir al colegio. Sus padres siempre apoyaron su determinación por el golf, hasta límites difíciles de entender para la mayoría de la población. Le llevaban al campo por la mañana a primera hora y le recogían por la noche. Llegaba a jugar más de 50 hoyos al día. Aquel niño pronto destacó profesionalmente. Incluso filmó un comercial con
Tiger Woods, casi un adolescente, bendecido ya como su heredero natural. Empezó a ganar, a convertirse en leyenda. Como leyenda se hizo que el Masters se le resistiera una y otra vez. En 2011 falló aquel maldito último putt que convirtió la elusiva victoria en un martirio y maldición. El último castillo por conquistar. Era tradición entre la prensa preguntar al jugador norirlandés en cada edición qué faltaba para esa última pieza del Gran Slam al que solo cinco jugadores habían accedido en toda la historia. El pasado año, McIlroy quebró ese destino que le atormentaba cada temporada. Su madre reconoció que lloró durante casi tres horas tras la victoria. Liberado de la presión, con su Grand Slam en el bolsillo, el hijo quiso que sus padres, Rosie y Gerry, estuvieran presentes en este Master. “Quería demostrar que la primera no fue casualidad”. Tras una espectacular y agónica travesía durante estos años, McIlroy logró la segunda victoria. Desde la primera edición del Masters en 1934, solo
Tiger Woods (2001/02),
Nick Faldo (1989/90) y
Jack Nicklaus (1965/66) han conseguido triunfos consecutivos . “El año pasado no estuvieron aquí para celebrarlo. Sorprendentemente, tuve que convencerles para que vinieran este año, porque pensaban que la razón para que ganara es que ellos no estaban aquí”, les dedicaba emocionado a sus padres en el discurso de la victoria. McIlroy, tras el putt de la victoria, una escena muy diferente a 2025 (EFE EPA ERIK S. LESSER) Agresividad desde el 'tee' del uno Uno de los grandes alicientes de este reciente Master flotaba sobre el jugador norirlandés. ¿Cómo afrontaría esta edición sin la omnipresente presión del fracaso? La an away win en la pasada Ryder Cup le proporcionó otra dimensión si de presión se trataba. “La clave es ganar dos años seguidos, y creo que Rory es el único que tiene posibilidades de lograrlo este año”. Tras la salida del tee honorífico,
Jack Nicklaus avanzó uno de los grandes alicientes de la reciente edición. El norirlandés competía por primera vez en Augusta National sin esa eterna y asfixiante presión a sus espaldas. “Rory tiene talento de sobra, ahora que se ha quitado ese peso de encima, creo que tiene muchas posibilidades de repetir la hazaña”, auguraba el Oso Dorado. Durante todos estos años, McIlroy había probado todo tipo de rutinas antes de afrontar el torneo, así como múltiples estrategias de juego y mentales en calles y greens. Liberado en 2026, como reconocía antes de empezar, atacó la primera jornada con ese lujo que años atrás no se permitía: la agresividad desde el tee de salida, con verdaderas salvas de cañón acompañadas luego con varios birdies. Y si fallaba la calle por esa confianza inicial, relucía el juego corto de aproximación como gran baza. Lo había preparado a conciencia en las semanas previas. Cinco bajo par, empatado con Sam Burns al terminar el primer día. Prometedor. pic.twitter.com/wMIzVYCqgW — The Masters (@TheMasters) April 13, 2026 La trituradora y el McIlroy del pasado En la segunda jornada llegó la temida apisonadora, la certificación provisional de un jugador liberado que iba camino de hacer trizas a sus rivales y a un campo tan hermoso como lleno de traiciones a la confianza. Que les preguntarán a Bryson DeChambeau y a John Rahm ya en la primera jornada , las estrellas del LIV descartadas. McIlroy firmó 65 golpes y un 12 bajo par que dejaba atónitos a todos, con seis birdies en los últimos siete hoyos . No cogía muchas calles, pero hasta el green era un dechado de virtudes y recursos. Se le escapó algún putt cantado; el escándalo pudo ser incluso mayor: nadie en la historia del Master terminaba la segunda jornada con seis golpes de ventaja sobre el segundo clasificado. Entonces, llegó el McIlroy del pasado en la tercera. Lo que se antojaba un paseo hasta el 18 de la última jornada se convirtió en otra prueba mental para el norirlandés, esa montaña rusa mental y de juego tantas veces experimentada en las 17 ediciones anteriores. Acumulaba uno de los peores porcentajes entre todos los jugadores del torneo en pillar calle , con salidas en todas direcciones menos hacia donde era necesario. Perdió toda la ventaja. Harry Diamond walked alongside
Rory McIlroy as the duo won their second
Masters Tournament. Kevin Van Valkenburg of The Fried Egg covers the two friends’ relationship. https://t.co/Tg4uDLLgjN — The Masters (@TheMasters) April 13, 2026
Rory McIlroy y Cameron Young terminaron empatados, con tarjetas de 73 y 65 respectivamente. Una verdadera hecatombe en el paraíso. Aún peor, con una jauría de rivales en el cogote que anticipaban un domingo apoteósico. Sam Burns , a solo un golpe por detrás; Shane Lowry, a dos, Jason Day y Justin Rose a 3. A 4, el número uno del mundo, Scottie Scheffler … ¿Qué McIlroy se desplegaría el domingo? Tras perder semejante ventaja, la prensa tendría listo el discurso recurrente si no ganaba: ahora Augusta se iba a cebar de nuevo con el norirlandés para ajustarle cuentas por su triunfo de 2025. Otro enfoque mental “Me gustaría pensar que jugaré con un poco más de libertad y como si ya tuviera una chaqueta verde, que de hecho la tengo. A veces solo tengo que recordármelo a mí mismo", se decía antes de comenzar el último round. El calvario que sufrió la última jornada de 2025 también jugaría su rol, incluyendo ese mítico golpe del 16, rodeando los pinos a la izquierda para dejar la bola besando la bandera, crucial para su victoria entonces. Como en 2025, McIIroy comenzó el último día con turbulencias de vuelo . Tres putts para doble bogey en el 4, bogey en el 6. En el 15, a pastar con el drive, también en el 18. Sin embargo, ese jugador orgulloso, temperamental, rebelde ante la adversidad, adicto a que cada gran éxito se acompañe por el mayor dramatismo, alternaba golpes propicios para doblegar su moral en tan cruciales momentos con otros de majestuosa genialidad. Uno arriba, uno abajo, McIlroy nunca se vino a negro . En el hoyo 16, un putt curvo desde fuera de green entró. Crucial, como aquel famoso 16 del 2025. A special moment between father and son. #themasters pic.twitter.com/ahzJW00i0d — The Masters (@TheMasters) April 12, 2026 En el 18, solo tuvo que empujarla, sin la agonía dramática de 2011 y 2025. Luego reconocería que, antes de embocarla, miró hacia donde estaban su mujer, Erica, su hija Poppy, y sus padres, Rosie y Gerry. "Me di cuenta de la suerte que tengo de haber vivido esta vida". Empujó la bola para ganar por un solo golpe sobre Scottie Scheffler. “¿Lo habría logrado el McIlroy del presente sin el triunfo del año pasado? “He aprendido a no sobrerreaccionar ante los errores, la paciencia y la calma marcaron la diferencia en mi victoria”, confesó al terminar. “Me alegra que hayamos demostrado que estaban equivocados, así que pueden seguir viniendo todo el tiempo que quieran; es maravilloso tenerlos aquí”, declaraba McIlroy, ya con su segunda chaqueta verde puesta. "Mis padres hicieron muchos sacrificios para que pudiera perseguir mi sueño, esa ética y esa mentalidad optimista son lo que más me han marcado”. ¿Próximo objetivo? Igualar los tres Masters de
Nick Faldo, con quien ha empatado en ‘majors’, superando también a Severiano Ballesteros. Con 36 años, ¿quién se atreve a apostar en contra?