Entrados en el torneo, entramos en el vértigo.En la pista
Rafa Nadal,
Stan Wawrinka y
Cameron Norrie se aprietan entre sí, porfían de verdad por una plaza en la próxima ronda (al final se impone Norrie) mientras un centenar de cámaras, fotógrafos y plumillas nos apretujamos en la sala de prensa del
RCTB. Hay pocas plazas y hay poco espacio, y hay cronistas en pie, algunos se apoyan en los espejos que recubren las paredes, y hay fotógrafos sentados al pie de la tarima, esperando al talento, esperando a
Carlos Alcaraz (22).Alcaraz se retrasa, son las 16.45h cuando nos habían citado a las 16.30h, y los organizadores cruzan mensajes, estudian el recorrido del murciano, por dónde anda, si ha abandonado ya el hotel
Torre Melina y ya está en camino, y así averiguan que la espera se alargará por otros diez minutos, y en la sala apenas nadie se impacienta, pues un personaje de este calibre, alguien como Alcaraz, merece la espera.Alcaraz llega al fin, siempre acompañado por
Albert Molina, su representante, y se disculpa y también disculpa a los fotógrafos, que maniobran para darle paso, y cuando alcanza su silla sobre la tarima y mira hacia adelante, nos escudriña como quien escudriña al rival, toma aire y venga, nos ponemos a ello, vamos con las preguntas:Cuando todo acaba, como tras
Miami, te das cuenta de la gravedad de tus palabras”Carlos AlcarazTenista–Usted perdió el número 1 ante
Sinner tras la final de
Montecarlo del domingo. Si gana en
Barcelona, lo recuperará. ¿Ha sacado ya la calculadora?–He estudiado las cosas y he visto que, ganando en
Barcelona, lo recuperaré. Y quiero hacerlo. La batalla por este liderazgo está siendo bonita y probablemente sea una motivación extra, pero mi mente está centrada en el camino que estoy siguiendo y en qué debo hacer para mejorar, y más aún precisamente tras esta derrota.
Sinner y yo nos llevamos bien; no nos iremos a cenar juntos pero me hace crecer”Carlos AlcarazTenistaEsta derrota duele, pero no deja poso, no es como aquella de semanas atrás en
Miami, cuando el murciano transigía ante
Sebastian Korda mientras, desesperado en la pista, se voceaba: “¡No puedo más, me quiero ir a mi casa!”.–¿Cómo ha superado aquellos momentos de frustración en
Miami? –le preguntamos.–Dentro de la pista, a veces es difícil controlar las emociones y saltas a la más mínima sin pensar. Y luego te das cuenta de la gravedad de tus palabras. Pero es que, en ocasiones, llegas saturado mentalmente a un partido por lo que pasa fuera de la pista, llegas cansado, y en los momentos duros te cuesta darle la vuelta a las cosas.La batalla por el número 1 está siendo bonita; y si gano aquí, recuperaré el liderato”Carlos AlcarazTenistaLa derrota ante
Sinner se mueve en otros parámetros, es previsible. Y es una batalla cerrada, casi siempre impredecible.El murciano y el italiano se manejan en otros niveles, muy por encima del resto (así lo vemos todos, incluido este
Stan Wawrinka finalmente vencido que, en la charla del domingo con La Vanguardia, nos decía: “Veo algún nombre, pero es pronto para decirlo: durante varios años, Alcaraz y
Sinner seguirán solos ahí arriba”).–Agradezco nuestra rivalidad. Me hace ser mejor y más consciente de mis limitaciones. Y además, es una buena rivalidad. Tenemos una buena relación, no nos iremos juntos a cenar ni a comer, pero nos llevamos bien.
Sinner tiene bellísimas personas a su alrededor y él también lo es. Nos tenemos respeto y yo le admiro y por eso, el domingo, tras el partido en
Montecarlo, le grabé con mi móvil cuando vi que iba tirarse a la piscina desde aquel trampolín tan alto. El mundo debe saber que tenemos una rivalidad buena.(El mitómano rebobinará a la era de Federer y Nadal).También nos cuenta que su programa de entrenamientos no ha cambiado en nada desde que Samu López sustituyera a Juan Carlos Ferrero (en diciembre), más allá de algunos detalles que “son secretos” y no va a confesarnos (“tras la derrota de
Montecarlo, pusimos las cosas sobre la mesa para ver qué falló y en qué podemos mejorar, y esto tampoco lo voy a decir aquí, nos lo guardamos”), y más tarde se marcha a retratarse junto a Lorenzo Musetti en la Fundació Miró de Montjuïc y a reflexionar sobre su compromiso de hoy, el debut ante Otto Virtanen.Virtanen, por cierto, adversario cuyo nombre jamás se escucha durante la rueda de prensa.Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de 'Soñé que estaba vivo' y 'Soy un superhéroe'