Los ovnis no son cosa de frikis Durante siglos, los cielos se llenaron de visiones que se interpretaban como almas, vírgenes o señales divinas. Hoy se describen de forma muy parecida, pero en clave tecnológica: objetos no identificados, inteligencias no humanas.
Diana Walsh Pasulka sostiene, tras una década de investigación recogida en Los creyentes (Kairós), que no estamos ante algo nuevo, sino ante otra forma de contarlo. La diferencia es quién lo estudia ahora: ingenieros, científicos de altísimo nivel y agentes gubernamentales que investigan con total seriedad ovnis en secreto, incluso desde dentro del Gobierno de EE.UU., mientras los medios fabrican mitos, conspiraciones y series de culto. “Hay fenómenos reales que no entendemos y que están conformando una nueva religión, con sus lugares sagrados, sus propias reliquias y sus creyentes”.¿Cómo pasa de estudiar el purgatorio a estudiar ovnis? Mientras investigaba el purgatorio en archivos históricos católicos encontré algo inesperado. En Europa, entre los siglos XIII y XVIII, ya había personas que veían cosas en el cielo. ¿Cómo las describían? Con el lenguaje de su época: almas del purgatorio, la casa de la Virgen María flotando. Cuando empecé a investigar los ovnis en el 2012, los abordé como cualquier creencia religiosa. Y descubrí que las descripciones modernas se parecen mucho a aquellas. ¿Cuándo pasa de los archivos al terreno? Cuando empiezan a contactarme personas del ámbito científico y militar: ingenieros aeroespaciales, perfiles de defensa, gente con trayectorias sólidas para contrastar mis investigaciones. ¿Quién la lleva a
Nuevo México? Tyler, seudónimo de un científico vinculado al ámbito aeroespacial estadounidense. Participó en lanzamientos y el accidente del Challenger en 1986 marcó su trayectoria. Después dejó la
NASA y se ha dedicado a la biotecnología. ¿Qué le muestra allí? Un campo de escombros que, según él, corresponde a un accidente en los años cuarenta. Trabajamos con detectores calibrados para materiales anómalos y encontramos fragmentos con propiedades poco habituales. ¿Quién analiza esos materiales?
Garry Nolan, con capacidad para analizarlos a nivel molecular. ¿Por qué concede credibilidad? Por el perfil de las personas implicadas. No son aficionados: son científicos, militares, ingenieros con carreras verificables. ¿Quién está estudiando hoy seriamente este fenómeno? Altos cargos militares y científicos como
Karl Nell, coronel del ejército de Estados Unidos (retirado) y vinculado a estructuras del Pentágono, o Tim Gallaudet, que investiga objetos no identificados bajo el mar. ¿El Gobierno estadounidense estudia los ovnis? Sí. Es un hecho. Hay programas financiados con dinero público. Y dentro del Gobierno hay muchas personas que consideran que el fenómeno es real, aunque no haya consenso sobre su naturaleza. ¿Encajan en ese contexto ciertas declaraciones políticas? Barack Obama habló de la existencia de objetos desconocidos. Donald Trump insinuó que hay información clasificada. Y en el 2023 militares declararon en el Congreso haber trabajado con “restos no humanos”. ¿Por qué aparece Silicon Valley en su investigación? Porque si existen inteligencias no humanas, la única manera de comunicarnos con ellas sería a través de la tecnología. Y es en Silicon Valley donde se desarrolla esa tecnología. ¿Y qué encontró allí? Que hay ingenieros y emprendedores que creen que este fenómeno es real y lo interpretan casi como una creencia religiosa. Explíquese. He conocido a ingenieros y programadores de grandes tecnológicas, como IBM o Apple, que aseguran haber tenido experiencias con inteligencia no humana que les han ayudado en sus descubrimientos. ¿Por qué Estados Unidos es tan fértil para estas ideas? Es una cultura mediada por las pantallas. Desde 1947, cuando el piloto Kenneth Arnold describió nueve objetos brillantes volando a gran velocidad sobre el Monte Rainier, el fenómeno forma parte del imaginario colectivo. Cine, tele e internet lo han amplificado. ¿Qué hay de conspiranoico? Hay investigación rigurosa y hay distorsión. ¿Se han estudiado experiencias así antes? John Mack investigó en los años ochenta y noventa a personas que decían haber tenido encuentros con estas inteligencias. Muchas describían esas experiencias en términos muy similares a los relatos religiosos. ¿Similares a encuentros con ángeles? Sí. La forma en que lo viven, lo recuerdan y lo explican se parece mucho a las experiencias místicas. En ambos casos hay algo que irrumpe, transforma a la persona y resulta difícil de expresar. ¿La Iglesia tiene categorías para eso? Distingue entre lo natural, lo sobrenatural y lo preternatural: fenómenos que no encajan fácilmente y que pueden interpretarse de distintas maneras. ¿Qué le ha sorprendido más? La cantidad de personas dentro del Gobierno y de la ciencia que consideran este fenómeno digno de estudio serio. ¿Por qué, si lo estudian científicos y militares, sigue pareciendo un tema marginal? Porque el ridículo funciona como un mecanismo de control muy eficaz. Mucha gente sabe más de lo que dice, pero no quiere exponerse. Y eso mantiene el fenómeno en una zona ambigua entre lo serio y lo increíble.