El cambio que se abre paso tras las elecciones de este domingo en Hungr�a no apunta a una simple alternancia. El l�der de
Tisza, P�ter Magyar, promete una demolici�n en profundidad del sistema construido durante m�s de una d�cada por Viktor Orban. No ser� necesariamente una ruptura estridente, pero s� estructural y de alto riesgo. El riesgo no es s�lo pol�tico, sino institucional. Magyar aspira a reconfigurar los mecanismos de control democr�tico. Habla abiertamente de "limpiar las cloacas del Estado", de liberar a los h�ngaros de un sistema manos de estructuras criminales.A esa complejidad se suma la naturaleza de su propia mayor�a. El bloque que le ha llevado al poder,
Tisza, no es un partido cohesionado, sino una agregaci�n transversal que va del centro-derecha a la izquierda, en la que socialistas, liberales y verdes han renunciado en gran medida a sus siglas para concentrar el voto contra Orban. La operaci�n ha sido eficaz en las urnas, pero convierte la gobernabilidad en un ejercicio de equilibrio permanente.Porque esa mayor�a amplia deja, al mismo tiempo, un Parlamento m�s concentrado y con menos actores visibles, desplazando la pluralidad hacia el interior del propio bloque gobernante. Y es ah� donde se jugar� buena parte de la estabilidad del nuevo ciclo: en la capacidad de ordenar sensibilidades divergentes mientras se intenta desmontar el sistema heredado.La reconfiguraci�n, de hecho, ya ha comenzado por arriba. P�ter Magyar ha pedido la dimisi�n del presidente de la Rep�blica, Tam�s Sulyok, elegido por el Parlamento, al que sit�a como a cabeza institucional de un sistema que considera corrupto y carente de moral. Seg�n ha denunciado, el jefe del Estado "se ha limitado a firmar cualquier documento que se le pon�a delante", sin ejercer funci�n real de control. Maygar le acus� directamente de haber ignorado de forma sistem�tica lo que ocurr�a en el pa�s: "Ignor� la corrupci�n, la propaganda, el saqueo y el abuso de ni�os". Esta �ltima acusaci�n no es abstracta. Remite a uno de los mayores esc�ndalos pol�ticos recientes del pa�s: el indulto concedido a un alto cargo implicado en el encubrimiento de abusos sexuales a menores en un centro infantil, un caso que provoc� una enorme indignaci�n p�blica y sacudi� la credibilidad de las instituciones. Para Magyar, ese episodio no fue una anomal�a, sino la prueba de un funcionamiento institucional degradado.Pero la paradoja es inmediata. Al mismo tiempo que cuestiona su papel, Magyar depende de �l para activar el proceso institucional. Por eso le ha instado a convocarle sin demora para encargarle la formaci�n de Gobierno, sin agotar el plazo m�ximo de 30 d�as previsto por la Constituci�n.El m�ximo responsable pol�tico de ese entramado, en su relato, es Orban. Sin embargo, cuando la presi�n se dirige directamente hacia �l, el tono cambia. Pese a las acusaciones de corrupci�n que pesan sobre su entorno, Magyar evita anticipar un desenlace judicial. "No es tarea del primer ministro decidir qui�n va a la c�rcel, sino garantizar la independencia del sistema judicial", ha afirmado.Porque el bloque que le ha llevado al poder no es un partido al uso.
Tisza ha funcionado como un contenedor transversal en el que han confluido sensibilidades que van del centro-derecha a la izquierda. Socialistas, liberales y verdes han renunciado en gran medida a sus siglas para concentrar el voto y desplazar a Orban. La operaci�n ha sido eficaz electoralmente, pero abre ahora un problema de gobierno.La mayor�a existe, pero no es necesariamente coherente. El grupo parlamentario que emerge de esa agregaci�n es, por definici�n, heterog�neo, y mantener su cohesi�n implicar� gestionar tensiones ideol�gicas profundas en un momento en el que, adem�s, el nuevo Ejecutivo se propone desmontar el sistema que hereda.Magyar no ha suavizado el diagn�stico. Ante corresponsales internacionales describi� Hungr�a como un pa�s "robado, saqueado y arruinado", en manos de "clanes criminales y redes econ�micas mafiosas".Su hoja de ruta pasa por reactivar todos los mecanismos antifraude y crear una comisi�n espec�fica para recuperar fondos p�blicos presuntamente desviados. Seg�n Transparency International, Hungr�a figura entre los pa�ses m�s afectados por la corrupci�n en la Uni�n Europea, con estimaciones que sit�an en torno a 20.000 millones de euros los fondos europeos cuya gesti�n presenta irregularidades sobre un total cercano a los 80.000 millones recibidos. Magyar apunta directamente al entorno de Orban. Afirma que algunos de sus allegados han acumulado fortunas "superiores a las de antiguas casas reales".El ganador de las elecciones insiste en que a�n no tiene acceso completo a la documentaci�n del Estado y que desconoce la dimensi�n exacta de las pr�cticas que denuncia. Pero adelanta ya la direcci�n de su actuaci�n: revisar todas las licitaciones y contratos p�blicos y sacar a la luz la informaci�n que, a su juicio, ha permanecido oculta.Durante su primera rueda de prensa ayer tras la victoria en las urnas, introdujo adem�s un elemento especialmente delicado. Seg�n relat�, recibi� una nota interna en la que se le informaba de que, en ese mismo momento, el titular de Asuntos Exteriores se encontraba en el edificio del Ministerio, acompa�ado por el jefe de los servicios secretos, destruyendo documentos. No aport� pruebas m�s all� de esos informes internos.En el plano internacional, Magyar ha marcado distancias con la pol�tica seguida hasta ahora. Ha asegurado que Hungr�a no ser� "refugio de criminales ni de personas perseguidas por la justicia", en referencia a los casos de dirigentes extranjeros acogidos por el Gobierno de Orban.Su primera visita oficial ser� a Varsovia, donde ya ha mantenido contactos con el primer ministro, Donald Tusk. El presidente polaco, Andrzej Duda, que apoy� a Orban durante la campa�a, no le ha felicitado por el momento. Magyar ha restado importancia al gesto: "No lo ha hecho, pero puedo vivir sin ello".En pol�tica exterior, ha se�alado que su Gobierno se guiar� por el respeto al derecho internacional y a los derechos humanos, pero insistiendo en la defensa de los intereses de Hungr�a y de todos los h�ngaros. Ha defendido tambi�n el uso del refer�ndum como herramienta habitual de gobierno y ha planteado la posibilidad de abrir reuniones del Consejo de Ministros a preguntas de los ciudadanos.En su primera comparecencia ante la prensa tras la victoria electoral, Magyar defendi� una posici�n pragm�tica en relaci�n con Rusia. Subray� que Hungr�a necesita gas y petr�leo a precios asequibles y que su gobierno buscar� diversificar proveedores. "La geograf�a es la que es", dijo, asegurando que comprar� donde sea necesario. Relativiz� adem�s las sanciones internacionales -"se ponen y se quitan", en referencia a casos como Ir�n- y dej� claro que su prioridad ser� garantizar energ�a barata.Se�al� tambi�n que, una vez tenga acceso completo a la informaci�n del Estado, revisar� los contratos existentes y que estos se mantendr�n o se cancelar�n en funci�n de su inter�s para el pa�s, dejando abierta la puerta a todas las opciones. Asegur� adem�s que atender�a una llamada de Vladimir Putin y que le trasladar�a la necesidad de poner fin a la guerra en Ucrania. Sobre la adhesi�n de ese pa�s a la Uni�n Europea, apunt� que su posici�n no difiere de la mantenida hasta ahora por Hungr�a: no es una cuesti�n inmediata, al tratarse de un pa�s en guerra, y en todo caso deber� seguir el procedimiento establecido, como el resto.