El estigma menstrual sigue influyendo en el bienestar, la participaci�n y las relaciones cotidianas de la mujer. Pero la forma en que se vive la menstruaci�n no depende �nicamente de los s�ntomas f�sicos, sino tambi�n del contexto social en el que se desarrolla. As�, un estudio liderado por el
Instituto INGENIO, centro mixto de la Universitat Polit�cnica de Val�ncia (UPV) y el Consejo Superior de Investigaciones Cient�ficas (CSIC), revela que solo una de cada seis espa�olas consigue mantener sus actividades diarias y habituales "sin cambios" durante la menstruaci�n. El estudio, publicado en BMC Women's Health, muestra que solo el 15,4% de las participantes afirma mantener su rutina sin cambios durante esos d�as, mientras que muchas adaptan su comportamiento debido al dolor, a sangrados abundantes o para evitar posibles situaciones de incomodidad o exposici�n. En el trabajo ha participado
Dani Barrington, de laUniversity of Western Australia y experta internacional en salud menstrual, y ha contado con financiaci�n del proyecto
RI-SABIO, financiado por la
Generalitat Valenciana, que se centra en modelos de gesti�n para la investigaci�n e innovaci�n Responsable en las estructuras de Investigaci�n sanitaria y biom�dica.Seg�n Santiago Moll L�pez, del Departamento de Matem�tica Aplicada de la UPV y coautor del estudio, este "se realiz� mediante una encuesta online dirigida a personas de 14 a�os o m�s residentes o nacidas en Espa�a —�nicos criterios de inclusi�n—. Tanto hombres como mujeres pod�an participar, siendo las preguntas diferentes seg�n se menstruara, se hubiera menstruado, o se fuera o no a menstruar en el futuro". La muestra se reclut� durante nueve meses (mayo de 2021-enero de 2022) mediante muestreo por conveniencia y bola de nieve, difundiendo el cuestionario a trav�s de redes sociales (
WhatsApp, Instagram,
Facebook, Twitter) y contactos estrat�gicos para mejorar la representaci�n territorial y por edad. "El cuestionario, de 43 preguntas, combin� preguntas cuantitativas y cualitativas y fue administrado online y con consentimiento informado", expone Moll.Gracias a este trabajo, se ha comprobado que solo el 15,4% de las participantes no se ven condicionadas por la menstruaci�n en las actividades habituales. Aunque los investigadores eran conscientes de que la menstruaci�n condiciona con frecuencia la vida cotidiana -y precisamente por eso quisieron estudiarlo-, ver que solo el porcentaje citado declara no modificar nada de su rutina "resulta llamativo" y "un dato muy ilustrativo de hasta qu� punto este impacto sigue normalizado", destaca Sara S�nchez-L�pez, investigadora del
Instituto INGENIO (UPV-CSIC). El peso de un buen ambiente Por su parte, Moll L�pez incide en que el estudio no identifica un perfil sociodemogr�fico cerrado de ese 15,4%, por lo que no ser�a riguroso atribuirle una edad, nivel educativo o condici�n concreta. Lo que s� muestran los resultados, "es que las experiencias m�s positivas se asocian a entornos comprensivos y flexibles, donde hablar de menstruaci�n no genera incomodidad y se reconocen las necesidades f�sicas y emocionales vinculadas al ciclo". Por tanto, m�s que un rasgo individual, "parece influir mucho el contexto social e institucional en el que se vive la menstruaci�n". Por ello, el equipo del estudio se�ala que contar con entornos comprensivos y flexibles -en el trabajo, la escuela o la familia- contribuye a reducir el impacto del estigma y facilita una mayor participaci�n y bienestar.La investigaci�n indica que una de las principales razones de ausencias y adaptaciones es el malestar menstrual f�sico (41% en el caso de las ausencias), pero estas decisiones no responden �nicamente al malestar. Factores como la ansiedad ante posibles manchas, la falta de espacios adecuados o el temor a reacciones negativas del entorno reflejan la persistencia de normas sociales que sostienen que la menstruaci�n debe gestionarse con discreci�n y en silencio. En la pr�ctica, entre las estrategias m�s frecuentes para "minimizar" el impacto, se encuentran evitar prendas blancas (49%), no emplear ciertos tipos de ropa, como ropa ajustada o prendas en las que puedan notarse manchas o el producto menstrual (37%), limitar actividades como nadar o acudir a la playa (25%) o reducir la pr�ctica deportiva (22 %). En t�rminos generales, asevera Moll L�pez, los resultados son coherentes con la literatura previa y con lo que ya sab�amos sobre estigma menstrual. "Lo m�s llamativo no es tanto que exista impacto, sino su magnitud y el hecho de que no dependa solo de los s�ntomas, sino tambi�n del miedo, la verg�enza, la necesidad de ocultaci�n y las barreras del entorno. No dir�amos que falte una motivaci�n principal, sino que el estudio muestra precisamente esa combinaci�n entre malestar f�sico y presi�n social", destaca.Miedo en �mbitos educativo y laboral En el �mbito educativo y laboral, muchas participantes describen haber acudido a clase o al trabajo pese a experimentar dolor intenso, n�useas o fatiga (44 %), mientras que otras se�alan haber faltado en alguna ocasi�n por s�ntomas menstruales (41%). Los testimonios recogidos muestran que, incluso ante s�ntomas incapacitantes, algunas personas contin�an asistiendo por miedo a perder el empleo o a ser percibidas como menos comprometidas. "A menudo, el malestar menstrual no se reconoce como una necesidad leg�tima de apoyo, sino como algo que puede restar credibilidad. En un contexto donde la menstruaci�n se ha usado para excluir a las mujeres de ciertos roles, mostrar vulnerabilidad puede percibirse como un riesgo colectivo", apunta S�nchez-L�pez.El estudio recoge numerosos testimonios de burla y situaciones de humillaci�n relacionadas con la menstruaci�n que las participantes sit�an tanto en la adolescencia como en la vida adulta. Mientras que en etapas tempranas estas experiencias suelen manifestarse en forma de comentarios o ridiculizaci�n por parte de compa�eros de clase o amigos, en la edad adulta se expresan con mayor frecuencia como rechazo o actitudes condescendientes en el entorno cercano, como en parejas o entre compa�eros de trabajo, se�ala Roc�o Poveda Bautista, investigadora tambi�n de INGENIO y coautora del estudio.Los resultados de este estudio subrayan que la menstruaci�n sigue siendo un factor relevante para la salud, la participaci�n social y la equidad, y apuntan a la necesidad de avanzar hacia entornos educativos, laborales y sanitarios m�s informados y sensibles a esta realidad. A modo de ejemplo, refleja S�nchez-L�pez, la primera recomendaci�n es incorporar la educaci�n menstrual en el curr�culo escolar. "Los datos muestran que contar con informaci�n adecuada desde la menarqu�a reduce emociones negativas como la verg�enza o el miedo y se asocia con una mayor normalizaci�n en la edad adulta. Adem�s, abordarlo en toda el aula contribuye a reducir el estigma, las burlas y los estereotipos". En el �mbito sanitario, sentencia, "es clave aplicar una perspectiva de g�nero para evitar la infravaloraci�n del dolor en las mujeres y cerrar la brecha existente en salud. Adem�s, urge impulsar la investigaci�n e integrar la menstruaci�n como variable en el diagn�stico y tratamiento cl�nico".