Si tenías 20 años cuando
Mecano,
Alaska,
Los Secretos o los
Hombres G estaban en lo más alto de la lista de
Los 40 Principales, es probable que sus canciones te molaran mogollón, que fueras a muchos de sus conciertos con tus colegas y que, además, te lo pasaras dabuti. ‘Molar’, ‘mogollón’, ‘colegas’ o ‘dabuti’ son algunos de los muchos términos que los baby boomers que nacieron a mediados de los 60 usaban para comunicarse hace cuarenta años.Cada generación crea su propio código, una forma de hablar que se corresponde con una realidad concreta, conformando parte de su identidad. Y es que “cuando somos jóvenes todos intentamos hacer el mundo nuestro; es una forma de apropiarse de la realidad, la cual, además, es cambiante y exige la creación de nuevas palabras para ponerle nombre a contextos también nuevos”, señala
Juan Carlos Pérez Jiménez, profesor y autor de La revolución de la Edad, o el día que
Brad Pitt cumplió sesenta años (Plaza & Janés, 2025).Nombrar lo nuevo, renombrar lo viejoEn este sentido, a medida que el contexto social se transforma con el paso del tiempo, es lógico que aparezcan nuevos vocablos para dar nombre a lo que antes, simplemente, no existía. Léase todo lo relacionado con internet o las redes sociales, esta última una realidad que apenas supera los 20 años de vida. Mientras que, por otro lado, cada generación “renombra conceptos ya existentes, tratando de imprimir su marca personal”, explica Pérez Jiménez.Un claro ejemplo de la aparición de nuevas palabras para contextos emergentes lo tenemos en el uso generalizado de los sustantivos en femenino o en neutro. Y es que cada vez hay más jóvenes que emplean este tipo de lenguaje más acorde con una realidad o una sensibilidad que hace unas décadas ni siquiera enseñaba la patita.Así, en esta realidad de 2026,
María Lázaro, nacida en 1964 y madre de un hijo de 22 años, considera que la existencia de esta jerga juvenil tiene todo el sentido. “Aunque no entiendo la mitad de lo que dicen los jóvenes, como mi hijo o mis sobrinos, me parece normal que inventen palabras, igual que visten de manera diferente que los adultos; es una manera más de diferenciarse de los más mayores y de reafirmar la pertenencia a un grupo”.Cuestión de interés mutuoEsta forma de hablar de los jóvenes puede chocar a las personas mayores. Ahora bien, para Pérez Jiménez “tienen pleno derecho a hacerlo porque están definiendo su mundo”. La cuestión es que, según el profesor, “ese posible rechazo de los mayores hacia un lenguaje ajeno desaparecería si se mostrara más interés por conocer y comprender los nuevos términos que usan los jóvenes”.En este sentido, Lourdes Bustamante Díez, coordinadora del Programa de acercamiento intergeneracional de la Universidad de Burgos, considera que la existencia de dos lenguajes distintos no crea necesariamente una brecha generacional. Si eso ocurre o no, “depende de las ganas que cada parte tenga de entenderse; es más, las diferencias lingüísticas también pueden ser enriquecedoras. Creo que jóvenes y mayores deberían tratar de entenderse y explicarse mutuamente los términos que no comprendan. No se trataría de hablar igual, sino de hablar claro y hacerse comprender”.Jóvenes y mayores deberían tratar de entenderse y explicarse mutuamente los términos que no comprendanLourdes Bustamante DíezCoordinadora del Programa de acercamiento intergeneracional de la Universidad de BurgosCompartir lenguaje entre generaciones es inclusivo. iStockEn la misma línea se expresa Lucía, actriz de 26 años. Para ella “no es necesario que los adultos usen el mismo vocabulario que los jóvenes, porque no es algo que se necesite saber para comunicarse; creo que lo único que deberían hacer los mayores de 60 años es no ridiculizar la forma de hablar de los jóvenes y recordar que ellos también tenían un distintivo comunicativo de los que, entonces, eran mayores de 60”.El lenguaje: escollo intergeneracionalEl vocabulario que usa la generación de Lucía incluye términos como ‘cringe’, ‘de chill’, ‘mood’, ‘funar’ o ‘rentar’. Unas palabras que, si ya has cumplido los 60 años, pueden resultar extrañas, ajenas e incluso incomprensibles. Y esto, a su vez, podría conducir a sentirse “descolgado” de la sociedad actual, un sentimiento que, en opinión de
Juan Carlos Pérez Jiménez existe, pero no de forma generalizada. “Hoy en día es posible apreciar una separación entre padres e hijos, o entre profesores y alumnos, debido, entre otros motivos, a la forma de expresarse. Es más, el lenguaje no solo puede crear distancia, también puede motivar cierto rechazo y oposición”, sostiene Pérez Jiménez.Ese poder que Pérez Jiménez atribuye al lenguaje, Bustamente no lo ve con tanta claridad. “No sé hasta qué punto el lenguaje es capaz de generar una brecha generacional. Creo que hay muchos otros factores que provocan ese distanciamiento y no tienen nada que ver con el lenguaje”. Vemos, por tanto, que no hay una posición única ni cerrada acerca de si el lenguaje es capaz de crear, aumentar o afianzar una brecha entre jóvenes y mayores.Lee tambiénDe lo que están hechos los puentesDonde sí parece haber unanimidad es en cuanto a la posibilidad de que el lenguaje sea una herramienta para tender puentes entre generaciones. En concreto, no se trataría tanto del lenguaje que se emplee como de “las ganas que se tengan de comunicarse y de comprender al otro”, recalca Bustamante, quien subraya la idea de que “una comunicación exitosa implicaría que ambas generaciones lograsen entenderse, comprenderse, valorarse y respetarse a pesar de hablar un ‘lenguaje distinto’ y haber tenido experiencias diferentes en la vida”. Y añade: “Se deberían tender puentes intergeneracionales a través de todo y, por supuesto, también a través del lenguaje. Deberíamos dar más importancia y fomentar más las relaciones intergeneracionales”.Igual que Bustamante, Pérez Jiménez tampoco considera necesario que los mayores deban usar las mismas palabras que sus hijos o nietos para lograr esa eficacia comunicacional, pero sí cree que sería útil que las generaciones más avanzadas, al menos, conocieran esas palabras y su significado. Ahora bien, por encima de todo, “para una comunicación plena es imprescindible que exista un interés genuino y mutuo, independientemente de que se hable en el español de ahora o en el de hace unas décadas: la voluntad de entenderse es la clave”, concluye Pérez Jiménez.La voluntad de entenderse es la clave de la convivencia intergeneracional. Getty Images/iStockphotoNo sé hasta qué punto el lenguaje es capaz de generar una brecha generacional; hay muchos otros factores que provocan ese distanciamientoJuan Carlos Pérez JiménezProfesorMás allá del grado de responsabilidad que pueda achacarse al lenguaje en cuanto a la estrechez del vínculo entre generaciones, este fenómeno no es, ni de lejos, algo nuevo. Y es que, según el profesor, esto es algo endémico: todas las generaciones de todas las épocas han mirado con condescendencia a los jóvenes, y les han cuestionado, e incluso despreciado por su manera de expresarse y de actuar. “También la generación a la que yo pertenezco pasó por lo mismo. Nos sentíamos con derecho a cambiar cosas que habíamos heredado”, concluye.