Cuando la Covid-19 golpeó el planeta en 2020, muchos científicos empezaron a cuestionarse qué papel jugaban las desigualdades sociales frente a las pandemias. Varios estudios evidenciaron que factores cómo el nivel socioeconómico, la vivienda, el tipo de empleo y la etnia determinaron el riesgo de contagio y mortalidad.Lo que nadie se había planteado hasta el momento es el papel que estas desigualdades jugaron en las epidemias del pasado. Así que un equipo de investigadores de la
Basilea" class="entity-link entity-organization" data-entity-id="114865" data-entity-type="organization">Universidad de
Basilea buscó una respuesta en el último brote de peste negra registrado en
Suiza.Un monasterio reconvertido en hospitalLos arqueólogos han examinado los enterramientos (hallados bajo el Stadcasino, la sala de conciertos más conocida de la ciudad) de un monasterio reconvertido en hospital para combatir el ataque de la bacteria
Yersinia pestis en el siglo XVII en
Basilea, arrojando luz sobre cómo el estatus social influyó en la mortalidad en la Europa de la Edad Moderna.Esta no era la primera vez que la enfermedad aparecía en el continente. El brote principal, que llegó a su punto álgido entre los años 1347 y 1353, provocó la muerte de entre el 30 y el 60 por ciento de la población europea.Varios de los esqueletos hallados en el cementerio AntiquityDesde entonces,
Basilea se vio afectada con frecuencia, ya que su dependencia del comercio hacía que el ayuntamiento se mostrara reacio a cerrar las puertas durante las epidemias, complicando el control de la enfermedad.La última oleada de peste negra en la ciudad fue entre 1665-1670. Mediante el análisis de los restos humanos del cementerio, los expertos han podido explorar cómo el estatus socioeconómico influyó en la mortalidad.Lee tambiénSegún explican en un artículo publicado en la revista Antiquity, el análisis de ADN antiguo confirmó la presencia de
Yersinia pestis en al menos cinco de los individuos analizados, lo que indica claramente que este importante evento de mortalidad fue causado por la peste.“El enfoque del estudio, sin embargo, se centró en observaciones osteológicas detalladas de signos de trabajo extenuante, así como en el estado de salud de los individuos”, explica la osteoarqueóloga
Laura Rindlisbacher, de la
Basilea" class="entity-link entity-organization" data-entity-id="114865" data-entity-type="organization">Universidad de
Basilea.Pipa de arcilla procedente de la tumba 229 con el sello del fabricante, atribuido a Reichard West (
Mannheim,
Alemania)P. Saurbeck / Archäologische Bodenforschung Basel-StadtLos individuos afectados eran generalmente jóvenes al morir (la edad promedio era de 17,7 años) y todos fallecieron en un corto período de tiempo. También presentaban numerosas afecciones patológicas de enfermedades degenerativas, lo que sugiere que se trataba principalmente de menores de edad que pertenecían a un estatus social bajo y que ya realizaban trabajos físicamente exigentes.Los arqueólogos sugieren que los jóvenes trabajadores de clases sociales bajas eran los más propensos a morir a causa de los brotes de peste de la Edad Moderna. “La presión laboral resultó de particular interés, ya que representa uno de los factores más importantes de vulnerabilidad durante una pandemia”, dice Rindlisbacher.El peligro de contraer una enfermedad“Si alguien no puede prescindir de su sueldo para sobrevivir, ni siquiera el peligro de contraer una enfermedad mortal puede impedirle trabajar”, añade la investigadora. Esta brecha no solo se produjo en el ámbito económico, entre las clases bajas y altas, sino incluso dentro de las propias clases bajas, dependiendo de la influencia social.“Además de los programas municipales, la atención médica la proporcionaban las familias o redes sociales similares muy unidas. Si bien la cohesión social era fuerte en la Edad Moderna, no incluía automáticamente a todos. En esta dinámica social, la ciudadanía, así como la percepción de honor y respetabilidad, constituían un capital social importante”, afirma.Jóvenes desfavorecidos de clase bajaLa pandemia de la Covid-19 demostró cómo factores como el estatus socioeconómico, la ciudadanía y el acceso a redes de apoyo social influyen en la vulnerabilidad de determinados grupos sociales. Y este estudio probó que no se trata de un fenómeno nuevo.“Resultó impactante observar hasta qué punto la peste truncó la vida de jóvenes, especialmente la de jóvenes desfavorecidos de clase baja que ya estaban sometidos a trabajos duros y frecuentes en la
Basilea de la Edad Moderna”, concluye
Laura Rindlisbacher.Periodista