Actualizado Martes, 14 abril 2026 - 00:04Si esto hubiera sido una obra de teatro, el reparto ser�a as�: unos presuntos estafadores llamados
Alejandro Vicente, administrador de
Searide Catamarans, y
Miguel Esparza, administrador de Galindo Sornichero S.L.; la v�ctima, el banco franc�s Soci�t� G�n�rale; y el cebo involuntario, un intermediario llamado
Manuel.El argumento ser�a este: Soci�t� G�n�rale ten�a una divisi�n en Espa�a para financiar la compra de equipamientos industriales y grandes maquinarias. All� lleg� un d�a, a trav�s de
Manuel, el intermediario, una propuesta como otras tantas de los �ltimos 20 a�os.�Como otras tantas?No, porque esta era una estafa, aunque
Manuel no lo sab�a.El intermediario -o broker, como le llamaban en el banco- fue el cebo de los estafadores para que la financiera mirase desde el principio con buenos ojos la propuesta. La operaci�n consist�a en prestar unos 400.000� a una empresa de
Murcia para comprar un robot.La empresa, llamada
Searide Catamarans y dirigida por
Alejandro Vicente, en teor�a se dedicaba al peculiar negocio de construir catamaranes, y la idea era mejorar su producci�n con ese robot.La documentaci�n de Alejandro parec�a estar en regla: �Lo miramos todo: la solvencia, la renta, etc�, resum�a hace unos d�as ante los jueces el director de Tecnolog�a de la financiera del banco, que se llamaba
SG Equipments Finance Iberia.El departamento que estudiaba los riesgos tambi�n hab�a encontrado solvente el negocio. El banco prestar�a el dinero y Alejandro lo devolver�a pagando cuotas en un plazo de cinco o seis a�os.Seg�n este plan,
Searide Catamarans le comprar�a el robot a un distribuidor determinado. Pero entonces lleg� el primer giro: en vez de compr�rselo a ese distribuidor que hab�an dicho,
Searide Catamarans pidi� cambiar: �Nos dijo que prefer�an comprar otro robot un poco m�s caro a otro distribuidor llamado Galindo Sornichero S.L.�, explic� una de las trabajadoras del departamento de Ventas del banco.Como el pr�stamo ya estaba autorizado, SG Equipments tom� sus precauciones: dijo que de acuerdo, pero que no ampliar�a la cantidad; tendr�a que ser el propio Searide el que pagase la diferencia de precio al nuevo distribuidor.As�, como muestra de buena fe, pocos d�as despu�s el banco recibi� una factura abonada a Galindo Sornichero S.L. por unos 120.000 euros. El proceso sigui� adelante y el banco prest� el dinero a Searide. Pasaron dos meses y Searide pag� las cuotas mensuales, pero el tercer mes ya no pag�: �Llam� a Alejandro muchas veces y le mandaba whatsapps, pero �l siempre daba largas�, testific� hace escasos d�as una empleada en la Audiencia Provincial de Madrid, donde se ha juzgado a los presuntos estafadores.Esta trabajadora del banco lleg� incluso a desplazarse a (�guilas)
Murcia para hablar en persona con Alejandro: �ste volvi� a darle largas pero finalmente la llev� a n pol�gono industrial donde la empresa ten�a la sede. "Hab�a un catamar�n a medio hacer y poco m�s. No se ve�a ning�n trabajador ni hab�a marcas de que el robot hubiera estado alguna vez en esa nave", relat�. Hay que aclarar que el robot tendr�a que haberse visto de estar all�: esas m�quinas miden f�cilmente menos 8 metros de largo y dos o tres de alto.El resto se puede imaginar: el dinero nunca se devolvi� y adem�s Alejandro est� en busca y captura desde hace tres a�os. Por eso realmente solo han juzgado a su presunto c�mplice,
Miguel Esparza. Este hombre es un repartidor de
Murcia que se prest� a figurar como administrador de Galindo Sornichero S.L. Como qued� patente en la sala, este distribuidor jam�s compr� el robot al fabricante. De hecho, el fabricante, que no sab�a nada de toda esta historia, explic� en el juicio que ni siquiera coincid�an los datos de la supuesta ficha t�cnica de su robot con alguno de los que suelen producir habitualmente. Por eso todo el dinero del pr�stamo, salvo aquellas dos primeras cuotas, los estafadores se lo embolsaron.La Fiscal�a pide cuatro a�os y medio de prisi�n para Esparza, mientras que Vicente est� declarado en rebeld�a.A ra�z de esto, la financiera ha cambiado sus procedimientos: ahora ya no prestan dinero para comprar maquinaria sin asegurarse de que el fabricante la haya vendido. Investigan m�s a los clientes que piden el pr�stamo y tambi�n a los distribuidores que venden m�quinas a esos clientes.Adem�s, poco despu�s de este suceso, Soci�t� G�n�rale vendi� esta divisi�n, que ahora se llama de otra manera y depende de otros patrones.Uno de los magistrados de la sala lo resumi� muy claro: �Aparentemente el robot era una ficci�n�. Y as� es, ficci�n, otra parte de la vida misma.