INTERNACIONALGuerra en Oriente Pr�ximoEl control del canal por el que pasa un 20% del petr�leo mundial puede decidir el resultado del conflicto b�lico con Ir�nUn barco de madera varado en mitad de una de las ense�adas que jalonan el paisaje de acantilados de roca de la pen�nsula de Musandam, en Om�n.Alberto RojasEnviado especial Musandam/Om�nActualizado Domingo, 22 marzo 2026 - 10:36Hay zonas de guerra donde el conflicto se ve por todas partes. Otras, en cambio, no ofrecen se�ales tangibles; sin embargo, la presencia de la guerra lo condiciona todo. El agente de la garita fronteriza, con disdasha blanca y turbante, mira el pasaporte espa�ol y pregunta extra�ado: "�Es usted turista? Creo podr�a ser el �nico en visitarnos hoy. Disfrute de la pen�nsula de Musandam".Una hora antes sal�amos de la utop�a futurista de
Dubai, con sus rascacielos, hoteles de lujo, rusas en minifalda y coches deportivos, y el paisaje cambiaba. El cemento y el cristal dieron paso a las dunas doradas, alg�n camello solitario y a ciudades de color ocre. A la entrada de este estrat�gico enclave del sultanato de Om�n, el horizonte volvi� a cambiar. La arena dio paso a la roca. Mezquitas, tiendas y reba�os de cabras jalonaban el paseo hasta la l�nea divisoria. Casi un viaje al pasado.Ya dentro de Om�n, la carretera costera bordea un imponente acantilado calizo de color gris. El Golfo P�rsico adquiere aqu� varios tonos de azul conforme se acerca a la costa. En las playas, completamente vac�as, manda el color turquesa. La ruta hacia el extremo oeste del Estrecho bordea varias ensenadas y comienza a ascender hasta un alto pedregoso y �rido que sirve de mirador sobre el canal. En este punto, uno puede intuir la costa
Iran� a 30 kil�metros de distancia, sobre todo la isla de Qeshm, la que tiene forma de tibur�n y donde los ayatol�s han montado una aut�ntica fortaleza militar.Varios fuertes de piedra construidos en la Edad Media atestiguan la importancia de la vigilancia en esta costa. Desde esa privilegiada atalaya, no vemos ni un s�lo barco cruzando el Estrecho en ese punto. Despu�s comprobaremos el n�mero de petroleros que ese d�a ha dejado pasar Ir�n sin abrir fuego: cero. El lugar se llama Harf Ghabi y est� completamente vac�o, aunque el paisaje es propicio para escorpiones, serpientes y halcones. Desde la frontera, y en 40 kil�metros de ruta, a�n no nos hemos cruzado con nadie.Decidimos seguir nuestro camino hasta el puerto de
Khasab, enmarcado en un fiordo de roca viva. Por el camino vemos varias playas solitarias, con un tiempo perfecto para disfrutar de ellas pero sin turistas para hacerlo. Los chiringuitos de la playa est�n tambi�n clausurados por la guerra. En uno de los fiordos vemos un barco hundido y recostado sobre uno de sus laterales, y otro de mayor tama�o varado sobre el fondo en medio del mar. La primera persona que vemos en el sultanato es un marinero con cara de sue�o que sale de una de sus puertas a secar su ropa. Nadie dir�a que el barco en el que vive puede volver a navegar.Hasta hace unas semanas, este enclave ten�a cierto inter�s tur�stico: el Estrecho es paso habitual de delfines y ballenas, y parte de los pescadores locales -la mayor industria de la zona- hac�an viajes al canal para verlos de cerca. Adem�s, era habitual realizar rutas de monta�a en su paisaje escarpado, o submarinismo en sus aguas cristalinas. Hoy todo eso parece que sucedi� hace mucho tiempo, porque los barcos de madera se pudren varados en el puerto de
Khasab, la poblaci�n m�s grande de la pen�nsula de Musadam.Vista del Estrecho de Ormuz desde las alturas del mirador de Harf Ghabi, la parte m�s oriental de la pen�nsula.A.R."Por la noche es f�cil ver los misiles
Iran�es volando hacia Emiratos �rabes. Parecen estrellas fugaces al principio, pero luego descienden a toda velocidad como si un gran meteorito hubiera entrado en la atm�sfera", cuenta Ahmed, un pescador local que aprovecha el par�n para lijar todo el casco de su embarcaci�n. "Desde aqu� puedes oler la guerra y sentirla alrededor. Esto es un drama para nosotros. Somos un pueblo que vive del mar, y es ese mar al que ahora no podemos salir".- �Por qu� no pueden navegar por el Estrecho?- Sabemos que Estados Unidos ha bombardeado las lanchas r�pidas que los
Iran�es han usado para minar el Estrecho. No queremos que nos confundan y nos disparen tambi�n a nosotros.La realidad es que muchos de estos pescadores llevaban una doble existencia. Por el d�a echaban las redes y, por la noche, realizaban otro tipo de viajes. Antes de la actual escalada, este Estrecho no era s�lo una arteria del comercio global; tambi�n funcionaba como un espacio gris de contrabando tolerado en la pr�ctica por todos los actores. No era marginal: formaba parte del paisaje cotidiano del Golfo. El principal negocio era el contrabando de combustible. Ir�n, con gasolina muy subvencionada, exportaba de forma ilegal enormes cantidades hacia Emiratos �rabes Unidos y Om�n en peque�as lanchas r�pidas. All� se revend�a a precios de mercado.Era un sistema casi industrial: miles de embarcaciones, rutas fijas y redes bien organizadas que mov�an millones de litros diarios. Las lanchas volv�an a Ir�n con bienes de consumo para esquivar sanciones: electr�nica, piezas industriales, autom�viles y enormes cantidades de alcohol, un producto prohibid�simo en Ir�n. Tampoco era extra�o ver decomisos policiales en las playas de Om�n cuando la cosa se desmadraba. Muchos de estos productos entraban desde puertos del Golfo en circuitos semiinformales, a menudo con la vista gorda de autoridades locales. Pero la guerra ha terminado con todo ese tr�fico, el legal y el ilegal."Ahora nos limitamos a pescar entre nuestras propias islas", dice otro pescador que acaba de llegar con su lancha, pero cuyas redes vienen vac�as. En las calles del pueblo la par�lisis es total. Es cierto que estamos en el �ltimo d�a del Ramad�n y que la actividad baja muchos enteros, pero los hoteles para los turistas ni est�n abiertos ni abrir�n, igual que los restaurantes, igual que las tiendas. Los negocios han cerrado por la guerra.El puerto de
Khasab, con todos los barcos tur�sticos amarrados por la ausencia total de visitantes.A.R.El muec�n llama a la oraci�n y varios parroquianos extienden su esterilla bajo una palmera mirando a La Meca. "Alabado sea Ala", se escucha la reverberaci�n del rezo entre las monta�as. La sensaci�n aqu� es de tiempo detenido."Esta situaci�n no puede durar. Este Estrecho alimenta a mucha gente a ambos lados. Todo el mundo est� perdiendo dinero y, si esto se prolonga, tendremos que trabajar de otra cosa", cuenta Ahmed. Todos aqu� saben que la pr�xima tirada de la partida de ajedrez geopol�tico global se jugar� en las aguas donde se han ba�ado desde ni�os. Muchos se dedicaban tambi�n al abastecimiento de combustible de petroleros, avituallamiento de barcos llev�ndoles comida desde la costa, cambios de tripulaci�n o evacuaci�n de enfermos y reparaciones r�pidas. En un mundo en el que pasaban cada d�a 150 grandes cargueros de un lado al otro, hab�a trabajo para todos. Hoy algunos est�n sentados en la terminal del puerto viendo pasar la vida.Ayer Ir�n volvi� a atacar a varios nav�os mercantes en el Golfo y, acto seguido, 22 pa�ses anunciaron que se unir�n a los esfuerzos para desbloquear Ormuz. Entre ellos est�n Bahrein y Emiratos �rabes Unidos, quiz� junto a Qatar, el pa�s m�s perjudicado por la agresi�n a estas monarqu�as del Golfo.Antes de que la guerra lo tensara todo, el paisaje era una superposici�n casi irreal de escalas: al amanecer, un superpetrolero avanzaba lento, cargado con millones de barriles, mientras a pocos metros una lancha de fibra sal�a disparada hacia la costa con bidones de gasolina; m�s all�, un cascar�n de madera descargaba mercanc�a en silencio, como hace siglos, y en el horizonte los remolcadores y buques de suministro orbitaban a su alrededor como sat�lites de un sistema mayor. Todo ocurr�a al mismo tiempo y en el mismo lugar: el comercio legal, el tolerado y el clandestino, sin fronteras claras entre ellos, en capas de actividad que se toleraban y se respetaban unas a otras. Ormuz no era s�lo un paso mar�timo, sino un mercado en movimiento, donde cada barco -desde el m�s grande al m�s peque�o- formaba parte de una econom�a compartida que funcionaba precisamente porque nadie la controlaba del todo. Era un ecosistema que hoy est� amenazado.Un par de pescadores hablan con otro reci�n llegado sobre la situaci�n cr�tica del sector.A.R.Durante siglos, el control del Estrecho de Ormuz fue clave para el poder mar�timo del Om�n, cuyo sultanato lleg� a construir un verdadero imperio comercial entre los siglos XVII y XIX. Tras expulsar a los portugueses de la regi�n en 1650, los
Oman�es dominaron las rutas entre el Golfo, la India y la costa swahili de �frica, estableciendo bases en Zanz�bar y extendiendo su influencia hasta Mombasa. Desde la pen�nsula de Musandam, que vigila la entrada sur del Estrecho, controlaban el paso de mercanc�as, impon�an tasas y proteg�an sus redes comerciales. Aunque ese poder fue declinando con la llegada de las potencias europeas en el siglo XIX, Om�n conserv� su posici�n geogr�fica estrat�gica como guardi�n de una de las principales puertas del comercio mundial, un papel que, de forma m�s discreta, sigue desempe�ando hoy.Los habitantes de esta pen�nsula no se hacen ilusiones. Aunque Om�n siempre ha sido un pa�s que ha tenido un destacado papel como negociador de acuerdos, la crisis afectar� a todos en alguna medida e incluso han sufrido tambi�n el ataque de misiles de Ir�n. El sultanato siempre se ha movido como un intermediario silencioso y fiable, una especie de canal discreto entre actores que no pueden hablarse directamente. Esa posici�n se consolid� bajo el sult�n Qaboos bin Said y se ha mantenido con su sucesor, Haitham bin Tariq. Tambi�n ahora su Gobierno interpreta ese papel en esta crisis. Aunque la tensi�n va en aumento, las relaciones entre ambos bandos no se han roto del todo en ning�n momento.Sea cual sea la decisi�n final de Trump, tanto si hay escolta armada de convoyes como operaci�n de desembarco, los riesgos de escalada son m�s que evidentes.Ahmed se pone de pie y se�ala a la orilla opuesta: "Aqu� estamos muy preocupados, pero prefiero estar en este lado que en aquel. La potencia de fuego de Estados Unidos debe ser impresionante".