Ucrania enterró ayer al patriarca
Filaret en la catedral de San Miguel, en
Kyiv. También enterró a los últimos caídos en el frente.
Filaret fue clave para que la Iglesia ortodoxa ucraniana se separara del patriarcado de Moscú.Los muertos son el día a día de la guerra en
Ucrania y también su razón de ser. El país se prepara para reintegrar a dos millones de veteranos. Unos 300.000 presentan heridas psicológicas, y decenas de miles están amputados.
Ucrania monta drones marítimos sobre lanchas que pueden facilitar la navegación de los petroleros por OrmuzHan caído defendiendo un frente que apenas se mueve. Ahora que el invierno se despide, el ejército ruso tienta las defensas ucranianas. Prepara la ofensiva de primavera. La jefa de la CIA,
Tulsi Gabbard, cree que lo tiene todo a favor. Lo dijo el miércoles ante el comité de inteligencia del Senado.El ejército ucraniano, sin embargo, sigue dando muestras de una gran fortaleza. Ataca las instalaciones energéticas rusas y, mucho más importante, ayuda a la defensa de las monarquías del
Golfo Pérsico frente al aluvión de drones que
Irán les envía.
Ucrania sabe cómo hacerles frente. No hay en el mundo ejército más preparado para derribar estos robots, muchos de ellos kamikazes y cada día más sofisticados.
Ucrania ha enviado al Golfo a 200 expertos militares en la guerra de drones. Están en los
Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Kuwait, Arabia Saudí y Qatar. También en Jordania, donde ayudan a proteger varias bases estadounidenses.
Donald Trump acepta la ayuda de
Ucrania a regañadientes. No quiere que el Pentágono firme un acuerdo de colaboración a largo plazo. Prefiere uno puntual. Teme que, de otra manera,
Ucrania se convertirá en un socio demasiado importante para
Estados Unidos y a él le será mucho más difícil mantener su buena relación con el Kremlin.El diálogo con Moscú es importante para la corporación Trump. Hay varios negocios a la vista, sobre todo en los sectores de la energía y la promoción inmobiliaria.Los países del Golfo, sin embargo, no pueden prescindir de la ayuda ucraniana. Sus defensas antiaéreas son muy caras. Los misiles interceptores cuestan millones de dólares, pero los drones iraníes, apenas unos pocos miles. Esta asimetría económica es muy perjudicial para sus intereses. EE.UU., además, como le pasa a Israel, se está quedando sin interceptores.
Ucrania, por lo tanto, se encuentra ante una gran oportunidad y ha desarrollado un modelo de negocio adecuado para la guerra contemporánea. Más lucrativo que vender drones es alquilarlos con un servicio de protección integral. A cambio de una suscripción, el cliente consigue los drones, los interceptores, los radares, los sistemas de interferencia y los pilotos, que son militares que, además, no hace falta que estén en la región porque pueden manejar los drones desde
Ucrania.La empresa Skyfall produce cada mes 50.000 interceptores P1-Sun. Su competidor General Cherry fabrica 10.000 interceptores Bullet al mes. Ambos son compatibles con los radares de casi todos los ejércitos. Por si acaso, Fly Group UA fabrica radares y varios sistemas de interferencia.El más común de los interceptores ucranianos se parece mucho a un cohete de juguete. Mide un metro de altura. Sale de una impresora 3D. Los componentes son civiles. Hay software que se adapta de videojuegos. Lo propulsan motores eléctricos. Vuela a 320 kilómetros por hora y hace blanco a 5.000 metros de altura.Las empresas son startups, muchas unidas en Uforce, un conglomerado industrial militar que ha levantado más de mil millones de dólares de inversores ucranianos y de otros países.Uforce fabrica el dron marítimo Magura, que se monta en pequeñas embarcaciones. Estas lanchas, equipadas también con drones aéreos, son miniportaaviones. Su misión es facilitar la navegación por el estrecho de Ormuz.
Ucrania resiste la invasión rusa y ahora ayuda también a resistir la contraofensiva de
Irán en el
Golfo Pérsico. La guerra le ha dado una nueva vida. De ella depende que el mundo no muera de sed de gas y petróleo.Corresponsal diplomático de La Vanguardia. Ha cubierto los principales acontecimientos internacionales desde la caída del muro de Berlín y numerosos conflictos en especial en Oriente Próximo. Como corresponsal en EE.UU. fue testigo del 11-S