Nueva semana política llena de incógnitas que volverá a poner sobre la mesa la debilidad del Gobierno y hasta dónde está dispuesto el presidente a ceder para sacar adelante sus decretos anticrisis. Mejor dicho decreto, porque el segundo, el de la vivienda, es lo que pedían
Sumar y
Podemos antes del ataque de Estados Unidos e
Israel a Irán, que dio comienzo a una guerra cuyas consecuencias económicas ya se notan. Unas medidas que el
Congreso ya había rechazado y que ahora los dos partidos pretendían incluir en el decreto de rebajas fiscales, con la esperanza de que los socios del Gobierno que las rechazaron, principalmente PNV y
Junts, las apoyaran ahora para que se aprobaran las verdaderas medidas anticrisis.De hecho, el incomprensible plante de los ministros de
Sumar, el viernes, negándose a entrar en el Consejo de Ministros que debía aprobar el decreto ley anticrisis tenía su origen en la exigencia de la formación de
Yolanda Díaz de incluir las medidas de vivienda que habían fracasado en el Parlamento. Sánchez no debería reducir a una mera cuestión de “salseo” la posición de
Sumar, porque la debilidad que se transmite le afecta sobre todo a él. Aunque al final lograra sacar adelante las medidas, aprobando un segundo decreto solo con las medidas de vivienda, todo suena a un juego burdo que mina su ya menguada credibilidad.Feijóo no debería dejarse llevar por el sentimiento de revanchaNo se sabe ya si el Gobierno engaña a
Sumar aprobando los dos decretos, sabiendo que el de vivienda no cuenta con apoyos en el
Congreso para su convalidación, o si
Sumar se deja engañar para poder decir que ha doblegado al presidente, porque sabe que es muy difícil, por no decir imposible, que se apruebe, ya que
Junts, uno de los partidos que votó la investidura de
Pedro Sánchez, no lo apoya, y sin ese apoyo no podrá prosperar. Se ha encargado de recordarlo
Podemos, que no solo exige que las medidas de vivienda se incluyan en el primer decreto. Y es que para ser más que
Sumar, que vende como un triunfo llevar de nuevo las medidas al
Congreso, eleva su precio para un voto favorable, con la exigencia de que España salga de la OTAN. Aunque ya se sabe que últimamente
Podemos vende su voto a cambio de concesiones particulares, la apuesta sitúa al Gobierno en una nueva encrucijada. Si
Podemos vota en contra de las reducciones fiscales para frenar la subida de precios, sería imprescindible el voto del PP, que aún mantiene la incógnita sobre su apoyo al decreto fiscal, el de vivienda no lo va a apoyar en ningún caso.
Alberto Núñez Feijóo podría tener la tentación, entonces, de vengarse por tantos desprecios recibidos del Gobierno, el último este mismo fin de semana, por parte del ministro Óscar López, que le quiso ridiculizar con un mensaje de los suyos: “Alberto, no te líes, es un ‘No a la guerra’ y sí al escudo social de Sánchez”. Una frase que no parece la más apropiada cuando el Gobierno puede necesitar el apoyo de “Alberto” a las medidas que permitan aliviar la subida de precios que sufren los ciudadanos.
Alberto Núñez Feijóo, en el CongresoDani DuchEl presidente del PP no debería dejarse llevar por ese sentimiento de revancha, porque quienes saldrían perjudicados serían los ciudadanos, más cuando muchas de las medidas, no todas, van en la línea de las propuestas que él había hecho días antes. Situarse en el no, muchos no lo entenderían y le situarían en la incongruencia.Lo que no entiendo es que el presidente del Gobierno,
Pedro Sánchez, tuviera mucha prisa en enero para reunirse con el líder del principal partido de la oposición para hablar de la contribución española a la guerra de Ucrania cuando hubiera un alto el fuego que ni se vislumbraba ni se ve en el horizonte –aunque la cita se suspendió–, y con la guerra de Irán, de consecuencias claras e inmediatas, no haya sido capaz de levantar el teléfono para hablar con,
Alberto Núñez Feijóo.Licenciada en Ciencias de la Información, rama de Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, y licenciada en Derecho y en Ciencias Políticas y de la Administración por la UOC. Formó parte de la redacción de 'La Vanguardia' entre 1992 y 2024, siempre en la sección de Política, donde se encargó del Parlamento y del PP, además de las informaciones de los Ministerios de Defensa y de Exteriores. Antes de incorporarse a 'La Vanguardia' trabajó durante siete años en la Agencia Europa Press, así como en 'Diario16' y el periódico 'El Sol', al que perteneció hasta su desaparición en 1992. Cuenta con varios premios de Periodismo como el Luis Carandell (2014), que otorga el Senado; el Josefina Carabias que concede el
Congreso (2022) y el Premio del Ministerio De defensa de Periodismo Escrito (2016) por su reportaje, publicado en 'La Vanguardia' “La salvación se llama Canarias”