El Gobierno ha puesto en marcha un paquete de ayudas más amplio y potente del que había planteado inicialmente, consciente de que la guerra de Irán va a tener un fuerte impacto en nuestra economía. Es cierto que en esta ocasión la crisis llega a una España que mantiene unos buenos datos económicos, y que además, nos golpea menos directamente, dado que una parte muy reducida de nuestro petróleo y gas procede del Estrecho de Ormuz, pero el conflicto está alcanzando tales proporciones que las repercusiones en los precios y los tipos de interés serán contundentes.La tesis que inicialmente defendía el Gobierno es que esta crisis no es como la de Ucrania; que va a doler, pero menos. Por todo ello, hablaban de respuesta gradual y focalizada. Quirúrgica la llamaron, aunque el calificativo perdió sentido al conocerse el paquete de 5.000 millones de ayudas aprobado el viernes. Lo justifican argumentando que se centra en los sectores más afectados y en los que actúan como transmisores de los aumentos; y dejan fuera a los alimentos, porque aquí no ha llegado el incremento, aunque no tardará. En este terreno, el ministro de Agricultura,
Luis Planas, pidió ayer en una entrevista a
La Vanguardia, que cada eslabón de la cadena alimentaria intente ajustar costes, para evitar el encarecimiento del producto en el supermercado.El paquete aprobado mezcla una parte central de rebajas impositivas, que incluye reducción del IVA y de impuestos a los carburantes, gas y electricidad, con un añadido de protección a los vulnerables en forma del bono social de la luz y el térmico, y la prohibición de los despidos. A ello se suma una medida tan emblemática como de corta vida, la prórroga automática de los contratos de alquiler. Prórroga de dos años, pero que probablemente solo estará en vigor un mes, hasta que el decreto pase por un
Congreso de los Diputados que, según todos los pronósticos, no lo convalidará. Una concesión a un
Sumar en armas después de un consejo de ministros muy accidentado, con los miembros del socio minoritario negándose a entrar en la sala de la reunión durante dos horas, mientras se negociaba.Las ayudas a la cadena alimentaria intentan minimizar el aumento de los alimentos que pronto se notaráEsta prórroga de los alquileres tiene dos argumentos en contra. El primero, el práctico citado, que no cuenta con apoyos parlamentarios; el segundo, más de fondo, que, por el momento, no hay impacto en los alquileres. Los únicos efectos ya constatados aparecen en la energía y en un inicio de endurecimiento del crédito, con subida del Euribor, por ejemplo, anticipando una subida futura de tipos del BCE.De nuevo, se tira de medidas generalistas como es la rebaja fiscal. No se aplica la muy criticada rebaja de los 20 céntimos de bonificación a los carburantes de la crisis de Ucrania, que se evita por las dificultades que provocaba en el sector; pero sí unas rebajas generales de impuestos. Son medidas que tienen un efecto en el control de la inflación, pero con componente regresivo al favorecer especialmente a los hogares con más capacidad económica, además del riesgo de que las bonificaciones sean en parte absorbidas por los distribuidores, sin llegar al cien por cien al precio final.Es cierto que esta vez la crisis pilla a España en mejor situación que en el 2022, cuando estalló la guerra de Ucrania, aunque, como contrapartida, la derivada global de esta guerra puede tener un efecto expansivo superior. Empezando por la parte positiva, en la comparativa del impacto en España de las dos guerras hay diferencias palpables. Ahora la previsión no es que suframos un tsunami inflacionista, como el de entonces con subidas que rozaron el 11%, pero sí una mar muy gruesa, incluso mar arbolada, que elevará la inflación en el momento en que estábamos consiguiendo tenerla bajo control. Nos llegará el subidón, con un 4% en los próximos meses probablemente, justo cuando acabábamos de recuperar el poder adquisitivo previo al de la pandemia. Esto duele.Las diferencias estriban también en la subida algo menor del petróleo ahora, y especialmente de la electricidad, por el rendimiento que dan unas renovables muy potenciadas en España, y que permiten mantener unos precios de la luz claramente por debajo de los de nuestros socios europeos. Juega también a favor una menor dependencia directa del petróleo y gas de la zona en guerra, con unos productos energéticos dirigidos principalmente a Asia.Desde este domingo se aplica la rebaja en las gasolinas. Pere Duran / Nord MediaLa crisis nos encuentra con un crecimiento que sigue siendo sólido; 2,1% es la última previsión del FMI para este año, que destaca que viene un shock global, pero que España mantiene “un buen desempeño, bastante sólido en comparación con Europa”; y un déficit controlado, un 2,5% en el 2025, lo que nos da margen para actuar y desarrollar medidas. Se le puede añadir la mejor situación de la deuda de los hogares y las empresas.Hasta aquí, la parte positiva del retrato, pero también tiene su cruz, y es el movimiento sísmico que esta guerra está provocando. Con el método caótico que reina en la Casa Blanca, el riesgo de potencial desastre se multiplica. Un ejemplo lo da la deriva de los últimos días de destrucción de infraestructuras energéticas en la zona, con el impacto que puede tener a medio y largo plazo, y que pone un interrogante en las previsiones que se están formulando.Es un mundo en llamas, en el que ya empiezan a aparecer los ganadores y los perdedores de esta guerra, con Rusia e Israel situándose en el bando de los que sacan más partido del conflicto, China de vencedor en el largo plazo y Europa como gran perjudicada, según el análisis del Centre for European Reform.Ganadores y perdedores de la guerra En Moscú, tienen motivos para brindar con vodka porque ganan en todos los tableros. En el terreno económico, con el aumento del precio del petróleo, el gas y los fertilizantes, que les proporciona ingresos extras para su economía y para alimentar la guerra en Ucrania. Y en el campo de la propaganda, para contrarrestar las críticas a su ataque a Ucrania en nombre de una legalidad internacional que ya casi no existe.El segundo gran ganador sería un Israel que impone su agenda, incluso a Estados Unidos, con un Netanyahu muy influyente sobre el volátil Trump, que reduce a mínimos el poder de Hamas en Gaza y de Hezbolá en el Líbano, y debilita a su gran enemigo, Irán. Después vendría China, perjudicada a corto plazo porque la mitad de su importación de petróleo pasa por el estrecho de Ormuz, pero que puede compensarlo por sus reservas y también porque el petróleo y el gas suponen una parte reducida de su mix energético. Por tanto, un daño limitado a corto plazo con opciones de ganar terreno en el plano geoestratégico más adelante.En el campo de los perdedores sobresalen una Ucrania cada vez más abandonada y una Europa que paga el aumento del precio del petróleo, y que sufre una pérdida fundamental en unas relaciones con Estados Unidos en las que el concepto de aliados cada vez encaja peor. Unos “cobardes” en lenguaje del inquilino de la Casa Blanca, porque, por una vez, le han plantado una cierta resistencia.Finalmente, quedan los Estados Unidos, al que muchos colocan en el terreno de los perdedores por esta guerra improvisada por Trump. Perjudicada por un conflicto que afecta a sus relaciones con Europa, y con sus aliados en el Golfo, ahora dañados directamente por la guerra, y también por los efectos económicos en los precios de los carburantes, que empiezan a sentirse entre sus ciudadanos. Y, por tanto, entre sus votantes en noviembre.Redactor jefe de la sección de Economía de
La Vanguardia