La Unión Europea se enfrenta a una de sus mayores crisis de seguridad interna tras revelarse, según investigaciones de
The Washington Post, que el ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, Péter Szijjártó, habría filtrado información confidencial del Consejo Europeo a Rusia. Según los informes, Szijjártó aprovechaba los descansos de reuniones críticas en Bruselas para informar telefónicamente a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, sobre los debates internos y las estrategias de la UE.La gravedad de la acusación radica en su continuidad. No se trata de un hecho aislado, sino de una práctica establecida durante años que, por su audacia, parece extraída de una novela de espionaje. Esta conexión permitía al
Kremlin conocer de antemano las sanciones en curso, las posturas individuales de cada Estado miembro y las divisiones internas, otorgando a Moscú una ventaja estratégica sin precedentes para contrarrestar la diplomacia europea.Europa califica las informaciones de “extremadamente preocupantes”Ante esta situación, la Comisión Europea ha reaccionado con dureza. Un portavoz oficial calificó los informes de “extremadamente preocupantes” y anunció que se ha solicitado a Budapest una “aclaración urgente”. La desconfianza ha escalado hasta tal punto que Bruselas exige que Hungría rinda cuentas no solo por las llamadas de Szijjártó, sino por la integridad de toda su estructura diplomática, que parece actuar como un satélite de los intereses rusos.Ante el temor de que la información sensible siga fluyendo hacia Moscú, diplomáticos de la UE han confirmado a POLITICO que ya se han tomado medidas para limitar el acceso de Hungría a ciertas reuniones de alto nivel. Budapest está siendo excluida de grupos de trabajo sobre inteligencia militar, ciberseguridad y detalles logísticos del apoyo a Ucrania, en un intento por contener la hemorragia de datos.Polonia sospechaba de Hungría desde hace tiempoEl primer ministro polaco,
Donald Tusk, ha avivado la polémica al afirmar que Polonia sospechaba de esta actividad desde hace tiempo. Tusk señaló que el comportamiento de
Viktor Orbán y su gabinete siempre fue “errático” en las cumbres, y que las posiciones húngaras solían alinearse con las necesidades del
Kremlin de forma sospechosamente precisa.La investigación también revela que el beneficio de esta relación era mutuo. Rusia no solo recibía inteligencia, sino que intervenía activamente para asegurar la permanencia de Orbán en el poder. Se han documentado propuestas rusas para escenificar falsos intentos de asesinato contra figuras políticas húngaras con el fin de movilizar el voto a favor del partido gobernante y distorsionar los resultados electorales.Las filtraciones habrían afectado también a la OTANEl escándalo trasciende las fronteras de la UE y afecta directamente a la OTAN. Al compartir detalles del Consejo Europeo, donde a menudo se discuten asuntos de seguridad transatlántica, Szijjártó habría puesto en riesgo activos militares y planes de contingencia de la Alianza. En los pasillos de Bruselas, la pregunta es ahora si Hungría puede seguir siendo considerada un aliado fiable.Ante las acusaciones, el Gobierno húngaro ha reaccionado con hermetismo o descalificando la veracidad de los informes. Szijjártó ha defendido previamente que sus contactos con Lavrov son necesarios para garantizar el suministro energético del país. Sin embargo, no ha ofrecido un desmentido técnico sobre el contenido específico de las filtraciones, como los borradores de resoluciones de la UE, limitándose a criticar la procedencia de la información de los servicios de seguridad y de los medios de comunicación.La situación plantea un desafío existencial para el Consejo Europeo: si un Estado miembro comparte las propuestas externas mientras estas se negocian, la capacidad de la UE para actuar de forma unida queda anulada.