Carlos Hernández-Echevarría 24/03/2026 06:13 Actualizado a 24/03/2026 07:41 La llaman “la isla prohibida” o “la perla huérfana”, y hoy es el centro del mundo. Por Jarg sale el 90% del petróleo que exporta Irán, y Trump se plantea invadirla para forzar a Teherán a que reabra el estrecho de Ormuz. El futuro económico inmediato del planeta pasa por un pedazo de coral a 25 kilómetros de la costa, en mitad del golfo Pérsico, más o menos el doble de grande que el barrio barcelonés del Raval.Es una extraña ironía histórica: la industria petrolera de Jarg podría volar por los aires el mismo mes en que se cumplen sesenta años de su estreno, y sería precisamente por el ataque de uno de los países que impulsó su construcción, EE. UU. En marzo de 1966, el
New York Times contaba que el sha había inaugurado en Jarg un puerto petrolero “con la mayor rapidez de carga jamás alcanzada”, y que estaba conectado directamente con los yacimientos
Iraníes a través de oleoductos.Tuberías de petróleo en la isla de Jarg en 1968 (Photo by Roger Wood/Corbis/VCG via Getty Images)Corbis/VCG via Getty ImagesEntre el Estado
Iraní y varias petroleras estadounidenses, británicas, holandesas y francesas se habían gastado el equivalente a más de 1.500 millones de euros actuales en construir la infraestructura petrolera más moderna del mundo en Jarg, con un muelle de casi dos kilómetros donde podían atracar diez petroleros. No sabían que unos pocos años después el régimen
Iraní de los ayatolás se quedaría con todo. Ahora está por ver si la jugada se repite, pero al revés.Una perla en el golfo PérsicoYa antes de convertirse en uno de los grandes centros del comercio mundial de petróleo, Jarg había vivido muchas vidas. Siempre fue un enclave privilegiado que tenía agua dulce en una parte del mundo donde no sobra, además de una posición estratégica. Los hallazgos arqueológicos hablan de un lugar por el que han pasado comunidades muy diferentes: hay tumbas del siglo II que imitan el estilo de otras en Siria y Jordania, pero también están las ruinas del monasterio cristiano más antiguo de la región, del siglo VII, y un cementerio judío levantado en el VIII durante el califato abasí de Bagdad.Aunque ahora su nombre esté asociado al oro negro que llega desde el interior de Irán, el primer contacto de la isla de Jarg con la riqueza mineral estuvo en sus propias playas. Hace más de mil años ya se pescaban allí algunas de las perlas más preciadas del mundo, y todavía a principios del siglo XV, el embajador castellano Ruy González de Clavijo escribía que la mayoría de las perlas que llegaban a España lo hacían desde Ormuz y sus alrededores. Hace un siglo, 250 hombres aún se dedicaban a la pesca de perlas en Jarg.Sin embargo, la mayor riqueza de la isla era su posición en mitad de varias rutas comerciales que unían Asia y Europa. Los primeros en aprovecharse fueron los portugueses, que establecieron en esa época un fuerte en Jarg, y después la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC), con una megaempresa que controlaba el comercio mundial de especias en los siglos XVII y XVIII. Durante la ocupación holandesa, que duró 12 años, Jarg se convirtió en la comunidad cristiana más grande de la región, con 10.000 fieles, hasta que las peleas de la VOC con sus vecinos persas acabaron en su expulsión.Otras potencias coloniales, como los británicos y los franceses, intentaron tomar el relevo. Concluyeron acuerdos con diferentes líderes persas para hacerse con la isla y emprendieron incluso operaciones militares para tomarla, pero nunca lo lograron de manera permanente. Irán tampoco tenía grandes planes para ella, y a mediados del siglo XX la dictadura del sha todavía la usaba como prisión militar para unos 125 disidentes políticos.Vista de la isla
Iraní de Jarg- / AFPLa guerra más parecidaJarg ya había sido objeto de escaramuzas militares a través de los siglos, sin ir más lejos, una invasión árabe en 1751 o la expulsión definitiva de los holandeses en 1766, pero la guerra moderna llegó a la isla cuando ya se había convertido en el gran centro petrolero que es hoy en día. En septiembre de 1980, cuando no había pasado ni un mes desde que el nuevo gobierno
Iraní había formalizado la cancelación de los contratos con las petroleras extranjeras, Irak invadió Irán.La guerra duró ocho años y dejó, según las estimaciones más conservadoras, más de un millón de muertos. Cuando, tras los primeros años de lucha, el Irak de Sadam Husein se dio cuenta de que su enemigo era más resistente de lo que parecía, empezó a atacar la industria petrolera de Irán para asfixiar su economía. Así comenzaron los bombardeos sobre la isla de Jarg y el acoso a los barcos que se acercaban, en lo que se llamó “la guerra de los petroleros”.Entonces como ahora, Jarg se convirtió en un punto clave de la guerra solo por su papel como puerto petrolero. Como EE. UU. hoy, Irak no veía en la isla un interés estratégico relacionado con su posición geográfica o su importancia militar, sino una oportunidad de asestar un golpe económico devastador. En sus declaraciones públicas, Trump oscila hoy entre amenazas de conquista o de destrucción total, sabiendo que en cualquiera de los dos escenarios privaría a Irán de su recurso nacional más valioso para continuar la guerra.El gran puerto petrolero que suscitaba tanta admiración en la prensa occidental en los años sesenta sigue siendo una enorme vulnerabilidad para Irán, ya que tiene una importancia crucial en su capacidad de financiarse. Con todo, está claro que una paralización total del comercio de petróleo en la isla de Jarg tendrá implicaciones que afectarán a mucha más gente que a los
Iraníes.