En septiembre del 2022,
Regina Rodríguez Sirvent (Puigcerdà, 1983) publicaba su primer libro, Les calces al sol (
La Campana/Las bragas al sol), en que narraba su aventura como au pair en
Atlanta en busca de una vocación. Más de 23 ediciones después y más de 100.000 ejemplares vendidos solo en
Catalunya, con seis traducciones y una adaptación audiovisual en marcha, su protagonista,
Rita Racons, protagoniza Crispetes de matinada (
La Campana, en castellano, Palomitas de madrugada, en
Suma de Letras). Si entonces Rita descubría que quería ser escritora, ahora la encontramos ocho años después pero sin que haya escrito ni una sola línea: la “novela como es debido, intelectual y seria” no le sale.Lee tambiénCuando publicó Les calces al sol no previó el éxito, pero ya tenía claro cómo sería el siguiente libro...Sí, porque aunque me lo había pasado muy bien escribiéndolo, la historia que había vivido durante el proceso me hervía dentro. Soy una persona intensa que necesita sentir fuerte para escribir y en la vida en general, y aquello tuvo una intensidad colectiva y era tan bonito que necesitaba escribirlo para entenderlo.Rita vuelve a
Barcelona, pero los otros personajes no.Durante un microinstante dudé quién la protagonizaría, pero mi alter ego,
Rita Racons, ya existe. No quería que saliera nadie más del libro anterior, pero los personajes van solos, de verdad, y eso que antes me sorprendía cuándo lo decía otro escritor en una presentación. El autor no siempre manda, yo no mando, y hubo un personaje que llamaba a la puerta y abrí para dejarlo pasar. Es un personaje místico y mágico que aparece en un momento de revelación. Siento a los personajes con una nitidez que da miedo, como si fueran reales, y cuando camino por la calle los recuerdo como si lo hubiera vivido.En el libro anterior buscaba su vocación. ¿Y ahora qué?El objetivo de Rita es encontrar su voz. Cuando volví de
Atlanta yo estaba perdidísima y me alejé tanto de lo que quería hacer, que era escribir una novela, que acabé vendiendo vinos en Japón. Por eso el libro empieza en
Tokio, con Rita preguntándose qué hace allí. Quería escribir pero no sabía como hacerlo: los temas que llamaban a priori eran como los correos que escribía desde
Atlanta, pero no parecían lo bastante literarios.Perdida en Japón“Me alejé tanto de lo que quería hacer, escribir una novela, que acabé vendiendo vinos en
Tokio”Quería hacer una novela seria, intelectual, trascendente...“Como Dios manda”, dice Rita, y me salían eran chistes y creía que no era suficiente, no reconocía aquella voz que salía. Crispetes de matinada es el camino que hago hasta darme cuenta de que sí vale, que si yo siento así, es suficiente. Hice un máster de guion de cine sobre una historia de contrabandistas que explicaban mis abuelos, historias ajenas que creía que eran más potentes que la mía propia y más importantes y más serias que la mía. Fui al Ateneu Barcelonès y trabajé la misma historia, pero al final de un curso tenía que hacer una entrega y no me salía del alma, que es lo que yo necesito, no podía entregar nada. Y envié a uno de los correos de
Atlanta: era mi voz, puramente orgánica en bruto, desharrapada. Lo leyeron y dijeron que aquello era bueno. Mi reacción fue como: “Ah, ¿eso vale? ¿Esta burrada?”.Nos lo podemos pasar bien escribiendo.Sí, no hace falta sufrir tanto. Hacía una década que intentaba escribir y me salía. El libro narra este proceso, cuando ya estoy en la treintena y me echan de un trabajo de una manera durísima, y fue un antes y un después. Quizá necesitaba algo tan doloroso, bestia y desagradable para darme cuenta de que mi alma me estaba avisando. En la novela es diferente, pero a mí me echaron un 22 de abril, y después de llorar y llorar me di cuenta de que el día siguiente era Sant Jordi. Empecé a pasear y vi que estaba Ruiz Zafón, al que había leído a los veinte años y me marcó mucho. Compré La sombra del viento por vigésima quinta vez, hice cola de dos horas y le dije: “Mira, tío, me han echado del trabajo, me gusta escribir pero no tengo ni idea de cómo lo haré, no tengo voz”. Y él me dijo: “Sospecho que un día estarás tú detrás del mostrador firmando”. Y pensé: “Este hombre está como una cabra, no tiene ni idea de lo que me está diciendo”. Pero fue precioso y fue cuando me empecé a decir que basta de sufrir, basta de huir, de vender cosas que no entiendes, de ordenar historiales en el hospital de Puigcerdà... Hacía de todo menos lo que quería hacer.Regina Rodriguez Sirvent, en el BornAna JiménezY encontró un coworking que bautiza como el Desastre, el microcosmos que retrata en el libro.Sí, éramos muchos autónomos que nos subíamos por las paredes a casa y queríamos trabajar fuera. Era el 2014 y fue uno desde primeros coworkings de
Barcelona, todavía en construcción como narra la novela. La energía que había me atrapó inmediatamente, porque el edificio es un personaje más.Hizo buenos amigos...Muchos de los que salen en el libro son una mezcla, y particulares: uno le llevaba las redes al papa de Roma, otro que estaba deprimido tras haber vendido su empresa en Silicon Valley por 300 millones... Me pasaba el día escuchando la vida de la gente y fijándome, porque soy así, es como escribo, es como veo el mundo y como vivo y como amo y como siento y como hago el amor. Lo que había allí era pura magia, y creo que los lectores pueden empatizar porque todos hemos tenido un momento así, de plenitud, cuando conectas mucho con lo que te está pasando y con la gente y es la vida entera allí mismo. Es una suerte, porque de alguna manera siempre puedes volver y rescatar aquel momento. Además, puedes hacer el viaje de tu vida a la esquina de casa, no hay que cruzar el Atlántico. Porque aquí, además, están las amigas de siempre, las de la Cerdanya, que son casa. Mi reto era hacer justicia a esta historia, y cuando acabé de escribirla lloré, porque creo que lo he conseguido.Hay que vivir intensamente.Sí, yo soy así. Entre Les calces y este libro me pasaron cosas muy duras –su segundo hijo nació a los seis meses de embarazo y pasaron tres meses en la uci–, y me preguntaban si lo escribiría, y no es el momento. No sé si yo escojo la alegría y la luz y el humor o él me escoge a mí, pero no lo sé hacer de otra manera. Yo quiero escribir una novela donde tú te quedarías a vivir. Yo he estado siempre conectada con la alegría y la vida, y he escrito esta novela desde una alegría todavía más inmensa.Plenitud“Todos hemos tenido un gran momento de conexión, cuando es la vida entera allí mismo”También es una historia de amor con escenas de sexo subidas de tono...Son cosas que pongo tal como las siento, y si yo no mojo braga, no lo hará nadie. Quería que Rita se enamorara, y si piensa en el sexo y hay, ¿qué podía hacer? Además, inspirada en Bob Dylan, Noah hace canciones, y creo que he honrado el oficio artístico, porque no puedo explicar la felicidad que me da escribir, cómo me llena y lo que espero que pueda hacer sentir al otro lado de la página, pero el éxito es tener 70 años y saber que lo intentaste.Vocación artística y humorística.Mi primera noche en la uci fue la peor de mi vida, creía que me volvía loca, pero para entretenerme vi el Polònia, APM y Cites
Barcelona. Al igual que el antibiótico nos salvaba a mi hijo y a mí, la gente que escribió, dirigió y actuó allí me salvaron a mí, y lloré mucho pensando que cuando les dices a tus padres que quieres hacer guion de humor parece de las peores cosas que los padres quieren oír. Pero esta gente salva vidas, a mí me salvaron.A algunos lectores los sorprenderá que hable de pedos...Y eso que me han sacado muchos, ¿¡eh?! Un pedo bien puesto es poderoso, son cosas que pasan, naturales. Es un registro que conozco, igual que con una amiga si tienes mucha confianza podéis ir juntas al lavabo. Hay naturalidad y al mismo tiempo ver la vida con gafas nuevas dejando que te sorprenda. He escrito esta novela con absoluta libertad, sin pensar en nadie, con la misma brújula que Les calces al sol.Redactor de Cultura. Autor de 'Febre amb gel (Fonoll, 2023) y 'Roger Mas. La pell i l'os' (Satélite K, 2011). Licenciado en Periodismo (UAB) y en Filologia Catalana (UB)