Incertidumbre y temor. Estos son los sentimientos que hoy se propagan por todo el mundo a raíz de la guerra iniciada por
Israel y EE.UU. en Irán. Su impacto económico ya se deja notar en el precio de los combustibles y, si la crisis se prolonga, terminará afectando a los servicios básicos y al consumo, con consecuencias muy negativas. Las empresas valencianas conocen bien lo que esto implica, especialmente aquellas que dependen del transporte por carretera para mover o exportar sus productos, desde la industria manufacturera hasta la agricultura. Ayer mismo, en la conferencia pronunciada por el presidente de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA),
Cristóbal Aguado, ante un auditorio repleto de empresarios y representantes de la CEV y Cámara Valencia, se respiraba esta inquietud. Allí se valoraban las medidas adoptadas por el Gobierno para mitigar la crisis, aunque también se advertía de que resultarían insuficientes si el conflicto se agrava.Miles de personas se manifestaron el sábado en
València contra la guerra en Irán Biel Alino / EFEAlgunas voces reclaman que la
Generalitat Valenciana empiece a avanzar en esa dirección. Sorprende que el president
Pérez Llorca no haya convocado todavía, desde el inicio de la guerra, a los sectores productivos para, al menos, analizar qué medidas, al margen de las aprobadas por el Gobierno, podrían adoptarse en el ámbito autonómico.
Vicente Lafuente, presidente de la CEV, señalaba una primera urgencia: garantizar la financiación de las empresas y habilitar líneas de apoyo del Instituto Valenciano de Finanzas (IVF) y de la Sociedad de Garantía Recíproca (SGR), ambos tuteladas por el Consell.Más allá de la capacidad de gestión de la administración autonómica para inyectar recursos a los sectores productivos —siempre limitada, entre otros factores, por la infrafinanciación—, en situaciones de crisis es fundamental que las instituciones sean capaces de articular mecanismos que permitan reaccionar si la situación empeora y, sobre todo, demostrar liderazgo. Por ello, parece razonable exigir al president que, como mínimo, active una mesa de trabajo con la participación de patronales y sindicatos, que facilite la comunicación entre las partes para, en una primera fase, evaluar los recursos disponibles y proponer medidas ante un eventual deterioro del contexto. Asimismo, resulta imprescindible que todos los departamentos implicados, desde Hacienda hasta Empleo, pasando por Infraestructuras, se involucren ya en el análisis y en la definición de propuestas que contribuyan a amortiguar el impacto sobre empresas y ciudadanos.Habrá que ver qué rumbo toma esta dramática guerra, agravada por la imprevisibilidad de Donald Trump, cuyas decisiones amenazan con empujarnos al abismo si el conflicto no se resuelve a corto plazo. En momentos de crisis, como ya ocurrió durante la Covid, es esencial que las instituciones y sus líderes demuestren su capacidad para movilizar todos los recursos disponibles en apoyo de empresas y ciudadanos. Eso es, precisamente, lo que ahora necesitan los valencianos.Licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en
València y redactor jefe de La Vanguardia desde 1991