En un puesto de la Ciudad Antigua de
Jerusalén, las dos últimas unidades de kipá con la imagen de
Donald Trump y el eslógan “Make
Israel Great Again” bordado están en venta por 30 shekels (8,5 euros).La popularidad entre los
Israelíes del presidente de
Estados Unidos llegó a su máximo apogeo en octubre, tras proclamar el acuerdo de alto el fuego en la franja de Gaza y el regreso de los rehenes capturados el 7 de octubre, algo que el primer ministro
Beniamín Netanyahu no había conseguido lograr en dos años. Las calles de
Tel Aviv se llenaron de pancartas son su rostro, en las que le agradecían su actuación y le comparaban con Ciro el Grande, rey mítico de Babilonia que permitió a los judíos regresar a
Jerusalén.Medio año después, el plan de paz para Gaza diseñado por Trump se encuentra completamente estancado, opacado por la gran ofensiva conjunta sobre Irán. Tras meses de conversaciones fútiles y preparaciones militares, los dos aliados se embarcaron en una guerra que ha incendiado toda la región y ha paralizado unas de las mayores vías del comercio mundial, el
Estrecho de Ormuz.Netanyahu, en ese sentido, tiene un objetivo final claro: eliminar a “la mayor amenaza existencial para
Israel”, según ha repetido en innumerables discursos desde hace dos décadas. La idea inicial era aprovechar la debilidad del régimen tras las protestas internas de principios de enero, acabar con la cúpula del régimen y con su programa nuclear.Pese a los consejos de muchos de esos asesores, Trump compró el plan, que comenzó con el asesinato del líder supremo
Iraní,
Jamenei, tan solo unas horas después del inicio de la ofensiva. Otros miembros importantes de la Guardia Revolucionaria y de la estructura del régimen también han sido eliminados.Desde entonces, el presidente estadounidense ha proclamado diversas veces “la destrucción total de las capacidades militares” de los persas, aunque éstos han continuado con su lanzamientos de misiles diarios contra
Israel e infraestructuras petroleras en el
Golfo Pérsico. Los bombardeos tampoco han conseguido alentar a la oposición
Iraní, que por el momento no ha vuelto a tomar las calles.El bloqueo casi total del paso de Ormuz por parte de la armada persa, así como la subida desmadrada de los precios de la gasolina han hecho mella en el compromiso de la
Casa Blanca con la guerra existencial de
Israel. Tras tres semanas de guerra, Trump anunció hace dos días el inicio de las conversaciones con Irán y el retraso de cinco días del ataque sobre sus infraestructuras energéticas. Teherán se ha desmarcado por el momento de estas declaraciones, y asegura que los bombardeos continuarán.
Estados Unidos -junto a un equipo de mediación formado por Pakistán, Egipto y Turquía- propuso el martes la posibilidad de celebrar una “cumbre de paz” con Irán esta misma, en la que presentarán una lista de 15 demandas a cumplir por el régimen. La cumbre probablemente se celebraría en Islamabad, señalaron medios, sin presencia persa confirmada.El nuevo líder de Irán, el líder supremo Mojtaba Jameneí, debe aprobar la asistencia del país, según la cadena, aunque, al parecer, resultó herido durante la actual campaña estadounidense-
Israelí y no se le ha visto ni escuchado desde su nombramiento.Si la diplomacia prospera, el líder estadounidense saldrá de esta contienda con un discurso de victoria, pero sin haber conseguido tumbar el poder de los ayatolás. Para Netanyahu, quien continúa depositando su confianza en su aliado transatlántico, implicaría tomar la decisión de si seguir en la contienda en soledad.Las defensas antiaéreas
Israelíes y su cúpula de hierro se han mostrado muy efectivas en la interceptación de misiles balísticos de Irán, aunque el nuevo armamento persa -que incluye bombas de racimo- han dejado grandes destrozos en las principales ciudades del país y 18 muertos. La actividad económica también se ha detenido en gran medida.A ello se le suma la guerra en Líbano contra la milicia chií Hizbulah y su plan para invadir el sur del país, un conflicto que podría alargarse mucho más en el tiempo que la ofensiva sobre los persas. “
Estados Unidos no está luchando por
Israel.
Estados Unidos está luchando con
Israel por un objetivo común: proteger nuestro futuro, proteger la civilización frente a estos bárbaros”, dijo Netanyahu la semana pasada. Para ello, su única opción es confiar en un impredecible Trump, el único “amigo” que le queda
Israel.Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo