El ultimo esca�oLas alianzas internacionales de
Vox son un obst�culo para un futuro pacto con Feij�oAbascal y OrbanActualizado Mi�rcoles, 25 marzo 2026 - 00:06Audio generado con IAPor mucho empe�o que ponga Moreno Bonilla en aislar las elecciones andaluzas de la batalla nacional, los resultados de los comicios del 17-M completar�n junto a los de Castilla y Le�n, Extremadura y Arag�n el an�lisis del estado de las izquierdas y derechas de cara a las generales. Un contexto de "primarias" territoriales en el que, si se cumplen las buenas previsiones del PP en Andaluc�a, saldr� reforzada la creencia (equivocada) de que existe un bloque homog�neo de derechas -la suma de PP y
Vox- que arrasar� s� o s� al sanchismo. Esta conclusi�n es a la que lleg� alegremente la direcci�n del PP tras la c�moda victoria de Ma�ueco en Castilla y la mayor�a absolut�sima que puede formar junto a
Vox... Si se ponen alg�n d�a de acuerdo, claro. Pero la ilusi�n de la existencia de este bloque de derechas parte del error que supone negarse a asumir que
Vox es un partido netamente antisistema y que tiene como prop�sito demoler el "r�gimen del 78", no regalar a Feij�o una c�moda estad�a en La Moncloa. Lo demuestran sus ataques a la Corona y otras instituciones del Estado, am�n de su desprecio por la compleja realidad social y cultural de Espa�a. La portavoz de
Vox, Pepa Mill�n, dej� claro este lunes que su partido naci� para "combatir el bipartidismo".
Vox, en este aspecto, no miente: no es el hermano hooligan del PP sino su enterrador. Si nos atenemos, pues, a las palabras y acciones de
Vox, resulta evidente que la supuesta unidad de la derecha no es tal. Es una ficci�n. Los dos partidos pueden compartir la voluntad de poner fin al sanchismo, incluso llegar temporalmente a alg�n tipo de pacto, pero son fuerzas esencialmente antag�nicas respecto a su modelo social y democr�tico. Y como apunta Miguel �ngel Quintanilla en Contra la Ruptura, la competici�n electoral entre la izquierda y la derecha tiene lugar dentro de una competici�n m�s importante para el futuro de Espa�a, la que enfrenta al constitucionalismo con los populismos -de izquierda y derechas- que forman "un verdadero bloque de ruptura del sistema pol�tico de 1978". Esta nueva iconoclastia no se puede interpretar sin sus conexiones ideol�gicas internacionales, ni sin recordar que el bloque de ruptura opera en los dos extremos. Este fin de semana, despu�s de arribar a
Cuba en esa indecente flotilla de vividores de la revoluci�n, Iglesias se dedic� a blanquear al r�gimen castrista entrevistando a D�az Canel; mientras en Budapest Abascal retozaba con Orban, Le Pen y toda la internacional Putitrump cuyo objetivo confeso es cargarse el proyecto de la UE y en conexi�n directa con el Kremlin: el ministro de Exteriores h�ngaro ha estado filtrando a Mosc� las deliberaciones secretas del Consejo de Europa. No cabe restar importancia a estas amistades peligrosas de
Vox. Definen al partido de Abascal y son a la vez un obst�culo insalvable para cualquier hip�tesis de coalici�n tras las generales. En plena ofensiva del eje Washington-Mosc� contra la UE, con la democracia liberal amenazada y el viejo orden mundial resquebrajado, meter a su franquicia espa�ola en el Consejo de Ministros ser�a moralmente catastr�fico y pol�ticamente contraproducente para el PP, ya que encontrar�a seria oposici�n en los principales gobiernos europeos. De hecho, Merz ya ha transmitido discretamente que el PP europeo quiere al h�ngaro
Vox lejos de La Moncloa. As� que cuando Moreno Bonilla gane en Andaluc�a, y los titulares proclamen el auge imparable del conjunto de la derecha, convendr� recordar que Feij�o no tiene en
Vox un socio de gobierno fiable, sino un adversario a la espera.