Pese a las iniciativas de algunos obispados por la inclusión y la existencia de sentencias favorables a la igualdad en la Semana Santa, algunas hermandades mantienen su veto a las mujeres. El rechazo de los cofrades de
Sagunto (
Valencia) a las nazarenas es singular, pero no único.
Nuestro Señor Jesucristo en Su Santo Sepulcro de Aguilar de la Frontera (
Córdoba, 13.500 habitantes), cuya festividad ha sido declarada de Interés Turístico Nacional, lo establece en sus estatutos: “Es esta una Hermandad constituida por miembros masculinos”. Las únicas mujeres permitidas en la agrupación son una docena que, de acuerdo con las normas de la entidad, representan “las 12 mujeres que siguieron a Cristo en su vida y pasión”. Pero su presencia “es simplemente de carácter simbólico” y solo podrán formar parte “viudas o hijas solteras de los hermanos difuntos del Setenta y Dos”. Este 72 es el núcleo central y fundacional de la hermandad y se designó en memoria del pasaje del Evangelio de San Lucas (10:1-24) donde se relata que Cristo eligió a este número de seguidores para preparar su llegada a los pueblos.Al igual que en
Sagunto, una parte crítica de los integrantes del Santo Sepulcro de Aguilar con los estatutos y algunas mujeres plantearon en 2024 la “posible incorporación oficial de hermanas a la cofradía”. La Junta de Gobierno decidió nombrar una comisión para valorar la petición y el estudio sobre “el derecho del personal femenino” se sometió a consulta un año después. La hermandad decidió por una decena de votos mantener el veto a la mujer alegando que es la “tradición” y que hay otras organizaciones con la misma norma.Una de estas agrupaciones era la
Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna, que impedía en su texto legal la incorporación de hermanas.
María Teresita Laborda Sanz lleva tres lustros pleiteando contra el artículo 1 de la organización, que se define como “de caballeros”, al considerar que “excluye a la mujer” y “vulnera los derechos fundamentales de asociación, igualdad y no discriminación por razón de sexo”. El
Tribunal Constitucional le dio la razón en 2021, pero el pleito continúa porque la hermandad y el Obispado recurrieron ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) alegando que la obligación de admitir mujeres supone una injerencia del Estado y vulnera la libertad religiosa y de asociación.En el ámbito de la Iglesia, el arzobispo de
Sevilla en 2011,
Juan José Asenjo, zanjó el debate con un decreto que “determina la plena igualdad de derechos entre los miembros de las hermandades y cofradías de la archidiócesis, sin que sea posible discriminación alguna en razón del sexo, incluida la participación en la estación de penitencia como acto de culto externo”. Pero esta norma no es general.De hecho, el Obispado de
Córdoba aprobó hace dos décadas los estatutos reformados de la hermandad de
Aguilar de la Frontera, fundada en 1804, con todas las medidas excluyentes que figuran. La representación de los obispos del sur de España, Odisur, no respondió a los requerimientos de este periódico para aclarar las razones del respaldo a la singularidad de la cofradía.Las mujeres devotas del Cristo del Santo Sepulcro solo pueden participar en el desfile del Viernes Santo, en su mayoría vestidas de riguroso luto, por delante de los faroles que abren la procesión, fuera del cortejo oficial. Ni siquiera si son hijas de los 72 pueden heredar el puesto de su progenitor, ya que la norma solo permite el traspaso de esta representación entre varones.La alcaldesa de
Aguilar de la Frontera, Carmen Flores (de Izquierda Unida), defiende “que la mujer tenga los mismos derechos que el hombre y la igualdad en todos los niveles”. No obstante, sobre el caso de la cofradía de su municipio precisa: “El Ayuntamiento es una institución laica y no tiene nada que decir sobre la organización de la hermandad”. Flores aclara que las subvenciones que otorga el municipio para la Semana Santa, como festividad de interés turístico, se conceden a la agrupación de cofradías y no a una en particular. También sostiene que colaboran con la del Sepulcro y el resto en las actividades “que responden a los intereses de todos”.En el caso de
Sagunto, el Gobierno de España anunció el inicio del procedimiento para revocar la declaración de la Semana Santa de esta localidad como Fiesta de Interés Turístico Nacional por la votación de los cofrades contra la inclusión de las mujeres en la participación de las manifestaciones religiosas.Justificación del hermano mayorJosé Cabezas Ruiz, hermano mayor del Santo Sepulcro, defiende que es una cofradía “un tanto particular, casi familiar” (la componen unos 120 hombres). “Desde su fundación, hace más de dos siglos, las mujeres participaban de otra manera. La procesión intenta reproducir un entierro tradicional y a ellos iban solo los hombres, que visten una túnica de monje. Las mujeres son las que han vestido siempre a los hermanos”, explica Cabezas.Los estatutos se tuvieron que modificar hace dos décadas para adaptarse al marco que estableció el Obispado, según relata el máximo responsable de la cofradía, pero en este proceso no se modificaron los artículos excluyentes y la autoridad católica los aprobó.“Lo mantenemos por tradición”, sostiene Cabezas, quien asegura: “Las mujeres de los cofrades son las primeras que, salvo una, cuando hablas con ellas, no quieren cambiar”. En la votación de hace un año no participaron mujeres y el rechazo a la inclusión de mujeres salió adelante por pocos votos, lo que indica que en el seno de la organización hay una corriente a favor de una revisión de las normas.Cabezas atribuye a las mujeres un papel fundamental en la gestión y financiación de la casa hermandad, pero insiste en que no reclaman su incorporación con plenos derechos: “Ellas son las primeras que no quieren y, de hecho, yo creo que se crearía un problema sí se permitiera porque hay muchas que han dicho que, en el momento en que las mujeres entren, ellas dejan de trabajar para la cofradía”. El hermano mayor admite que, como no tienen derecho a voto, no puede demostrar esta afirmación, pero refiere que “lo han hablado con ellas”.“No queremos que la tradición se rompa, pero no estamos en contra de nada. Si nos obligan a cambiar pues habrá que cambiarlo [el estatuto], pero ahora mismo lo que hemos votado es no hacerlo”. El Obispado no se ha pronunciado, salvo en el momento en que aprobó los estatutos que incluía las cláusulas discriminatorias.