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NSR-2026-0326-36327Analysis·ES·Environmental

¿Es realmente posible el ya anunciado renacimiento nuclear?

Durante la cumbre climática COP28 en Dubái, más de 110 países se comprometieron a triplicar la capacidad mundial de energías renovables para 2030. Paralelamente, más de 20 países, incluyendo EE.UU.

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Durante la cumbre climática COP28 en Dubái, más de 110 países se comprometieron a triplicar la capacidad mundial de energías renovables para 2030. Paralelamente, más de 20 países, incluyendo EE.UU. y Reino Unido, firmaron una declaración comprometiéndose a triplicar la capacidad nuclear mundial para 2050, reconociendo la energía nuclear como clave para la descarbonización. La declaración insta a instituciones financieras a incluir la energía nuclear en sus políticas de préstamo. A pesar del apoyo a la energía nuclear, el crecimiento de la capacidad nuclear mundial entre 2000 y 2022 fue de solo un 8%, contrastando con el crecimiento significativo de la energía eólica y solar. El análisis sugiere que existen problemas estructurales que dificultan un gran avance en la energía nuclear.

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The declaration urged financial institutions to revise lending policies to include nuclear energy.

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Global installed nuclear capacity grew by only 30 GW between 2000 and 2022.

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Installed wind capacity grew by almost 900 GW and solar by about 1,000 GW between 2000 and 2022.

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Over 20 countries committed to tripling global nuclear capacity by 2050 at COP28.

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More than 110 countries pledged to triple global renewable energy capacity by 2030 at COP28.

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En la cumbre climática COP28 celebrada en Dubái en diciembre del 2023, más de 110 países hicieron la promesa histórica de triplicar la capacidad mundial de las energías renovables en el 2030 y se comprometieron además a duplicar la tasa anual de mejora de la eficiencia energética. Esa declaración formaba parte de un esfuerzo más amplio de no alejarse del objetivo de 1,5ºC del Acuerdo de París; y fue la primera vez que se fijaba formalmente un objetivo tecnológico global de ese tipo en una COP. Dicho compromiso debe traducirse en un aumento de la capacidad renovable instalada hasta al menos 11.000 GW para el 2030, un importante salto con respecto a los niveles actuales.En la misma cumbre, se hizo poco después otra declaración. Más de 20 países (entre ellos, grandes economías como EE.UU., Reino Unido, Francia, Japón y Emiratos Árabes Unidos, con el apoyo de la Agencia Internacional de Energía Atómica, AIEA/IAEA), firmaron una declaración en la que se comprometían a triplicar la capacidad nuclear mundial en el 2050. Era la primera vez que un documento de la COP reconocía la energía nuclear como una tecnología clave de bajas emisiones y especialmente vital para la descarbonización de sectores donde la reducción es difícil y para la producción de hidrógeno. La declaración también instaba a las instituciones financieras internacionales a revisar sus políticas de préstamo para incluir en ellas la energía nuclear, lo que supone un cambio muy grande en la forma de financiar y desplegar la energía nuclear.Un hombre sostiene un mapa de las centrales nucleares en Francia durante una manifestación antinuclear en París ArchivoLa declaración fue aclamada por el sector nuclear y sus defensores. Aun así, la comparación entre los dos documentos en lo referente a la ambición, los horizontes temporales y el número de partes implicadas resulta reveladora. Entre el 2000 y el 2022, poco antes de la COP de Dubái, la capacidad eólica instalada a escala mundial creció en casi 900 GW (5.000%) y la solar, en unos 1.000 GW (100.000 %). En ese mismo período, la capacidad nuclear mundial instalada creció en apenas 30 GW, algo más de un 8%, en gran medida porque el cierre de centrales contrarrestó las nuevas construcciones.El presente análisis se basa en nuestra investigación sobre el sector nuclear mundial y pone de relieve algunos de los problemas estructurales y de las paradojas inherentes que convierten en muy improbable cualquier mejora radical, por mucha voluntad política que se genere en torno a la visión de un futuro nuclear.Fijarse en lo que se hace, no en lo que se diceYa hemos oído anuncios de un “renacimiento nuclear”, anuncios que regresaban como un estribillo o un conjuro y con los que un sector en apuros intentaba exorcizar realidades desfavorables. Desde el desastre de Chernóbil, el sector nuclear ha permanecido en un estado de estancamiento, pero con el paso del tiempo y la disipación del recuerdo del desastre, un número cada vez mayor de responsables políticos, activistas, periodistas y expertos del sector ha intentado revivir la visión de una “electricidad tan barata que no hay que medirla”, como decía un viejo eslogan estadounidense. El problema radicaba en que no era nada barata y, además, la catástrofe de Fuku­shima se produjo en el momento preciso para acabar con el impulso que había adquirido la industria nuclear a principios de la década del 2000. Ahora bien, a medida que se acelera la crisis climática y se generalizan los llamamientos a la descarbonización y la neutralidad total en carbono, los planificadores del sector energético de todo el mundo recurren de nuevo a la promesa de la energía nuclear.Se trata del tipo de sector en el que lo que se dice importa muy poco en comparación con lo que se hace. En lugar de fijarnos en promesas y declaraciones, debemos analizar si alguno de los firmantes del documento de Dubái está creando realmente las condiciones para que la energía nuclear vuelva a ser una opción viable a los ojos de los inversores.Aquí hay que hacer una diferencia con los países no europeos, que (salvo Corea del Sur) son regímenes autoritarios o híbridos, capaces de desoír o reprimir la resistencia social, y en los que el Estado está mucho más involucrado en la economía de lo que está, o al menos lo estaba hasta hace poco, el modelo capitalista occidental.Durante muchos años, los gobiernos europeos y estadounidenses se limitaron a retocar los parámetros y, en el mejor de los casos, a conceder subvenciones para investigación y desarrollo. En los últimos tres años se han producido algunos cambios en ese sentido y, en particular, se han tomado medidas para agilizar los procesos de concesión de licencias. En el 2023, Francia aprobó una ley que promueve la aceleración y simplificación de los procedimientos para la creación de nuevas instalaciones nucleares. Además, al año siguiente se aprobó una ley destinada a dinamizar el sector de la contratación pública en aras de la “soberanía energética” y a apoyar la construcción de nuevos reactores. El Reino Unido también ha flexibilizado su régimen de concesión de permisos, lo que permite considerar más emplazamientos para nuevas centrales nucleares. En EE.UU., las órdenes ejecutivas de Trump también se han centrado en agilizar las pruebas y el desarrollo de reactores.Con todo, esas reformas normativas que podrían acortar el plazo necesario para que la energía nuclear sea a medio plazo una solución viable para la descarbonización se encuentran en una fase muy temprana. No está claro todavía hasta qué punto se puede acelerar y simplificar la aprobación normativa, dada la complejidad de la tecnología, unos requisitos únicos en materia de seguridad y el escepticismo popular en relación con la energía nuclear (si no en general, al menos en la vecindad de las plantas).No hay revolución sin un firme apoyo gubernamentalSin dinero, las declaraciones, los memorandos de entendimiento, la simplificación de los permisos y las subvenciones para la investigación no se traducen en un mayor despliegue de nuevos reactores; al menos, no a corto o medio plazo. Por lo tanto, la financiación de nuevos reactores nucleares es un obstáculo importante en las economías de mercado.En ese ámbito observamos también en Francia, Suecia, EE.UU. y el Reino Unido intentos de ajuste de las políticas públicas con el objetivo de desbloquear la financiación de nuevos proyectos nucleares o finalizar los que se encuentran estancados. Eso incluye préstamos sin intereses o a bajo coste, subvenciones gubernamentales directas o soluciones que trasladan la carga financiera a los consumidores finales en una fase más temprana del proceso.Mapa accidentes nucleares solo desde 1950 hasta el 2011 ArchivoEn general, observamos en los países occidentales un compromiso gubernamental cada vez mayor que se manifiesta sobre todo en una voluntad de asignar fondos públicos. Y no son cantidades insignificantes: hace dos años, eran solo millones de euros, destinados por lo general a investigación y desarrollo. Ahora los gobiernos hablan de miles de millones. Queda por ver si la normativa de la UE sobre ayudas estatales bloqueará algunas de las propuestas más intervencionistas y estatistas de los estados miembros.Las subvenciones y el apoyo gubernamentales son necesarios, pero no suficientes. El principal cambio que hay que realizar para que la energía nuclear sea competitiva y plenamente viable desde el punto de vista económico (un cambio que no se está llevando a cabo) es la reforma del mercado eléctrico, así como una demanda inducida por el Gobierno para renovar las cadenas de suministro. Los problemas de la cadena de suministro acabarán por resolverse si el compromiso del Gobierno se mantiene, pero harán más difícil terminar a tiempo y dentro del presupuesto la nueva generación de proyectos nucleares.Los SMR: ¿una solución real o un truco de marketing?Las economías de escala han sido tradicionalmente la ventaja más importante de la energía nuclear. Dejando de lado los costes iniciales de capital, la resistencia social y los problemas de gestión de los residuos radiactivos, el hecho de que los reactores civiles sean capaces de producir grandes cantidades de electricidad las 24 horas del día y que, cuanto más producen (en el caso ideal, sin interrupciones), más barata se vuelve naturalmente, ha sido la motivación central de todos los programas nacionales de energía nuclear que han tenido éxito.Por lo tanto, parece algo paradójico que hoy la mayor esperanza del sector nuclear resida en una solución que despoja esa tecnología de su mayor ventaja. Los reactores modulares pequeños (SMR) no logran economías de escala en la producción de electricidad; se supone que su ventaja radica en la escalabilidad y en encontrar nichos en un sistema energético dominado por las energías renovables. En contrapartida, su ratio de generación de energía respecto a los residuos producidos es peor que en los reactores convencionales.La promesa de los SMR es sólida si aceptamos que ahí las economías de escala residen en la producción industrial de unidades de reactores prefabricadas. Si una menor escala es el precio que hay que pagar para ello, puede haber un margen de negocio. Se trata de una visión que deja de lado todos los temores acerca de la seguridad y la protección de los reactores, lo cual, para cualquiera que conozca el sector, suena como mínimo ingenuo, cuando no directamente peligroso. Por otro lado, en un sector que necesita imperiosamente renovar su imagen, los SMR son la mejor (¿o la única?) idea sensata existente.El despliegue eficaz de los SMR requiere la elección de un diseño ganador que pueda entrar en producción a gran escala y convertirse en un estándar. Según el OIEA/IAEA, hay actualmente más de sesenta diseños. Además, el despliegue también requiere la construcción y la prueba de prototipos, así como la producción de una serie operativa inicial que permita el aprendizaje iterativo; pero ¿de dónde saldrán la demanda, la financiación y la experiencia operativa de la primera serie? ¿Dónde encontramos inversores capaces y dispuestos a financiar la serie operativa inicial?Por todo ello, los SMR dependen de dos condiciones simultáneas: que los gobiernos o los inversores privados asuman el riesgo de una financiación a gran escala que permita el aprendizaje mediante la práctica; y, en segundo lugar, que el retraso en el proceso de aprendizaje acabe permitiendo la competitividad frente a las tecnologías solares, eólicas y de baterías, que mejoran rápidamente y se despliegan a bajo coste.La hegemonía mundial de RosatomDejando de lado el ruido publicitario en torno a los SMR (que siguen siendo hipotéticos), serán los grandes agentes quienes impulsen cualquier renacimiento industrial a gran escala. El único agente importante que está construyendo reactores a gran escala y a nivel internacional es el gigante nacional ruso: Rosatom.La empresa estatal rusa de energía nuclear ha construido una amplia cartera global de proyectos nucleares, lo que la convierte en el agente más activo del mercado nuclear internacional. A principios del 2022, Rosatom participaba en 73 proyectos en 29 países, proyectos que incluyen desde reactores en funcionamiento hasta instalaciones planificadas y propuestas. Sus actividades abarcan la construcción de reactores, el suministro de combustible, el desmantelamiento y la gestión de residuos, con una cooperación formalizada en 54 países. La actuación de Rosatom comporta importantes inversiones en países como Egipto, Turquía y Sudáfrica; y la compañía mantiene acuerdos bilaterales y memorandos de entendimiento con muchos otros. Pese a algunos contratiempos (como las cancelaciones en Finlandia, Jordania y Eslovaquia tras la invasión de Ucrania por parte rusa), muchas asociaciones siguen intactas; sobre todo, en países con vínculos históricos con Rusia o con necesidades energéticas estratégicas.RosatomLVLa ventaja característica de Rosatom radica en su capacidad para ofrecer el servicio integral de una ventanilla nuclear única. Es el único proveedor mundial que ofrece un paquete con todo incluido: diseño y construcción de reactores, suministro de combustible, formación, apoyo en materia de seguridad y normativa, así como opciones de financiación flexibles, respaldadas a menudo por líneas de crédito del Estado ruso. Se trata de unas condiciones de lo más atractivas para los recién llegados al sector nuclear en regiones como Oriente Medio, África y Sudamérica. Rosatom también destaca por su capacidad para recuperar el combustible nuclear gastado, un servicio que pocos competidores ofrecen. Su modelo de construcción, propiedad y operación, aplicado por primera vez en Turquía, permite a Rosatom conservar la propiedad y el control operativo de las centrales nucleares en el extranjero; ello suscita preocupaciones en relación con la soberanía y la seguridad energética, pero ofrece soluciones llave en mano a los países que carecen de experiencia nuclear.Como ya han señalado muchos expertos en seguridad, Rosatom desempeña un papel central en la diplomacia energética de Rusia, puesto que funciona como empresa comercial y como herramienta estratégica de la política estatal. Sus compromisos globales crean capas de dependencia (técnica, económica, institucional e incluso personal) a través de programas de formación, becas y personal ruso integrado. Esas relaciones pueden aprovecharse para ejercer influencia, presión y proyección de poder blando. En algunos casos, como Hungría y Armenia, se espera que los reactores construidos por Rosatom suministren más de un 40% de la electricidad nacional, lo que crea una importante vulnerabilidad frente a las interrupciones del suministro. En un momento en que los países occidentales se distancian cada vez más de los vínculos energéticos con Rusia, muchos países no occidentales siguen colaborando con Rosatom, considerado como un socio fiable en sus transiciones energéticas. Esa doble función, como proveedor de tecnología e instrumento diplomático, posiciona a Rosatom como un agente clave en la estrategia de influencia global de Rusia.¿Pueden las empresas occidentales ponerse al día?En las condiciones geopolíticas actuales, ni Rosatom ni sus socios chinos son aceptables para las empresas occidentales, y Occidente tiene interés en limitar esas influencias a nivel mundial. ¿Qué haría falta para que otros (en especial, los productores occidentales) aumentaran sus capacidades?La respuesta comienza y termina con la demanda: a menos que se ajusten las normas del mercado y la financiación para dar cabida a la energía nuclear, no se producirá su implantación. Para que se ajusten los mercados, los estados occidentales tendrán que reconstruir la capacidad industrial externalizada a Japón, China y Corea del Sur; y ello puede requerir medidas comerciales como aranceles e importantes subvenciones para reactivar la producción nacional de acero y maquinaria pesada.Aun en el caso de que se proporcione apoyo público y se flexibilicen las reglas del mercado, persiste una gran incertidumbre acerca de la materialización de todos los proyectos, ya que hay pocos agentes en el mercado capaces de llevarlos a cabo. Pese a toda la atención que recibe, el sector nuclear es relativamente pequeño, el número de participantes en el mercado mundial es muy reducido, y las capacidades y los conocimientos técnicos están muy concentrados.En sí misma, la concentración no es necesariamente problemática, ya que las grandes compañías suelen actuar como contratistas de ingeniería, compras y construcción, y subcontratan la mayor parte de la producción de componentes. El problema fundamental es la falta de coordinación: las empresas no ampliarán su capacidad sin un compromiso claro por parte de los gobiernos, y los gobiernos dudan a la hora de apoyar proveedores incapaces aún de ofrecer economías de escala.La reindustrialización también requerirá políticas para atraer a trabajadores cualificados de vuelta al sector manufacturero, algo que incluirá incentivos laborales específicos y cambios en los planes de estudios de la educación superior. También supondrá reconstruir el capital humano que el sector nuclear occidental ya ha perdido para siempre. Si durante quince años una empresa no ha construido reactores nuevos, eso suele significar que ha perdido su experiencia interna, puesto que su personal se ha jubilado o se ha trasladado a otro lugar. Por lo tanto, no es de extrañar que, tal como comentó una fuente a los autores, en la principal obra de construcción de reactores de la UE, situada en Finlandia, los trabajadores fueran de 57 nacionalidades diferentes y utilizaran manuales en ocho idiomas distintos. Y aquí vemos que no se trata solo de recuperar el talento en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas para el sector, sino también para toda Europa.El ADN del sector nuclear: por qué es tan improbable un renacimientoAl revisar la bibliografía científica sobre el sector energético y su gobernanza, podemos identificar ocho retos importantes que parecen ser inherentes y que pueden bloquear cualquier expansión rápida y amplia con la magnitud y la velocidad necesarias para que la energía nuclear desempeñe de verdad un papel importante en la lucha contra el cambio climático y la descarbonización.La cuestión que más se señala en los medios de comunicación (incluso en los favorables a la energía nuclear) es el exceso de costes y los retrasos crónicos. Al igual que otros megaproyectos, las estimaciones presupuestarias de las centrales nucleares adolecen de un sesgo optimista y de una desinformación estratégica, ya que los responsables de la toma de decisiones buscan, aceptan y difunden de forma activa información que minimiza los riesgos y sobreestima los beneficios. Los sobrecostes surgen principalmente durante la construcción. Además, la complejidad de los diseños de los reactores modernos invita a realizar pequeños ajustes de ingeniería que, aunque tienen la capacidad de mejorar el rendimiento, pueden plantear de forma acumulativa sustanciales retos de construcción. Incluso con diseños de reactores muy estandarizados, las economías de escala no están garantizadas. Los problemas de construcción provocan retrasos, y los retrasos aumentan los costes. Cuanto mayor es el retraso, mayor es el coste total del proyecto, que suele financiarse con créditos.Prototipo de SMR ArchivoLa corrupción es endémica en los grandes proyectos de infraestructura, y el soborno y la malversación se producen en todas las fases del proyecto y las cadenas de suministro, desde el inicio de un proyecto nuclear hasta la certificación de los equipos y las subcontratas. La intensa politización y los grandes presupuestos fomentan las corruptelas y el favoritismo.Una cuestión muy relacionada es la garantía de calidad. A pesar de las importantes mejoras en la seguridad de los reactores, persisten los problemas de la calidad de la construcción. Se usan habitualmente materiales de calidad inferior y piezas no certificadas, se contrata a personal no cualificado y se falsifican los documentos de cualificación y los informes de pruebas de materiales y equipos. Los gobiernos y organismos reguladores pueden ser cómplices en ese sentido; sobre todo, en países con una cultura de seguridad y una calidad de gestión más débiles.Todo ello está relacionado con una cultura nuclear caracterizada por el secretismo, o en parte es su resultado, lo que supone restricciones a la transparencia y la rendición de cuentas, incluso en democracias consolidadas. El déficit de transparencia se muestra a menudo en el hecho de que los estudios de viabilidad, análisis del flujo de caja, evaluaciones de impacto ambiental y otros documentos cruciales no están accesibles al público. También se consideran secretos los detalles de los acuerdos intergubernamentales, los préstamos o los contratos con los proveedores. Los procesos de consulta, si existen, son meras formalidades y tienen duración limitada.La lucha EE.UU.-China también se da en el ámbito de la independencia energética AFPAlgunos gobiernos van más allá y eximen a los proyectos nucleares cumplir las leyes de acceso a la información o facultan a los servicios secretos para reprimir los movimientos antinucleares. El déficit en la rendición de cuentas suele involucrar grupos reducidos encargados de la toma de decisiones. Incluso en países democráticos, la oposición puede quedar excluida del proceso, pese a que los proyectos nucleares abarcan múltiples ciclos electorales y requieren un acuerdo bipartidista. Las decisiones clave (incluida la financiación de los proyectos) pueden tomarse con rapidez, a veces en cuestión de semanas o meses, y de acuerdo con normas poco claras.Los temores en materia de seguridad están relacionados con los riesgos de radiación de los residuos nucleares, así como con los riesgos geopolíticos de la proliferación. En la actualidad, la mayor parte de los residuos se almacenan en instalaciones húmedas o secas cercanas a las centrales nucleares, mientras se decide su traslado a los lugares de almacenamiento definitivo, que suelen ser depósitos geológicos profundos. La identificación de lugares adecuados se ha convertido en una cuestión política y ética controvertida. Como consecuencia de los programas nucleares militares, el riesgo de que se utilicen indebidamente los materiales o tecnologías nucleares con fines maliciosos siempre ha sido una preocupación importante.Las diferentes formas de dependencia con respecto al proveedor de tecnología o combustible se suman al riesgo geopolítico. Los proyectos nucleares son de gran envergadura, suelen representar entre unos pocos y varias decenas de puntos porcentuales de la capacidad de generación instalada de un país, y son componentes críticos de sistemas eléctricos de por sí frágiles; sin embargo, la dependencia también puede tener una dimensión económica o institucional.Por lo tanto, no es de extrañar que gran parte de la oposición pública surja de preocupaciones compartidas sobre diversos aspectos de la energía nuclear, como la seguridad, los riesgos para la salud o el impacto medioambiental. Una fuerte oposición puede dar lugar a movimientos antinucleares, que influyen en los proyectos mediante acciones no conflictivas o conflictivas.ConclusionesTodos estos factores están interrelacionados, es decir, el secretismo conduce a la corrupción, la corrupción conduce a los temores acerca de la seguridad, lo cual desencadena a su vez protestas públicas que provocan retrasos y aumentan los costes. Tomados en su conjunto, plantean serias dudas sobre la posibilidad de cumplir el objetivo fijado en Dubái y sobre la mayor atención general prestada a la energía nuclear como herramienta de mitigación del cambio climático. La energía nuclear sigue siendo una idea fascinante, pero su aplicación es inevitablemente complicada. Además, el calendario no está bien ajustado: incluso con medidas inmediatas, todo el sistema energético estará en gran medida descarbonizado gracias a la energía solar, eólica y las baterías mucho antes de que introduzcamos productos nucleares capaces de competir con la energía solar, eólica y las baterías existentes hoy en día (¡!).Kacper Szulecki es profesor de Gobernanza Climática Internacional en el Instituto Noruego de Asuntos Internacionales (NUPI) y en la Universidad de Oslo. Copresidente del Grupo Permanente sobre Política, Normativas y Gobernanza Energéticas del Consorcio Europeo de Investigación Política (ECPR). Jan Osička es profesor asociado de Política Energética en la Universidad Masaryk de Brno (Chequia) , donde dirige el programa de máster en Estudios de Política EnergéticaCómo leer Vanguardia DossierVERSIÓN IMPRESA • Compra de ejemplar. La edición impresa de VANGUARDIA DOSSIER se puede adquirir en quioscos y librerías habituales al precio de 12 euros. • Suscripción. Solicita tu suscripción llamando al 933481482 y recibirás VANGUARDIA DOSSIER cómodamente en tu domicilio. VERSIÓN DIGITAL • Compra de ejemplar. La edición digital de VANGUARDIA DOSSIER está disponible de forma gratuita en la app “Vanguardia Dossier” para iOS (App Store) y Android (Google Play Store). Cada ejemplar tiene un coste de 8 euros. • Suscripción. Suscríbete a La Vanguardia Premium y accede sin límites a todos los contenidos de La Vanguardia y VANGUARDIA DOSSIER en su versión digital.
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