El expresidente de
Venezuela,
Nicolás Maduro, y la exprimera dama,
Cilia Flores, tuvieron este jueves su segunda cita ante el tribunal de
Nueva York y eso les permitió romper la monotonía del duro presidio de
Brooklyn, donde están separados, en el que se hallan desde principios de enero, tras ser secuestrados por fuerzas especiales estadounidenses en su residencia de
Caracas.A diferencia de su anterior comparecencia, cuando se declaró “no culpable, completamente inocente” y “prisionero de guerra”, esta vez Maduro no habló públicamente para defenderse de los cargos de narcoterrorista que le imputan. Su voz solo se le escuchó para intercambiar saludos y cumplidos con sus abogados. En la sala daba buen aspecto, sobre todo porque tiró mucho de sonrisa. Muy cerca de él, su esposa, vestida con el mismo mono penitenciario, también exhibió esa imagen de resistencia, de que no les doblegan.Dibujo de Maduro y su esposa,
Cilia Flores, duran su segunda audiencia frente a un tribunal en Estados Unidos. Jane Rosenberg / ReutersMientras la vista real tenía lugar afuera, frente al edificio judicial en el bajo Manhattan, punto de tensión al reunirse varias decenas de manifestantes, unos partidarios y otros críticos con Maduro, la sesión en el tribunal se convirtió en una discusión legal con tintes de geoestrategia internacional. El juez cuestionó si el Gobierno de
Donald Trump puede impedir que
Venezuela financie la defensa legal de Maduro y su esposa sin violar sus derechos constitucionales en EE.UU.El magistrado
Alvin Hellerstein, de 92 años, rechazó la solicitud de la defensa, liderada por
Barry Pollack (previamente representó a
Julian Assange, de
WikiLeaks) de desestimar el caso por este asunto, si bien puso en apuros al fiscal, quien argumentó que el bloqueo de esos fondos es el resultado de las sanciones impuestas por la Casa Blanca, ya en el 2019, basándose en razones de seguridad nacional y política exterior.“El acusado Maduro está aquí, Flores está aquí. No representan ninguna amenaza adicional para la seguridad nacional”, replicó Hellerstein, nombrado juez por el presidente demócrata Bill Clinton. Incluso apuntó que Washington y
Caracas hacen negocios. “El derecho que está en juego, y que es primordial sobre otros derechos, es el derecho a la asistencia letrada constitucional”, reiteró.Hellerstein explicó a Pollack que podría volver a plantear la solicitud si el Departamento del Tesoro no da marcha atrás en su decisión de impedir que
Venezuela pague los honorarios legales de Maduro. El juez reconoció que el “gobierno tiene derecho a bloquear los fondos”, aunque sugirió que la licencia que permitiría dichos pagos podría haber sido “retenida de manera arbitraria”. A esto responderá cuando presente su decisión, para la que no dio fecha, y en la que podría incluir excepciones alternativas a esas sanciones.Los presentes en la sala mantuvieron un respeto absoluto al “decoro” que solicitó el alguacil, quien, además, amenazó con castigo si alguien se mostraba irrespetuoso o se dirigía al acusado. En la primera cita alguien gritó en contra del presidente depuesto a la fuerza.Otro asunto que resolverá el juez es la oposición de la defensa al requerimiento de la fiscalía de no compartir información con los acusados porque esos podrían comunicarse con los otros cuatros imputados en esta causa de tráfico de drogas, corrupción y posesión de armas que continúan en
Venezuela. El trámite va para largo.Escasa hora y media después de arrancar la sesión, Maduro, de 63 años, y su esposa, de 69, emprendieron el regreso a ese hogar obligado que es el Centro de Detención Metropolitano (MDC), una cárcel descrita como peligrosa e inhumana. Los abogados denunciaron ante el juez las condiciones sanitarias y médicas al solicitar que Flores sea sometida a una revisión cardiológica.La audiencia duró hora y media y la decisión del juez va para largo“Maduro quiere 40 millones de las arcas públicas para pagar su defensa cuando en los hospitales de
Venezuela no tienen material y la gente se muere de hambre”, resumió un opositor, que había asistido a la audiencia, a un nutrido grupo de curiosos.En ese momento, en la calle ya había bajado la tensión entre partidarios y opositores al expresidente, después de momentos que no escalaron a más por la vigilancia policial. “Manos fuera de
Venezuela”, “No pasarán” o “Yankees go home”, corearon los partidarios de Maduro.“Hemos venido a oponernos al secuestro de Maduro y Flores. Él es el líder elegido democráticamente por los venezolanos”, dijo Egtesham Ahmed, de la organización Freedom Road Socialist (FRSO). “Estamos en contra de la intervención en
Venezuela, Irán y otros países”, añadió.La comitiva motorizada que llevó a
Nicolás Maduro y a su esposa a los juzgados e Nueva YorkLEONARDO MUNOZ / AFP“No soy venezolano pero estuve allí en diciembre y es una falta de respeto tratar al pueblo venezolano como si fuera monolítico. Hablé con mucha gente y había muchos a favor del presidente. También había críticos pero todos estaban de acuerdo en que Estados Unidos no puede dictar la política venezolana. Los venezolanos tienen el derecho fundamental a su auto determinación”, recalcó.En el otro lado había una representación de los venezolanos que forman parte de “los nueve millones” de la diáspora. “Deberían cantar el himno nacional pero no se lo saben, ninguno de ellos es venezolano, les pagan 2.000 dólares para venir aquí”, terció uno de los contrarios al régimen en reacción a esos otros manifestantes. “Lo que queremos es que echen a todos los del régimen y salgan los presos políticos”, proclamó.Junto a la pancarta a favor de Maduro, Franklin Gaus, uno de los huidos de
Venezuela, portaba un muñeco de Maduro presidario. “Esto es lo que hace la izquierda internacional, ¿de donde sale el dinero para pagar a estos falsos manifestantes?, se preguntó. “Estos que están aquí no representan ni saben del dolor que sufrimos en
Venezuela. “Solo pido justicia para mis país, para todos. Se llevaron a Ali Baba pero dejaron a los 40 ladrones’, remachó.