Marzieh Hamidi es una taekwondista afgana que compiti� en la selecci�n de su pa�s y tiene un t�tulo de campeona nacional. Empez� haciendo teatro de ni�a, pero el taekwondo le abri� un mundo nuevo: disciplina sin humillaci�n, esfuerzo sin gritos, orden sin abuso. Naci� en Ir�n en 2002, en una familia de origen afgano persa, sufriendo el racismo estructural que padecen los afganos en la Rep�blica Isl�mica. Su historia familiar est� marcada por el exilio previo de sus padres, que huyeron de los talib�n. Cuando la familia regres� a Afganist�n no sab�a que la historia estaba a punto de repetirse. La vuelta de los talibanesEn
Kabul, agosto de 2021,
Marzieh Hamidi miraba por la ventana de su habitaci�n. No vio tanques, vio la calle vaci�ndose de mujeres. Los talibanes hab�an vuelto. "Lo m�s aterrador fue ver c�mo las mujeres desaparec�an de la sociedad", recuerda a salvo en
Ginebra, donde ha sido invitada a un foro de Derechos Humanos. "Todo el mundo corr�a a casa, quedaban dos mujeres en la calle, se mov�an corriendo, ten�an miedo de ser vistas por los talibanes". Su hermano lleg� a casa y orden� a las mujeres cambiarse de ropa y ponerse un hiyab m�s estricto. El mundo tal y como lo hab�a conocido terminaba all�.No al deporteEstuvo cinco meses en el
Kabul de los talibanes: "Iba a manifestaciones, hablaba con los medios, era muy activa". Pero cuando cerraron la federaci�n para chicas y dijeron 'no hay entrenamiento', entend� el mensaje: 'qu�date en casa'". Ese deporte se hab�a convertido en su fortificaci�n vital, pero ahora se expon�a a m�s insultos, latigazos y golpes si plantaba cara a los barbudos. A su lado, la ciudad tambi�n se disfrazaba. Hamidi viv�a junto a una oficina donde se exped�an documentos. El guardia se cambi� de ropa al escuchar que los talibanes hab�an entrado en la capital: "Ten�a miedo de que le vieran con su uniforme, as� que se vest�a con ropa tradicional". El verano de 2011 acababa y su futuro se cerr� de golpe. "Me imaginaba que vivir�a all� con burka, que me casar�a con uno de los talibanes; y pens�: esto es el fin para nosotros. Tenemos que luchar con ellos". El exilioCuando
Kabul cay�, ella ten�a visado brit�nico, pero el aeropuerto era un cuello de botella. "Me daba miedo ir, estaban pegando a la gente". Se acerc� con su familia, vio a soldados extranjeros y talibanes al lado de ellos" y volvi� a casa. Durante cinco meses sigui� all�: "Empec� a sentir que la campa�a internacional era demasiado blanda con los talibanes, diciendo que hab�an cambiado, �por qu� dedic�is tiempo a un terrorista? �Ayer estaban en vuestra lista negra!".Hamidi durante un entrenamiento.Acab� saliendo v�a Doha y aterriz� en Par�s a finales de 2021. All� retom� ya el entrenamiento y se acostumbr� al exilio. "Han pasado tres a�os, encontr� mi sitio", dice. Rehizo su carrera en Francia, y entrena con el equipo franc�s.Lejos del infiernoLa palabra "lucha" est� ligada a su trayectoria en el deporte y en lo dem�s. Desde que se exili�, su lucha no son s�lo los combates. Tambi�n hablar, se�alar, explicar, insistir en que el infierno de los talibanes existe aunque le demos la espalda. Y encajar la certeza de haber salvado la vida al precio de dejar a su familia y a su pa�s en manos de sus verdugos. Teme por su hermano, cuyo proyecto empresarial hab�a dado trabajo a miles de mujeres en Afganist�n. Para los talibanes, esa autonom�a econ�mica femenina es intolerable. Sus primeros pasos por Par�s fueron torpes y melanc�licos: correr le daba m�s tristeza que alivio, el metro la desorientaba y la comida del hotel le resultaba insoportable. Pero todo mejor� cuando encontr� un entrenador que la volvi� a poner a su nivel. Aunque todo haya cambiado, su cuerpo a�n sabe luchar y est� en el top 100 de su categor�a. Apartheid de g�nero"Te pones un burka y es como si estuvieras en prisi�n", dice sobre el universo que dej� atr�s en
Kabul. Hamidi insiste: lo de Afganist�n no es una "restricci�n", sino un crimen pol�tico. "Lo primero es reconocer el apartheid de g�nero como un delito, y lo que est� ocurriendo en Afganist�n es un apartheid de g�nero. Las mujeres son invisibles. No tienen identidad, no existen all�". Por eso pide castigo, boicot y consecuencias. Critica tambi�n la "normalizaci�n". No s�lo del r�gimen, sino de quienes lo blanquean por la v�a cultural o deportiva. En su horizonte ol�mpico, habla de Los �ngeles 2028 tras el chasco de quedar fuera de los Juegos de Par�s. Es posible que se tope en la competici�n con quienes quisieron borrarla. El burka omnipresenteEn Francia puede vestir como quiera y tiene un permiso de residencia de 10 a�os, pero su agenda se decide con terceros. El pasado septiembre el Gobierno franc�s le concedi� protecci�n policial despu�s de haber recibido 5.000 llamadas y de que 500 de ellas incluyeran amenazas de muerte o de violaci�n. "Son m�s de 10.000 personas las que me han enviado amenazas de muerte en mi WhatsApp. Que tienen mi n�mero y mi direcci�n". La escolta es constante. "Siempre tengo dos polic�as conmigo, no puedo disfrutar como otros de mi edad. Estoy agradecida de tener protecci�n policial, pero eso no es vida, estuve hospitalizada por mi ansiedad y los fuertes ataques de p�nico que ten�a".Avisa de que los talib�n no se han quedado en Afganist�n. "Han cruzado fronteras, est�n por toda Europa... y est�n dispuestos a hacerme cualquier cosa", mientras que los europeos "son demasiado optimistas porque dicen: 'Quiz� no sea tan peligroso, podemos controlarlo'. No, no puedes. Ya est�n aqu�". Menea la cabeza y junta sus manos para recordar una escena de hace un tiempo en Par�s, en una clase de franc�s: un alumno hac�a videollamadas a talibanes, para mostrarla en directo. Ella lo denunci�. Abandon� la clase, "no me sent�a segura". Pero al menos dej� constancia: "Si me callo, ellos ganan".En 2025 public� en Francia Ils n'auront pas mon silence (No tendr�n mi silencio), un libro que convierte su testimonio y su exilio en una plataforma donde chillar lo que est� pasando. No pod�a evitar sufrir, pero pod�a decidir c�mo: "Elijo mi sufrimiento, decid� luchar contra ellos y no me arrepiento de mi lucha". El libro es un desaf�o directo a los talib�n: "Quieren hacer callar a las mujeres. Yo he decidido hablar m�s fuerte".La lucha sigue, tambi�n dentro de ella: "Soy una persona de esp�ritu libre y siento que estoy bloqueada otra vez, como si estuviera en una caja".