"Hay violencias intolerables y violencias cotidianas", afirma Mariam H., trabajadora sanitaria en un hospital de
Belén. "Si un policía se ensaña con un niño judío
Israelí, el país entero se escandalizaría. Si esa misma agresión se repite aquí, en
Cisjordania, contra un niño árabe, nos tragamos la rabia y seguimos adelante. Como si los niños aquí no tuvieran derecho a la infancia. Como si hubieran nacido culpables". El desequilibrio del que habla Mariam no es solo moral; también es político y estratégico. En las últimas semanas, la escalada regional con
Irán ha reconfigurado las prioridades militares y diplomáticas de
Israel, pero también las de sus aliados. En ese desplazamiento de foco, Gaza pierde peso mediático y
Cisjordania, ya relegada a un segundo plano, registra un aumento diario de agresiones vinculadas a la ocupación. Una violencia omnipresente, normalizada, ejercida en gran medida con impunidad y, por eso mismo, difícil de revertir. Desde el 7 de octubre de 2023, al menos 1.137
Palestinos han muerto en
Cisjordania a manos de las fuerzas
Israelíes y de colonos, entre ellos 236 menores. Las cifras aumentan mientras se endurecen las restricciones de movimiento, se intensifican las incursiones nocturnas del ejército
Israelí, avanza el desplazamiento forzado de comunidades enteras y se suceden nuevas oleadas de ataques de colonos contra la población palestina. En la última semana, los medios se han hecho eco de un ataque en la localidad de
Tammoun. Una unidad especial del ejército
Israelí, disfrazada de civiles
Palestinos y operando desde un vehículo con matrícula palestina, abrió fuego contra un coche familiar, matando a
Waed Bani Odeh, a su marido,
Ali Bani Odeh, y a dos de sus hijos, Othman, de siete años, y Mohammed, de cinco. Otros dos hijos resultaron heridos y sobrevivieron al ataque. Han podido contar que aquel día la familia había salido a comprar ropa para el Eid, la celebración al final del Ramadán. "Ha salido en los medios porque matar a una familia inocente casi al completo es algo que alarma, pero el problema es que no es un incidente excepcional", explica Rami N., activista y enfermero en
Hebrón. "Hacer una vida normal en
Cisjordania supone un riesgo". La guerra con
Irán está redefiniendo el equilibrio geopolítico a gran escala. En
Cisjordania, mientras tanto, se acelera el avance de la ocupación. "Las fuerzas de defensa
Israelíes deciden quién puede moverse, quién puede quedarse, quién puede vivir y quién no", añade Rami. "Los
Palestinos no tienen defensa alguna frente a los ataques indiscriminados de colonos y de las fuerzas de seguridad
Israelíes", afirma. "Ni siquiera la policía palestina está de nuestro lado". "Incluso si la policía palestina tuviera como objetivo protegernos, sería inútil" El rechazo hacia la Autoridad Palestina es un sentimiento generalizado en
Cisjordania. Para la población, sus fuerzas de seguridad han dejado de ser un actor de protección para convertirse en un dispositivo de control. La coordinación de seguridad con
Israel, mantenida durante años incluso en ausencia de avances políticos, ha erosionado su legitimidad hasta el punto de que muchos
Palestinos la perciben como un intermediario que gestiona y controla a su propia gente bajo la ocupación
Israelí. Organizaciones de derechos humanos han documentado de manera sostenida detenciones arbitrarias, malos tratos y tortura por parte de las fuerzas de seguridad palestinas, especialmente contra opositores políticos, periodistas y activistas, pero también contra civiles y menores. La Comisión Independiente de Derechos Humanos Palestina (ICHR) ha registrado centenares de denuncias anuales por abusos en centros de detención, incluidos golpes, posturas de estrés y privación de sueño. Los hospitales de
Cisjordania son espacios donde la violencia deja rastro y en los que se pueden leer con claridad las dinámicas sociales y políticas que atraviesan el territorio. Quién llega, cómo llega, quién le ha hecho daño y en qué circunstancias. "Recibimos con frecuencia víctimas de la policía palestina y no hay mucha diferencia respecto del modus operandi de las fuerzas de defensa
Israelíes. Ellos siempre tienen la razón y los heridos siempre son sospechosos de terrorismo o considerados una amenaza", explica A.M., médico en la ciudad. A comienzos de Ramadán, un grupo de agentes entró en un hospital de
Belén para repartir folletos con información sobre los horarios del mes sagrado. En la sala de espera de urgencias, algunos sanitarios comentaban en voz baja que ese intento de proyectar cercanía por parte de las fuerzas de seguridad resultaba inútil. Hablaban no solo de lo que veían cada día en el hospital, sino también de sus propias experiencias. "Mi hijo es un chico tímido al que le gustan las matemáticas y el fútbol", cuenta Mariam H. "El día que le detuvieron, le hacían preguntas a gritos y él solo lloraba. No sabía qué contestar. Le pegaron hasta dejarle sin respiración; le insultaron y le humillaron. Probablemente le confundieron con otra persona, pero podían ver que era solo un crío. Desde entonces tiene miedo de ir al colegio. ¿Quién defiende a mi hijo? Desde luego, no ellos". A pesar del rechazo por parte de la población, en las últimas semanas la Autoridad Palestina ha adquirido mayor peso como instrumento de gestión de un territorio que
Israel no puede, o no quiere, administrar directamente mientras concentra su atención en otros frentes. Ese mayor protagonismo, sin embargo, no se traduce en una mayor capacidad de protección, sino en un refuerzo de dinámicas de control alineadas con intereses externos. Opinión "Sin embargo, incluso si la policía palestina tuviera como objetivo protegernos, sería inútil", admite Rami N. "Tampoco podría defender a la población frente a la violencia de las fuerzas
Israelíes en
Cisjordania". Y es que el margen de actuación de la Autoridad Palestina está profundamente limitado. Opera en enclaves fragmentados, mientras que el ejército
Israelí puede intervenir con libertad incluso en zonas bajo administración palestina. El funcionamiento de la coordinación de seguridad impide cualquier confrontación directa, de modo que, cuando se producen incursiones o ataques, las fuerzas palestinas se repliegan o permanecen pasivas. La población cuenta con una policía que ejerce control interno, pero que no puede, ni está diseñada para, proteger a su propia población frente a la violencia externa. "La coordinación de seguridad significa que la policía palestina se centra en cumplir objetivos marcados en coordinación con
Israel", explica O.R., exmiembro de las fuerzas de defensa
Israelíes con experiencia en inteligencia militar. "Así que, en muchos casos, actúa como sustituto de la coerción
Israelí, no como representación de los intereses
Palestinos", añade. "
Israel y los actores internacionales pretenden tomar el control utilizando una marca ‘palestina". Antes del estallido de la guerra con
Irán, existían iniciativas internacionales que planteaban que Egipto y Jordania entrenaran a una nueva fuerza policial palestina para Gaza en un eventual escenario posterior al conflicto. Egipto ya había comenzado a formar a centenares de agentes como parte de ese plan. Sin embargo, el proyecto sigue condicionado a un escenario político que aún no se ha materializado. Sobre el terreno, la propuesta genera escepticismo. "Está bastante claro que no tratan de construir una fuerza de seguridad para la población", explica Rami. "Será una réplica de lo que ya tenemos en
Cisjordania: agentes entrenados para contener a su propia gente más que para defenderla." La implicación de Egipto se percibe en
Cisjordania como parte de este sistema de control sobre Gaza y refuerza la desconfianza. La guerra regional, a pesar de no haber cancelado estos planes, los ha empujado a una suerte de limbo político en el que todo depende de un alto el fuego que no ha terminado de consolidarse. Mientras tanto, en las ciudades de
Cisjordania, la violencia contra los
Palestinos se intensifica y la Autoridad Palestina se encuentra atrapada entre su dependencia estructural de la coordinación de seguridad con
Israel y el rechazo creciente de la sociedad. Esta situación, además, sirve para consolidar la narrativa de la que se sirve
Israel para presentar
Cisjordania como un espacio ingobernable y legitimar la expansión de la ocupación. Sobre el terreno, sin embargo, los
Palestinos no hablan en términos de estrategia, sino de experiencia. La situación empeora día a día, sin perspectivas de una solución que sitúe a la población en el centro. La impunidad frente a las violaciones de derechos humanos se normaliza, y las soluciones que se plantean responden más a equilibrios geopolíticos que a un fin de las agresiones constantes que
Cisjordania lleva décadas sufriendo. "
Israel y los actores internacionales pretenden tomar el control utilizando una marca ‘palestina’", denuncia Rami N. "Pero la policía palestina está diseñada para ejercer la ocupación con la complacencia internacional. Para servir a los de fuera y romper los huesos de los de dentro", concluye.