El castrismo agoniza mientras los cubanos sufren bajo su tutela una existencia miserable. Malviven sin petróleo, sin industria relevante y sin horizontes; con escasez de alimentos, agua, medicinas, luz eléctrica o mantenimiento en general; con las guaguas inmóviles por falta de combustible, las universidades cerradas y la recogida de basuras paralizada. Los ciudadanos de la isla padecen una cotidiana, progresiva e indigna asfixia. Se extiende allí la sensación de que cualquier salida política es preferible a tanta carestía. Entretanto, el presidente
Miguel Díaz-Canel reconoce conversaciones con Estados Unidos, némesis nacional desde que en 1959
Fidel Castro tomó el poder.Los causantes de esta situación son varios. Empezando por el castrismo, que ha sobrevivido cerca de setenta años, como si la
Unión Soviética o el muro de Berlín siguieran en pie, hasta llegar al actual estado de postración, con abusivo uso del adoctrinamiento y la represión (retiene en sus cárceles a más de mil presos políticos) y desdibujando los logros sociales de su revolución. Siguiendo por el bloqueo que EE.UU. consolidó los años 60 y ha estrangulado su economía. Y acabando en unos teóricos aliados que ahora no quieren o no se atreven a acudir en su ayuda. YAMIL LAGE / AFPMucho se ha escrito sobre los dos primeros causantes, menos sobre el tercero, hoy decisivo. La Federación Rusa, que gallea reclamando un puesto en la escena mundial, lleva cuatro años dedicando sus recursos exteriores a atacar a
Ucrania. Quizás por ello convierte en noticia el flete de un barco con miles de barriles de diésel rumbo a
Cuba.Sus portavoces reiteran que no dejan de estudiar la mejor manera de auxiliar a la isla, como si el mal del enfermo no fuera evidente y alarmante.
China prometió ayuda por 80 millones de dólares y el “donativo” de 60.000 toneladas de arroz. Tras la intervención de
Venezuela por EE.UU., solo
México mantiene una discreta línea de apoyo.
Cuba vuelve a estar en los noticiarios, mayormente porque el presidente de EE.UU. fanfarronea a su costa. “Creo que puedo hacer con ella lo que quiera”, ha dicho, convencido de que va a caer cual fruta madura, sin necesidad de derrochar munición como en
Irán.La sociedad cubana mueve a compasión y precisa ayuda, pero no recibe ni una cosa ni otraAun así, se oyen ya voces que piden armar al pueblo, quizás conscientes de que el lema revolucionario “Patria o muerte” encara su resolución final. La patria castrista ya no es viable.Las cifras de
Cuba reflejan este presente descorazonador. Según la ONU, el país ha perdido en lo que va de decenio 1,4 millones de habitantes debido a la emigración; otras fuentes apuntan a dos millones y un descenso poblacional de once a nueve millones de personas. Fuentes oficiales reconocen que en un lustro el PIB cubano ha caído el 15%, y que un tercio de ese porcentaje se acumuló en 2025, cuando la inflación superó el 10%. Tampoco el sistema sanitario, orgullo nacional, resiste: en los ochenta había en
Cuba un médico por cada 350 habitantes, ahora hay uno por cada 1.500.Ni siquiera el turismo es ya la muleta que fue en crisis anteriores. En el 2025 la cifra de visitantes cayó un 20% respecto al 2024, quedándose en 1,8 millones. El sector languidece entre cierres hoteleros. República Dominicana recibió el año pasado 11,6 millones de visitantes, seis veces más que
Cuba.Este Estado fallido y exhausto, que en las noches sin electricidad solo consigue alumbrarse quemando las basuras amontonadas en las calles, tiene una víctima cautiva: el pueblo cubano, en situación de emergencia humanitaria.Miguel de Unamuno acuñó el término intrahistoria para referirse no a las grandes gestas y a las figuras de relumbrón, sino a “la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia”. Manuel Vázquez Montalbán les llamaba “los peatones de la historia”. Detrás de cada régimen político fracasado, de cada líder depuesto, de cada conquistador codicioso, suele haber una sociedad maltratada. Esta vez nos referimos a la sociedad cubana, empobrecida hasta límites degradantes, que mueve a compasión, precisa ayuda y no está recibiendo ni una cosa ni otra.