La diversidad de riesgos que pueden afectar a la economía global se ha multiplicado en los últimos años. Las alteraciones políticas, económicas, sociales o naturales en una región concreta pueden amplificarse rápidamente dado el sistema económico profundamente interconectado y globalizado. Para las compañías cada vez es más valioso anticipar los escenarios posibles y prepararse para las vulnerabilidades. En este contexto, los expertos del
Observatorio Económico El Confidencial-Mapfre han puntuado una lista de riesgos para la economía basados en la clasificación que elabora el
Foro Económico Mundial. En términos generales, ninguno de los 14 conceptos analizados ha sido valorado con una evolución favorable respecto al trimestre anterior. Predominan los que registran una evolución negativa o estancamiento, dependiendo de la opinión de cada experto. En concreto, los riesgos económicos y los digitales encabezan las principales amenazas globales, según el análisis de los expertos del observatorio, que pondera intensidad, inminencia y probabilidad en una escala de 0 a 5, por lo que la máxima calificación acumulada son 15 puntos. La suma de estos tres factores sitúa a la recesión económica y la inflación (12,75) y a la inseguridad cibernética (12,75) como los mayores riesgos, lo que refleja un escenario marcado tanto por la fragilidad del entorno digital como por la incertidumbre macroeconómica. Para los expertos, estos son los dos riesgos más inminentes y probables, con capacidad para materializarse en el corto plazo (entre cero y dos años). En el plano macroeconómico, el inicio de la guerra en
Irán hace un mes ha desatado una nueva crisis energética que ya ha disparado la inflación en las economías más dependientes de la energía extranjera, como es el caso de
España. En paralelo, tanto la
OCDE como el
FMI anticipan ya un menor crecimiento para
España y para la Eurozona como consecuencia de la guerra, aunque el
Banco de España es más optimista. Respecto a la ciberseguridad, solo en la segunda mitad de 2025, los ciberataques causaron pérdidas globales estimadas en 8,5 billones de euros, lo que afecta a sectores enteros, especialmente al bancario, y les obliga a reforzar sus estructuras, además de encarecerlas. En un segundo nivel aparecen los riesgos geopolíticos y de funcionamiento sistémico. El conflicto armado entre Estados alcanza una puntuación de 11,6, mientras que las interrupciones en infraestructuras críticas (11,5) y los fenómenos meteorológicos extremos (11,4) consolidan la preocupación por eventos de alto impacto capaces de desestabilizar economías y sociedades en el corto plazo. La ruptura de un orden internacional basado en reglas y en el multilateralismo eleva los riesgos para la economía y hace más probable la estanflación, a la vez que cuestiona la seguridad de suministro. Por otra parte, los fenómenos meteorológicos adversos se han incrementado en la última década debido al cambio climático y se consolidarán como un riesgo a tener más en cuenta en las planificaciones de los presupuestos empresariales, los gubernamentales y en las aseguradoras. Las catástrofes naturales pueden reducir el crecimiento si su frecuencia e intensidad continúan aumentando y también implicarán más deuda pública para asumir la financiación de las reconstrucciones y las ayudas a los afectados. Por debajo de este bloque, pero aún con valoraciones relevantes, se sitúan factores de carácter social y tecnológico. La polarización social (10,2) y la desinformación (10) reflejan tensiones internas que pueden amplificar otros riesgos. En este mismo rango emergen los riesgos tecnológicos asociados a la inteligencia artificial (10). Las posibles consecuencias adversas de la IA son percibidas con un potencial elevado a nivel de costes económicos y sociales si se materializan (con un promedio de 4,5 sobre cinco), pero su inminencia y probabilidad de que ocurran desplazan el riesgo al medio plazo. En un plano más estructural, los expertos sitúan la concentración de recursos y tecnologías estratégicas (9,5), la desigualdad (9,25) y la falta de oportunidades económicas o el desempleo (8,75) como riesgos que, sin ser los más inmediatos, pueden erosionar la estabilidad a medio plazo. La acumulación de capacidades clave en manos de unos pocos actores, tanto a nivel geopolítico como corporativo, amenaza con ampliar brechas ya existentes. Por otra parte, la desigualdad persistente y la debilidad de los mercados laborales en algunas economías alimentan tensiones sociales y reducen la resiliencia de las economías frente a futuras crisis. La destrucción del medioambiente preocupa a largo plazo Finalmente, en la parte baja del índice se encuentran riesgos de evolución más lenta, como la escasez de recursos naturales (8,75), la erosión de derechos y libertades (8,6) y los cambios críticos en el medioambiente y la biodiversidad (7,75). Aunque su puntuación agregada es menor, los expertos advierten de su potencial acumulativo y de su capacidad para agravar crisis futuras. De hecho, la escasez de recursos naturales se sitúa como el riesgo con un potencial más dañino, con un 4,75 sobre cinco, pero se contempla su materialización en el largo plazo. Sin embargo, ya existen señales preocupantes de un avance más rápido del previsto del calentamiento global que pueden acelerar la destrucción de recursos naturales. Un ejemplo es la confirmación por parte del servicio Copernicus de que el mundo superó en el promedio de 2023-2025 el límite de aumento de la temperatura de 1,5 ºC establecido en el Acuerdo de París. En sentido opuesto, los expertos valoran la desinformación como el riesgo que genera distorsiones económicas con menor intensidad (3,2 sobre cinco), aunque ya se produce en la actualidad. El conjunto dibuja un mapa de riesgos donde lo urgente (economía y ciberseguridad) convive con amenazas estructurales que, aunque menos inmediatas, podrían definir el contexto global en los próximos años.