Kellyanne Conway, consejera de
Donald Trump en su primer mandato en la
Casa Blanca, puso en circulación el término “hechos alternativos” para esquivar la realidad de las cifras de la escasa participación en la toma de posesión presidencial. Fue el inicio de su guerra contra los medios de comunicación que aún hoy perdura. El presidente de
Estados Unidos define a los periodistas como “las personas más deshonestas del planeta”, los insulta y menosprecia si no comulgan con su realidad paralela. Su obsesión es prescindir de los intermediarios, así que su equipo ha lanzado una app que “lleva al presidente Donald J. Trump y a su administración directamente al pueblo estadounidense como nunca antes”, según el comunicado oficial.
Donald Trump enseña en el
Air Force One los nuevos renders del futuro salón de baile de la Casa BlancaMANDEL NGAN / AFPSe trata de una especie de “línea directa” con lo que ocurre en la
Casa Blanca, “eliminando el ruido con actualizaciones sin filtros y en tiempo real directamente desde la fuente”. “Desde el despacho Oval a tu teléfono”: alertas sobre anuncios importantes y las prioridades del Gobierno, acceso directo a las ruedas de prensa, buzón de comentarios y opiniones… El vídeo promocional une sin pudor el lanzamiento de misiles en Irán con el lanzamiento de la app y esconde los permisos adicionales que supone instalarse el invento. Rastrea la ubicación precisa de los usuarios, permite modificar el contenido de tu teléfono, lee tus notificaciones, tiene acceso a tus conexiones de red … Las redes van llenas de sospechas por el control gubernamental de los datos: “¿Nunca has tenido la sensación de que el gobierno no te vigila suficiente? No busques más. La app de la
Casa Blanca garantiza que todo lo que digas o hagas quede registrado”. Hasta el antivirus despierta: “Sitio malicioso. Le hemos protegido”, leo en mi pantalla.La
Casa Blanca también es víctima de intrusiones telefónicas. Hace unos días, unos reporteros de la sección Estilo de The Washington Postse encontraron con una sorpresa cuando quisieron informarse sobre el nombre del diseñador que vistió a
Melania Trump en su encuentro con un robot humanoide. El número de la centralita era el correcto, pero en la pantalla aparecía “
Esptein Island” -Isla Epstein-. El problema aparecía en los teléfonos Android, algo que
Google atribuyó a una “edición falsa” en
Google Maps que se corrigió inmediatamente y el usuario responsable, bloqueado.Los quebraderos de cabeza con la intendencia de la residencia oficial irritan especialmente a Trump. En la última reunión del gabinete se pasó más de cinco minutos hablando de los bolígrafos de la
Casa Blanca. La intervención se convirtió en viral y sus explicaciones avergonzaron a más de un analista de la CNN. Al presidente no le gustaban los bolígrafos del despacho oval que, según él, tenían incrustaciones en oro y plata, valían 1.000 dólares y, además, “no escriben bien”. “Bonitos bolígrafos. Preciosos. Pero se los estoy dando a niños que ni siquiera saben lo que son. '¿Qué es esto, mami?'”.Trump hablando sobre sus famosos bolígrafos en una reunión del gabineteJIM WATSON / AFPAsí que decidió sustituirlos por rotuladores Sharpies personalizados. Llamó “al tipo” y le aseguró que lo pintaría de negro y estamparía la firma de Trump. Hasta ahí, un buen gesto para ahorrar, si no fuera porque Sharpie dice que la conversación nunca existió.En las últimas horas, el quebradero de cabeza de Trump es el salón de baile que se está construyendo en el ala este de la
Casa Blanca y las críticas deThe New York Times. Escaleras que no llevan a ninguna parte, ventanas falsas que esconden los lavabos… El escozor es tan mayúsculo que Trump se llevó al
Air Force One unas imágenes para defender su faraónica obra y descubrir el objetivo oculto de la sala. “El ejército está construyendo un gran complejo debajo. Está en construcción y se está haciendo muy bien. La sala de baile cubre lo que el ejército está haciendo debajo. Incluye drones… El cristal es a prueba de balas de alto grado”.El presidente sigue las obras como los avances en su guerra con Irán: “Vamos por delante del calendario previsto, tanto en la sala de baile como en la guerra”. Son sus hechos alternativos. Y quiere que bailes a su son. Subdirectora de La Vanguardia desde 2014. En la actualidad estoy al frente de la edición digital. He sido jefa de la sección de Política (2006-2014) . En Europa Press (1995-2006) pasé por Sociedad, Tribunales y Política.