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Abdelaziz Báraka Sakin: "La democracia es el peor concepto que nos legó el colonialismo"

Abdelaziz Báraka Sakin, un escritor sudanés exiliado en Europa desde 2012 por el régimen de Omar al-Bashir, continúa su labor literaria de resistencia y denuncia. Forzado a huir tras la prohibición y confiscación de sus libros, Sakin reside actualmente en París.

Andrés SeoaneEl MundoFiled 2026-03-30 · 22:06 GMTLean · Center-RightRead · 10 min
Abdelaziz Báraka Sakin: "La democracia es el peor concepto que nos legó el colonialismo"
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Abdelaziz Báraka Sakin, un escritor sudanés exiliado en Europa desde 2012 por el régimen de Omar al-Bashir, continúa su labor literaria de resistencia y denuncia. Forzado a huir tras la prohibición y confiscación de sus libros, Sakin reside actualmente en París. Su obra se caracteriza por abordar la violencia, la memoria y el lenguaje en el contexto de las dictaduras, golpes de Estado y guerras civiles que ha vivido Sudán. En 2005, su libro de cuentos "En los márgenes de las aceras" fue confiscado tras ser publicado por el Ministerio de Cultura sudanés, marcando el inicio de una serie de actos de censura. Sakin insiste en que su intención nunca fue el conflicto, pero la literatura en ciertos contextos se convierte en una forma de exposición.

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"La democracia es el peor concepto que nos legó el colonialismo"

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In 2010, Sakin was prohibited from publishing and writing by the Sudanese regime.

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His books have been banned, confiscated, or burned.

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Sakin's book 'Django, clavos de la tierra' won the Tayeb Salih prize and the International Prize for Arabic Literature.

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Abdelaziz Báraka Sakin was forced to exile from Sudan by Omar al-Bashir's regime in 2012.

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LA LECTURAEntrevistaForzado a exiliarse de Sud�n por el r�gimen de Omar al-Bashir en 2012, el escritor africano contin�a en Europa con una obra literaria de resistencia y denuncia, caracterizada por la crudeza, la iron�a y el compromiso hist�rico. "�Qu� puede hacer un novelista en medio de este r�o de sangre sino refugiarse en la imaginaci�n y seguir escribiendo?"Abdelaziz B�raka Sakin en el �ltimo Encuentro Internacional de Literatura de Saint-Nazaire, Francia.Actualizado Martes, 31 marzo 2026 - 00:06Hay escritores que narran la historia y otros que parecen escribir desde el interior de su fractura. En la obra del escritor Abdelaziz B�raka Sakin (Kasala, Sud�n, 1963) la literatura no se limita a contar lo ocurrido, sino que se adentra en ese territorio m�s incierto donde la violencia, la memoria y el lenguaje se disputan el sentido de lo vivido. Quiz� por eso sus libros han sido prohibidos, confiscados o directamente quemados y su trayectoria est� marcada por el exilio, una huida forzosa que no es solo geogr�fica, sino ling��stica y emocional.Durante a�os, Sakin escribi� desde su Sud�n natal, un pa�s que en las �ltimas d�cadas ha encadenado dictaduras, golpes de Estado, guerras civiles y promesas de transici�n frustradas. En ese contexto, dice a La Lectura desde su casa de Par�s, donde vive desde hace a�os tras pasar por Austria, la literatura nunca fue un territorio inocente. Y, sin embargo, �l insiste en que no buscaba el conflicto. "Pens� que mis escritos ser�an interpretados de otra manera: que ten�a buenas intenciones y no quer�a conflictos con los pol�ticos ni con el r�gimen dictatorial". Se define como "un hombre pac�fico, alguien que quer�a vivir y escribir sin enfrentarse al poder. Pero la literatura, en determinados contextos, deja de ser una elecci�n y se convierte en una forma de exposici�n".La primera se�al lleg� de forma casi absurda. En 2005, en el marco de la elecci�n de Jartum como Capital �rabe de la Cultura, el Ministerio de Cultura Sudan�s le pidi� un libro. Sakin envi� su colecci�n de cuentos En los m�rgenes de las aceras, que fue publicado y una semana despu�s confiscado por las mismas autoridades que lo hab�an promovido. El motivo: atentar contra la decencia p�blica. Aquello no fue una excepci�n, sino el inicio de una secuencia que se repetir�a con una l�gica implacable. Para saber m�sSu novela Django, clavos de la tierra, en la que aborda las duras condiciones en las que viven los trabajadores temporeros en los campos agr�colas de Sud�n, gan� el premio Tayeb Salih, uno de los m�s relevantes del continente -y en 2020 el Premio Internacional de Literatura �rabe-, y poco despu�s fue retirada, quemada p�blicamente y convertida en motivo de acoso por parte de los servicios de seguridad del dictador Omar al-Bashir. En 2010, la prohibici�n se hizo total. Sus libros desaparecieron y �l qued� oficialmente silenciado por el r�gimen."Me prohibieron publicar y despu�s tambi�n escribir". La frase, dicha sin �nfasis, arrastra una experiencia que va m�s all� de lo literario. La censura, en su caso, no fue solo un mecanismo institucional o un gesto puntual, sino una forma de persecuci�n sostenida. Una forma de vigilancia que se prolong� en el tiempo y que termin� por hacer inviable la vida cotidiana. Y, sin embargo, hay en su manera de contarlo una mezcla de iron�a y extra�eza, como si a�n le sorprendiera haber cruzado una l�nea que nunca se propuso trazar. "Soy un escritor bienintencionado, pero el poder s�lo me ve como un terrible mal". Esa transformaci�n de narrador a amenaza dice tanto del poder como de la fragilidad de la palabra en determinados contextos y se condensa una de las paradojas de los sistemas autoritarios: la literatura, incluso cuando no busca confrontar, termina siendo le�da como un gesto de insubordinaci�n.Y comenz� una oleada. Adem�s de en Sud�n, sus libros fueron sucesivamente prohibidos en Arabia Saud�, Kuwait, Om�n. Algo doloroso para el autor, que escribe en �rabe. "No tengo ning�n problema con los �rabes como pueblo, pero s� con sus gobernantes. La mayor�a, como los gobernantes africanos, prefieren aferrarse al poder y empu�ar las armas cuando ven a un escritor". Tambi�n en el hoy omnipresente Ir�n. "All� se negaron a conceder a una editorial el permiso para publicar mi novela El mes�as de Darfur -que aborda el sangriento conflicto �tnico que dej� en esta regi�n cerca de 500.000 muertos-, a pesar de haber sido traducida al persa. Quiz�s necesite un hechicero para librarme de esta maldici�n", bromea."Mi escritura no cambia por la censura, pero mi vida s�: escrib�a con libertad, pero fuera del escritorio viv�a con miedo"Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido a otros autores como el chino Yan Lianke o el cubano Leonardo Padura, que �nicamente no pueden publicar sus obras, el veto a Sakin no afect� solo a lo literario. "No creo que la censura afectara a mi escritura, en ella conservaba la libertad, pero en aquella �poca, no s�lo era imposible escribir, sino tambi�n la vida misma en mi pa�s, pues ten�a miedo del acoso de las fuerzas de seguridad", rememora. Esa persecuci�n le llev� a emigrar a Europa en 2012. "Cuando cruc� los cielos hacia Europa, no buscaba ganancias econ�micas ni beneficios materiales, sino un lugar seguro para escribir, lejos de la mano de la polic�a, las porras de las fuerzas de seguridad, las lenguas de los jueces, los cascos de los soldados y las sospechas de los desconfiados. Un lugar donde se anulara la magia de la Ley de Obras Literarias y Art�sticas de 2001, esa ley que dicta a los escritores lo que pueden y no pueden escribir", remacha.Esta huida, no obstante, no fue una liberaci�n inmediata, sino una transici�n ambigua, llena de expectativas que no siempre se cumplieron. Sakin, que en su pa�s hab�a trabajado como sastre, maestro de escuela, obrero de la construcci�n, consultor de UNICEF o gerente de un proyecto del Banco Mundial, se encontr� con la realidad burocr�tica de Austria. "El sistema administrativo del pa�s s�lo pod�a tratarme como un refugiado que hab�a llegado buscando trabajo y estaban obligados a ayudarme a lograr mi objetivo. Directamente, sin rodeos: 'Aprende el idioma y luego la oficina de empleo te encontrar� trabajo', me dijeron".Tras m�s de una d�cada en el pa�s alpino el escritor se mud� a Par�s, donde ayudado por la editorial Zulma y por el prestigiosos arabista Xavier Luffin su obra fue public�ndose en Francia y de ah� a Reino Unido, Alemania, Espa�a, Italia... "Con el tiempo he sido traducido tambi�n a otras lenguas africanas, como el am�rico [hablado en Etiop�a] y el suajili [lingua franca de toda �frica oriental], e incluso al kurdo", dice con orgullo.El idioma del exiliadoSobre la experiencia del exilio, el escritor insiste en que no es solo una cuesti�n geogr�fica sino, sobre todo, una ruptura con el lenguaje entendido en sentido amplio. "Cuando de repente te encuentras como refugiado, no solo est�s fuera de tu tierra natal, sino fuera de todos los idiomas: del lenguaje del lugar que habitas, del lenguaje del tiempo, del de los acontecimientos y la historia, incluso fuera del lenguaje del cuerpo y la emoci�n, del lenguaje de tu propio ser y de tu existencia. Un extranjero es, simplemente, alguien fuera de los idiomas de su mundo".Lejos de todo surge la pregunta de qu� hacer con la escritura. En ese vac�o, explica, �sta se convierte en una forma de reconstrucci�n precaria. "�Qu� escribo ahora que soy libre? La respuesta es una operaci�n de desdoblamiento: narrarse como otro para poder narrarse. Decid� escribir sobre m� como el Otro para desgarrarme y crear de mis restos un ser ficticio". La literatura no es solo representaci�n, sino una forma de supervivencia. Y el v�nculo con Sud�n no se diluye. Al contrario, se intensifica. "Estoy f�sicamente lejos de mi patria, pero mi alma est� all�, en la aldea, en las v�ctimas, en las ciudades asediadas. La distancia no enfr�a, sino que amplifica la percepci�n del desastre". Cada ma�ana sigue las noticias, llama a amigos, intenta recomponer desde lejos una realidad que se desmorona. "Como los pol�ticos no leen, todo lo que advert� en mis novelas termin� ocurriendo en la realidad"Y es que ese pa�s al que mira desde la distancia es, en su relato, un territorio atrapado en una repetici�n hist�rica. Golpes de Estado, revoluciones, dictaduras, gobiernos democr�ticos fr�giles, transiciones fallidas, nuevas guerras. Un ciclo que no se rompe y que ha desembocado en una violencia persistente. "Las guerras, la falta de una visi�n pol�tica clara, la estrechez de miras de sus gobernantes y el letargo intelectual lo han dejado fuera de la esfera de influencia global", se�ala. No hay en su diagn�stico una exoneraci�n externa. "No culpo a nadie m�s que a nosotros mismos", afirma, en una autocr�tica que evita el victimismo.El escritor Sudan�s Abdelaziz B�raka Sakin.Patrice NormandEn ese contexto, la literatura aparece como un espacio limitado pero necesario. No como soluci�n, sino como forma de resistencia simb�lica. "�Qu� puede hacer un novelista en medio de este r�o de sangre sino refugiarse en su imaginaci�n y escribir?". La pregunta no es ret�rica. Durante d�cadas, Sakin ha intentado anticipar las derivas de su pa�s, narrar sus conflictos, advertir de sus riesgos. Y, sin embargo, la sensaci�n de inutilidad persiste. "Como los pol�ticos no leen, todo lo que advert� en mis novelas termin� ocurriendo en la realidad". La literatura queda as� desplazada de los centros de decisi�n, pero no por ello pierde su funci�n: la de registrar, la de imaginar, la de insistir.Herencias envenenadasEsa misma l�gica atraviesa su reflexi�n sobre el colonialismo y sus herencias. Lejos de una lectura simplificada, insiste en la multiplicidad de formas que adopt� la dominaci�n. "Ninguna forma de colonialismo es mejor que otra, ni siquiera cuando se esconde bajo una apariencia sagrada o civilizadora", dice, cuestionando tanto la centralidad del relato europeo como la invisibilizaci�n de otras responsabilidades hist�ricas en su continente, como las del mundo isl�mico. Adem�s, su cr�tica no se detiene en el pasado, apunta tambi�n a las estructuras contempor�neas, a las formas en que los modelos pol�ticos heredados siguen condicionando la vida africana. "Los ej�rcitos coloniales se marcharon, pero heredamos intactas sus herramientas de opresi�n y seguimos us�ndolas contra nosotros mismos""Los ej�rcitos coloniales se marcharon, pero heredamos intactas sus herramientas de opresi�n y seguimos us�ndolas contra nosotros mismos�, lamenta. Y entre ellas se�ala una especialmente pol�mica: la democracia, entendida como un sistema importado que no siempre se adapta a las realidades locales. "Es el peor concepto que nos leg� el colonialismo. La democracia, tal como nos lleg�, es una prenda demasiado ajustada para el cuerpo africano y ha servido para perpetuar �lites corruptas", afirma rotundo. Su argumento no es una defensa de alternativas autoritarias, que rechaza expl�citamente, sino una invitaci�n "a pensar formas de organizaci�n pol�tica que partan de las propias tradiciones y necesidades".A todos estos conceptos mira en Samahani (Armaenia), historia ambientada en el sultanato de Zanz�bar del siglo XIX que explora con una mezcla inusual de relato m�tico y oral el contexto hist�rico del comercio de esclavos y la resistencia de las poblaciones africanas al dominio �rabe y despu�s brit�nico. "Nace de una inquietud que no es tanto historiogr�fica como moral. No ten�a pensado escribir una novela sobre Zanz�bar. Fue la lectura de dos textos, las memorias de una princesa oman� y la autobiograf�a de un traficante de esclavos, lo que desencaden� el proceso. No por los hechos en s�, sino por la mirada desde la que eran narrados", apunta.El t�tulo del libro [samahani significa 'perd�name' en suajili] funciona como una interpelaci�n. "Perd�nenme es un grito dirigido a toda la humanidad que convirti� a los d�biles en mercanc�a con armas, creencias y la muerte de la conciencia. No distingue entre geograf�as ni colores, ni entre pasado y presente, pues la venta de seres humanos a�n se practica en buena parte del mundo". M�s all� del argumento, el gran valor de este libro es �su forma de intervenir en el relato hist�rico, de cuestionar qui�n lo cuenta y desde d�nde", apunta Sakin, reclamando el derecho de los africanos a incluir su propio relato. "Es hora de que sea el le�n, no el cazador, quien les cuente a los cachorros la historia de la selva", resume con una met�fora. Escribir, en su caso, no es solo narrar, sino disputar el derecho a hacerlo.Lanzar palabras al vientoY hacerlo, adem�s, desde una conciencia clara de la fragilidad de ese gesto. Porque, en �ltima instancia, la literatura, para Sakin, no es un espacio de redenci�n, sino de tensi�n. Puede "tender puentes", dice, "permitiendo que nos veamos m�s profundamente como seres humanos, pero no puede sustituir a la pol�tica, ni evitar la violencia, ni garantizar que sus advertencias sean escuchadas. Se mueve en un territorio intermedio, donde la palabra intenta resistir a su propia impotencia". "Cosech� las cenizas del exilio y las convert� en alas: la escritura es lo �nico que todav�a me permite volar"Quiz� por eso el escritor insiste en una imagen final que si bien no es optimista, tampoco es resignada: "Mi escritura se nutre de cosechar cenizas y despu�s convertirlas en alas. Las palabras son lo �nico que todav�a me permite volar". No hay en esa met�fora una promesa de salvaci�n, sino una forma de persistencia. La escritura como resto, como transformaci�n de lo que se quema en algo que todav�a puede, de alg�n modo, sostener el vuelo.En tiempos en los que la censura adopta formas diversas, desde la prohibici�n directa hasta la invisibilizaci�n, su obra recuerda que escribir sigue siendo, en muchos lugares, una forma de riesgo. Y tambi�n, quiz�, una de las pocas formas de insistir en que la historia no pertenece solo a quienes la imponen.
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abdelaziz báraka sakin
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