El 20 de julio de 1969 un ser humano puso los pies en la Luna por primera vez. Ahora una nueva misión espacial tripulada, la
Artemis 2, viaja rumbo al satélite de la Tierra, aunque esta vez no habrá alunizaje. Ha pasado pues más de medio siglo,casi 57 años, desde aquella jornada histórica en la misión
Apollo 11 que se posó en la polvorienta superficie lunar. Y desde que su comandante
Neil Armstrong, al salir de la navey dar los primeros pasos por la Luna, pronunció la célebre frase: “Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”.A lo largo de este dilatado período, la
NASA –la agencia estadounidense encargada de la investigación aeronáutica y la exploración del espacio– no ha enviado otras naves tripuladas a la Luna. Hubo cancelaciones de programas espaciales, debidas a diversos factores, entre ellos los económicos. Pero el deseo de regresar allí nunca se desvaneció. Los planes de
China para mandar astronautas a la Luna en el 2030 han espoleado una carrera espacial que perdió fuelle con el desmembramiento de la Unión Soviética. Estados Unidos se propone regresar a la Luna, aterrizar en ella, volver a pisarla en el 2028. Aunque también es cierto que hubo planes para hacerlo antes y finalmente fueron pospuestos.La
NASA vuelve al satélite de la Tierra, aunque no prevé alunizar de nuevo hasta el 2028La misión
Artemis 2, que está previsto que dure diez días y termine con un amerizaje en el océano Pacífico, frente a la costa californiana de San Diego, es algo así como un ensayo para futuras expediciones. Se trata, principalmente, de comprobar que la cápsula Orion, a bordo de la cual viajan tres hombres y una mujer, funciona correctamente. Tras una primera jornada orbitando alrededor de la Tierra, ahora se dirige ya hacia el satélite, y espera cubrir el trayecto hasta allí en cuatro días. Una vez llegada a su destino, sobrevolará la cara oculta de la Luna y, tras realizar las observaciones pertinentes, emprenderá su regreso a la Tierra.Este viaje será el segundo eslabón de la misión Artemis, que ha debido empezar de cero después de que en su día se desmantelara por completo el programa Apollo. Hubo un primer eslabón del nuevo programa, en el 2022, que se concretó en una misión no tripulada. Ahora está en curso el segundo paso. Y el tercero y definitivo está previsto para el 2028, cuando se enviará la misión tripulada con el propósito de alunizar.La carrera espacial ha entrado en otra dimensión con los operadores privados y ChinaEl mundo ha cambiado mucho en el último medio siglo. También la carrera del espacio. En tiempos de la guerra fría, dicha carrera tenía una dimensión exploratoria y científica, pero también una fuerte carga simbólica. El país más poderoso decía al mundo con aquellas misiones espaciales que su poder podía proyectarse también hacia el espacio exterior, hacia una dimensión ilimitada. Eso sigue siendo en buena medida así, con EE.UU. y ahora
China, en lugar de entonces la URSS, desarrollando sus respectivos proyectos espaciales. La novedad es que el espacio es también ahora codiciado por operadores privados, que vislumbran en él un potencial de negocio enorme. De hecho, la
NASA trabaja ya en colaboración con empresas como SpaceX, de Elon Musk, o Blue Origin, de Jeff Bezos, que proveerán módulos de alunizaje a futuras misiones.Tiempo atrás, el propósito de la
NASA había sido el establecimiento de un asentamiento humano fijo en la superficie lunar. Se barajó también el planeta Marte como destino de futuras misiones, aunque con horizonte en la década del 2030. La idea de colonización parecía reverdecer en un escenario espacial. Y, con ella, el deseo de las superpotencias de extender sus dominios más allá de los límites físicos de la Tierra. Ahora, como apuntábamos, los gobiernos de los países más poderosos ya no están solos en la carrera, ante la que ya han expresado sus intenciones algunos de los mayores magnates del mundo actual.La carrera espacial ha sido desde sus inicios un singular banco de pruebas científico, que ha permitido avances en materias tan dispares como la aeronáutica, las telecomunicaciones o la medicina. Es deseable que lo siga siendo en el futuro. Y también lo es que se mantengan los mecanismos de colaboración entre naciones distintas –y en ocasiones rivales– que la han jalonado, dándole un nuevo impulso a la exploración del espacio. Solo los países más ricos disponen de recursos para afrontar estas onerosas operaciones. Pero los beneficios que puedan obtenerse de ellas deberían revertir en el mayor número posible de personas, indistintamente de su nacionalidad y su fortuna.