Pablo Scarpellini Los �ngelesActualizado Viernes, 3 abril 2026 - 22:44Cinco semanas despu�s de su inicio, parece una evidencia que la guerra en Ir�n se le est� saliendo de las manos a
Donald Trump, tanto en Oriente Pr�ximo como en casa. La dimisi�n forzada el jueves por la tarde del jefe del Estado Mayor del Ej�rcito, el general
Randy George, ahonda a�n m�s la crisis de confianza en su Gobierno que ni siquiera su discurso triunfalista y televisado a la naci�n del mi�rcoles alcanza a mitigar. El panorama es, cuando menos, desalentador: la gasolina por las nubes, con fantasmas de recesi�n acechando en el horizonte, las encuestas se�alando un rechazo frontal a un conflicto que muchos estadounidenses no alcanzan a entender; y una retah�la de despidos en su gabinete que confirman una pol�tica err�tica y plagada de contradicciones en muchos frentes.Empezando por Ir�n, donde los giros han sido cuantiosos. Trump ha pasado de alinearse sin fisuras con
Israel para intentar un cambio de r�gimen en el Ir�n de los ayatol�s, a se�alar que su �nica misi�n en la regi�n era acabar con la amenaza nuclear, desentendi�ndose despu�s del cierre del Estrecho de Ormuz, por donde circulaban los petroleros con normalidad hasta el mes de febrero. El mandatario ha pedido a otros pa�ses que asuman la responsabilidad de volver a abrirlo, pese al enorme riesgo que supondr�a una operaci�n militar semejante. Dice, por un lado, que la capacidad castrense de los
Iran�es ha quedado totalmente mermada, y por otro anuncia ataques masivos en las pr�ximas dos o tres semanas para devolver al r�gimen "a la Edad de Piedra donde pertenecen".La salida de George pone de manifiesto las crecientes tensiones que se han vivido en
Washington en las altas esferas del Pent�gono. Forzado a abandonar el cargo por el entorno del secretario de Guerra,
Pete Hegseth, el movimiento sugiere la voluntad de alinear al ej�rcito con una l�nea m�s dura impulsada desde la Casa Blanca. El cambio llega, adem�s, en medio de se�ales de desacuerdo interno sobre el alcance de las operaciones contra Ir�n, lo que refuerza la percepci�n de que
Washington podr�a estar prepar�ndose para una escalada a�n mayor.La otra se�al inequ�voca es la intenci�n de Trump de aumentar un 40% el gasto en Defensa. El viernes, la Casa Blanca envi� un proyecto de presupuesto de Defensa al Congreso por 1,5 billones de d�lares para 2027, lo que elevar�a el gasto a su m�ximo hist�rico en plenas hostilidades con Ir�n. El hombre que clama haber acabado con ocho guerras en poco m�s de un a�o en el poder y que cree ser el justo merecedor del Premio Nobel de la Paz no parece tener intenci�n de acabar con sus m�ltiples campa�as b�licas.La propuesta presupuestaria, por el contrario, busca recortar el gasto no destinado a la Defensa en un 10%, un recorte de 73.000 millones de d�lares que afectar�a principalmente a sectores como la vivienda, los servicios sociales, la atenci�n m�dica y otros programas que la Administraci�n considera innecesarios e impulsados por la izquierda radical.Todo ello en mitad de dos sonados despidos que han sacudido los cimientos de su gabinete. En marzo sali� Kristi Noem, su secretaria de Seguridad Nacional, a la que, adem�s de su criticada gesti�n del ICE -con la muerte a tiros de dos manifestantes estadounidenses durante las redadas en Mine�polis- se le ha sumado un esc�ndalo personal considerable. Su marido, Bryon Noem, ha reconocido que llevaba una doble vida, que se vest�a de mujer y que se gastaba fuertes sumas de dinero en foros de contenido fetichista.El jueves, la siguiente en caer fue Pam Bondi, la fiscal general de EEUU, cuestionada por su manejo del caso Epstein y su incapacidad para perseguir de forma efectiva a los rivales pol�ticos del presidente. Su despido, esperado desde hace d�as en
Washington, hace a�icos la teor�a de que esta vez Trump hab�a logrado rodearse de un equipo fiel e inquebrantable, de un grupo de profesionales afines al universo MAGA que har�an cualquier cosa por su l�der. 14 meses despu�s, la realidad ha venido a demostrar que satisfacer las ins�litas peticiones del republicano es una misi�n poco menos que imposible.Es muy probable que no sea la �ltima cabeza en rodar. La de Tulsi Gabbard, responsable de Inteligencia nacional, podr�a ser la pr�xima. Aunque Gabbard ha mostrado afinidad con algunas posiciones del trumpismo, su perfil independiente y, sobre todo, su tradicional rechazo a las intervenciones militares prolongadas la sit�an en una posici�n inc�moda en un momento de escalada con Ir�n. En una Administraci�n donde la disciplina y la lealtad pesan tanto como la estrategia, cualquier matiz en pol�tica exterior puede interpretarse como una fisura.A eso, hay que sumar la dimisi�n hace unas semanas de su n�mero dos, Joe Kent, por su rechazo a la guerra en Ir�n, que lanz� un ataque directo a Trump al asegurar que la entrada en el conflicto no respond�a a ning�n inter�s nacional, sino a la presi�n ejercida por el Gobierno
Israel� de Benjamin Netanyahu. Es una cadena de despidos, salidas voluntarias y dimisiones forzadas que lanzan un mensaje claro: nadie est� a salvo de las iras del presidente, por muy MAGA que sean.