Ryma Sheermohammadi*Actualizado Viernes, 3 abril 2026 - 00:05Hay una pregunta que la pol�tica occidental hacia Ir�n nunca se ha hecho en serio: �y si la presi�n no debilita al r�gimen, sino que lo sostiene? No es una provocaci�n ret�rica. Es lo que sugieren cuatro d�cadas de sanciones, operaciones de eliminaci�n selectiva y aislamiento diplom�tico cuando se observan sin el filtro de los resultados esperados. Amnist�a Internacional ha documentado oleadas de ejecuciones mientras las autoridades restringen el acceso a internet durante episodios de protesta y conflicto. El patr�n se repite. Y, sin embargo, sigue sin leerse como es. La Rep�blica Isl�mica ha sobrevivido a todo. Y no a pesar de la hostilidad exterior. En parte, gracias a ella. Entender por qu� exige abandonar los modelos habituales. Y mirar la arquitectura.La supervivencia de la Rep�blica Isl�mica no se explica por su legitimidad ni por su eficiencia. Se explica por su dise�o. Tras la guerra con
Irak, el sistema incorpor� una lecci�n fundamental: concentrar el poder es volverse vulnerable. Desde entonces, el poder no se acumula en un �nico centro, sino que se distribuye en una red de instituciones y niveles operativos capaces de funcionar de manera aut�noma en situaciones de crisis. No es una pir�mide. Es una red.Este rasgo altera de manera decisiva los c�lculos habituales. En sistemas altamente centralizados, la eliminaci�n de figuras clave puede desencadenar procesos de colapso. En Ir�n, esa l�gica no se sostiene. La eliminaci�n de mandos no paraliza el sistema: activa mecanismos de sustituci�n previstos de antemano. Los niveles intermedios no est�n dise�ados �nicamente para ejecutar �rdenes, sino para garantizar la continuidad operativa. La p�rdida de una pieza no desarticula el conjunto. Lo configura.Esta capacidad de absorci�n se ha reforzado con el tiempo. Un elemento central ha sido la experiencia prolongada con las sanciones. Durante a�os se asumi� que la presi�n econ�mica debilitar�a al r�gimen. Lo que ocurri� fue distinto. Las sanciones no erosionaron el sistema: lo entrenaron. A lo largo de d�cadas, se consolid� una econom�a de supervivencia basada en redes informales, mecanismos paralelos y circuitos alternativos. Lo que surgi� como adaptaci�n termin� institucionalizando. El resultado es un sistema que no solo resiste condiciones extremas, sino que ha aprendido a operar dentro de ellas.A esto se suma la continuidad ideol�gica. En muchos reg�menes, la eliminaci�n de figuras clave genera crisis sucesorias. En el caso
Iran�, los cuadros se forman dentro de un marco ideol�gico compartido que permite una transici�n funcional. Lo que se reproduce no son individuos. Son patrones. La continuidad no depende de personas, sino de estructuras.Ir�n, adem�s, proyecta esa l�gica m�s all� de sus fronteras. A lo largo de d�cadas ha construido una estructura de influencia regional que ampl�a su profundidad estrat�gica y multiplica los escenarios de conflicto. Enfrentarse a esta configuraci�n es radicalmente distinto a enfrentarse a un poder centralizado.Alimentar el problemaEuropa no observa esto desde fuera. Forma parte directa del marco desde el que, junto a sus aliados, ha dise�ado durante d�cadas su pol�tica hacia Ir�n. Si el sistema no responde a la presi�n como se ha asumido, insistir en las mismas herramientas no s�lo resulta ineficaz. Puede estar contribuyendo, de forma indirecta, a reforzar las condiciones que permiten su continuidad. La cuesti�n, por tanto, no es s�lo qu� hacer con Ir�n, sino hasta qu� punto el propio marco de interpretaci�n occidental est� alimentando el problema que pretende resolver.Hasta aqu�, la ingenier�a del poder. Pero esa arquitectura no existe en el vac�o. se sostiene sobre una poblaci�n. La guerra no solo reprime. Reordena prioridades. Cuando la supervivencia entra en juego, la libertad deja de ser urgente. Este desplazamiento no elimina el descontento, pero s� reduce su capacidad de traducirse en acci�n colectiva. El miedo deja de ser �nicamente una herramienta de control y se convierte en un entorno. La incertidumbre constante y la violencia acumulada erosionan la confianza y fragmentan el tejido social. En ese contexto, incluso quienes rechazan el sistema pueden percibir escenarios alternativos como m�s costosos o m�s inciertos. La permanencia del statu quo deja de ser una adhesi�n ideol�gica y pasa a ser, en muchos casos, una elecci�n condicionada por el riesgo.Esta l�gica tambi�n tiene cifras. Desde el inicio de la reciente escalada b�lica, organizaciones como Hengaw Organization for Human Rights han documentado al menos 1.700 detenciones, junto con un repunte en el uso de la pena de muerte contra presos pol�ticos y acusados de delitos vinculados a la seguridad nacional. En los �ltimos meses, varias ejecuciones se han concentrado en el contexto inmediato del conflicto, coincidiendo con un endurecimiento generalizado del control interno.Al mismo tiempo, se ha intensificado la persecuci�n de la comunidad bah�'�, con nuevas olas de detenciones dirigidas especialmente contra j�venes. Lejos de ser un fen�meno residual, este tipo de represi�n cumple una funci�n dentro del sistema: en contextos de presi�n externa, la activaci�n de mecanismos de control sobre grupos vulnerables refuerza la capacidad de disuasi�n interna. As� se ha observado tambi�n durante la reciente Guerra de los 12 d�as, donde el endurecimiento del control coincidi� con una intensificaci�n de este tipo de pr�cticas.El problema, por tanto, no es s�lo estrat�gico. Es conceptual. Mientras se siga interpretando Ir�n como un sistema susceptible de colapsar bajo presi�n externa, se seguir�n aplicando pol�ticas que no captan su l�gica real. La presi�n no act�a en el vac�o. Se incorpora al funcionamiento del sistema, alimenta su narrativa de asedio y ampl�a su margen de control interno. Esto tiene una consecuencia directa que rara vez se formula. Si las herramientas dise�adas para debilitar al sistema est�n contribuyendo a reforzarlo, insistir en ellas no es una estrategia fallida. Es una forma de perpetuar el problema bajo otra apariencia. Y en ese escenario, quienes pagan el coste no son quienes sostienen el sistema, sino quienes viven bajo �l.La Rep�blica Isl�mica no sobrevive a pesar de la presi�n. Sobrevive, en parte, gracias a ella.*
Ryma Sheermohammadi es una analista sociopol�tica especializada en Ir�n y Oriente Pr�ximo