Formar parte de un sector empresarial regulado y dependiente prácticamente en su totalidad de contratos públicos, como es el de la defensa, exige mantener una relación fluida con el Gobierno, que es su principal cliente. Todas las compañías dependen de adjudicaciones de distintos ministerios (Defensa, Industria y Ciencia, principalmente), de modo que los contactos con el poder político tienen que estar engrasados. Si hay un problema, la maquinaria entra en barrena. Esto es lo que ha ocurrido entre los hermanos Escribano y la
Moncloa en
Indra. Lo que comenzó siendo un ten con ten ha acabado en una abrupta ruptura en forma de dimisión. Todo cambió la última semana, ya que hasta el pasado jueves Ángel Escribano defendía en público su gestión al frente de la cotizada y afirmaba que el mercado lo valoraba, lo cual ha sido así. Pero todo tiene un límite, y la familia Escribano no ha podido mantener su órdago a un Gobierno al que necesita para su cuenta de resultados.Marzo del 2020. España estaba confinada. Los muertos en el país se empezaban a contar por centenares, y las unidades de cuidados intensivos de los hospitales comenzaban a colapsar. Hacían falta respiradores para salvar vidas. Alguien le habló al Gobierno de una modesta empresa familiar madrileña en el corredor del Henares especializada en material militar de precisión que podría fabricar las piezas que faltaban para ayudar a los enfermos de covid. Dicho y hecho. EM&E fabricó esas piezas. El 3 de abril del 2020, el presidente
Pedro Sánchez y el entonces ministro de Sanidad,
Salvador Illa, se fotografiaban junto a los hermanos Escribano en la presentación de los respiradores made in
Spain . En plena economía de guerra, a los dos empresarios no les importó ayudar desinteresadamente al Estado. El 3 de abril,
Javier Escribano era entrevistado en el Telediario nocturno de TVE para explicar su colaboración. Comenzaba el idilio entre el Gobierno y los Escribano.Enterrando el hacha de guerra, a los Escribano se les abre un nuevo horizonte, y el Gobierno promete cumplirEl siguiente gran paso llegó cuatro años más tarde. En diciembre del 2024, EM&E aumentó su participación en
Indra para alcanzar el 14,3%, posicionándose como el segundo gran accionista. Lo hicieron con el aval de la
Moncloa. Unos días más tarde, a Ángel Escribano le iba a cambiar la vida. El mayor de los hermanos estaba en una zona indeterminada de
Castilla y León disfrutando de un plan familiar. Cuando miró su teléfono vio que había recibido incesantes llamadas perdidas. “¿Qué pasa?” “Ángel, vente corriendo a Madrid que el Gobierno quiere que presidas
Indra”. En un movimiento en cadena, el Ejecutivo promovió a Marc Murtra para la presidencia de Telefónica y planteó al industrial madrileño ocupar su hueco en
Indra. Fue el hombre elegido para liderar el histórico aumento del gasto en defensa. Todo encajó.La era Escribano al frente de
Indra comenzó con buen pie. El objetivo era convertirla en la compañía tractora del sector militar. Murtra ya había dejado plasmado por escrito que
Indra debería crecer de forma inorgánica, es decir, comprando otras empresas, y Escribano aceleró los planes. Manifestó su interés por comprar Santa Bárbara, pero el gigante estadounidense GDELS se negó a vender. Adquirió El Tallerón, en Gijón, a Duro Felguera para fabricar blindados, negocio que le faltaba a
Indra. Se interesó por la histórica Urovesa y la catalana Comforsa, Se veía capaz de crear una especie de “Inditex de la defensa”.Ángel Escribano nunca ocultó en los catorce meses al frente de
Indra que comprar su compañía familiar era una operación estratégica para España. La adquisición fue planteada en la era Murtra, y Escribano la defendió, aunque se abstuvo, junto a su hermano, en todos los debates internos. El consejo de
Indra aprobó por unanimidad que la compra tenía “encaje estratégico”, aunque resolviendo el conflicto de interés. Pero algo cambió a finales del año pasado. El idilio se acabó.La
Moncloa y la SEPI decidieron que la integración de EM&E en
Indra no podía avanzar porque los Escribano se convertirían en primeros accionistas, por encima de la SEPI. Se plantearon otras opciones, como una fusión parcial o crear una división donde se integrarían ambos grupos. Nada convenció a los Escribano, que no entendieron el giro. Fueron semanas de tensión con escenas desagradables. Circularon dossiers. Hubo guerra sucia.En lo peor de la pandemia, los hermanos Escribano ayudaron al Gobierno a fabricar respiradoresEl 19 de marzo, el Gobierno dio un paso decisivo. La SEPI bloqueó la operación de EM&E hasta despejar el conflicto de interés. Se abrió la puerta de salida a Escribano, con una reunión en la
Moncloa con Manuel de la Rocha. El Gobierno bajó el pulgar. Se llegaron a manejar varias opciones, como que el mayor de los hermanos se quedara de consejero en
Indra y su hermano Javier fuera el principal ejecutivo del área militar. En un movimiento inesperado, los Escribano decidieron retirar a su empresa de cualquier operación. En la SEPI no gustó.En el Gobierno afirman tener claro que Escribano iba a marcharse, aunque no sabían cuándo. Prepararon el terreno con Ángel Simón para sustituirle. Entonces, ¿qué provocó que Ángel Escribano dimitiera? En los contratos de defensa está la clave. EM&E tenía una valoración de 200 millones en el 2020 y cinco años más tarde sus dueños hablan de una cifra cercana a los 2.000 millones. Y subiendo, porque la inversión pública en defensa va para largo. EM&E también provee al Estado el SIVE, las cámaras que vigilan las fronteras.Escribano dimitió el miércoles aludiendo a que su continuidad hubiera “amenazado” los objetivos del sector y, por tanto, de su compañía familiar. Saliendo de la cotizada se pueden despejar operaciones: desde retomar la integración, hasta que los hermanos se conviertan en referentes del sector de la defensa. El horizonte para ellos es amplio, y sin contratos públicos no podrían avanzar. Como muestra de entendimiento,
Javier Escribano, que continúa como consejero en
Indra, votó a favor del nombramiento de Ángel Simón. Los Escribano entierran el hacha de guerra, y el Gobierno promete cumplir.Simón y De los Mozos, el tándem Catalunya-MadridLa llegada de Ángel Simón a la presidencia no ejecutiva de
Indra busca iniciar una nueva etapa en la que prime la gestión. Para ello, el directivo manresano tendrá que hacer tándem con José Vicente de los Mozos, nuevo primer ejecutivo de la compañía. Ambos venían de mundos distintos (Simón, de la gestión integral del ciclo del agua, y De los Mozos, de la automoción), pero el destino les ha unido en la aventura de dirigir la principal empresa de defensa del país. Conformarán el tándem Catalunya-Madrid con el objetivo también de impulsar proyectos en todo el territorio nacional, más allá de los tradicionales corredores militares. Simón es un directivo reconocido en Catalunya que puede atraer proyectos destacados a la región. De los Mozos, por su parte, es un ejecutivo con importantes relaciones en la capital, principalmente con el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso. De hecho, él, que sigue presidiendo Ifema, ha sido uno de los artífices de que la Fórmula 1 vuelva a la ciudad.Redactor de la sección de Economía de La Vanguardia en la redacción de Madrid. Autor del libro 'El año que vivimos sin Gobierno' (Libros.com) y colaborador de varios programas de televisión y radio.