Tan solo ha pasado un mes entre el estallido de la guerra en Irán, que ha puesto patas arriba los mercados energéticos globales, y la primera visita en cinco años del ministro de Exteriores español,
José Manuel Albares, a Argelia. Tras la reconciliación pública entre ambos países –después de una crisis diplomática por el apoyo de España al plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental en el 2022– está la mayor empresa del continente africano en volumen de facturación.
Sonatrach es uno de los puntales de la economía argelina y la compañía estatal que tiene la llave del gas que llega a territorio español a través del gasoducto
Medgaz o vía transporte marítimo, en un momento crucial para el suministro energético. Tras la guerra de Ucrania, todas las miradas ya se fijaron en esta empresa cuando los países europeos dieron la espalda al gas ruso. Aunque en los últimos tiempos España ha potenciado la compra de gas natural licuado (GNL) a Estados Unidos –en febrero se transportaron 10.612 GWh desde el país de
Donald Trump, el 33,8% del total, más que el 29,1% de Argelia, según datos de Enagás–, en el 2025 el país africano aún fue el principal suministrador de gas.El gasoducto
Medgaz, que une Almería con la ciudad argelina de Beni Saf, tiene capacidad para transportar 10,16 bcm por año, lo que supone 10.160 millones de metros cúbicos de gas natural y el equivalente a unos 118.000 GWh anuales. Además,
Naturgy tiene un 49% de participación en la infraestructura, mientras que el 51% restante está en manos de
Sonatrach. La compañía que preside Francisco Reynés es la comercializadora que más depende del gas de los argelinos, con los que colabora desde 1969 y quienes también tienen un 4,1% del capital de la energética española.Los expertos dudan sobre la capacidad de Argelia para exportar más gas en el contexto de crisis actualLa historia de
Sonatrach está estrechamente ligada al pasado postcolonial de Argelia. Pese a conseguir la independencia en 1962, el país no obtuvo el control real sobre sus recursos naturales hasta más tarde y estos siguieron algunos años más bajo intereses franceses. En 1971, el presidente Houari Boumedienne decidió nacionalizar los hidrocarburos y la compañía pública pasó a encargarse de la extracción, producción y transporte de los mismos.
Sonatrach se convirtió en el motor económico de Argelia y desarrolló grandes campos de gas en el desierto del Sáhara, a la vez que establecía conexiones con Europa a través del combustible, especialmente con España e Italia, con la que conecta hasta Sicilia gracias al gasoducto Transmed (con una capacidad de unos 33 bcm anuales). De hecho, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, se adelantó al viaje de Albares y visitó Argelia un día antes para asegurarse el suministro energético con la exploración de hidrocarburos en alta mar.“Es una herramienta de la política pública del Estado argelino. Pero también es fruto del fracaso de la industrialización y del hecho de estar destinada a ser solo una potencia petrolera”, comenta Aurèlia Mañé, profesora de Economía de la Universitat de Barcelona especializada en geopolítica de la energía, sobre el papel de
Sonatrach en el escenario actual.El ministro Albares visitó el país magrebí para aumentar el suministro del gasoducto MedgazLos sucesivos altos cargos del grupo, añade, también han estado vinculados al llamado pouvoir , el conjunto de fuerzas políticas y militares que controlan el país más allá de aquellas que son visibles. De hecho, algunas publicaciones africanas especializadas ya ponen en duda que Noureddine Daoudi, el actual presidente y consejero delegado de
Sonatrach nombrado el pasado octubre, pueda durar mucho más al frente. La empresa estatal se ha caracterizado últimamente por la inestabilidad de su cúpula –es el quinto presidente en siete años– y ya fue salpicada en la década de 2010 por un sonado caso de corrupción protagonizado por el exministro de Energía Chakib Khelil.“Pese a lo que pueda parecer, Argelia siempre ha sido un socio muy fiable”, apunta Mañé. Las divisiones internas por el poder e incluso los períodos más oscuros de su historia reciente, como la guerra civil durante la década de 1990, en la que murieron más de 150.000 personas, nunca han alterado el suministro de gas a sus compradores. “Los acuerdos por el gas han funcionado muchas veces como un teléfono rojo. Cuando ha habido crisis diplomáticas, se ha recibido a directivos [de compañías energéticas] mientras no se recibía a embajadores”, dicen fuentes del sector.La reciente visita de Albares a Argelia buscaba incrementar el envío de gas hacia España, en un contexto en que el conflicto en Oriente Medio despierta los temores sobre problemas en el suministro. El
Medgaz cuenta con una capacidad de transporte de 32 millones de metros cúbicos de gas al día, aunque ahora el flujo se sitúa en una media de 28 millones. Sobre el papel, habría margen para bombear más gas. A Mañé no le salen las cuentas y plantea que Argelia ya tiene un problema de capacidad por el incremento de su consumo interno, fuertemente subvencionado por el Estado.Pese a las tensiones internas por el poder,
Sonatrach siempre se ha percibido como un socio fiableFrancis Ghilès, del centro de investigación en relaciones internacionales Cidob, también expone en un artículo reciente que
Sonatrach podría fallar en el reto de incrementar sus exportaciones. Para conseguirlo, razona, debería implementar una política de exploración más activa y estar dispuesta a reducir la práctica del flaring (la quema controlada de gas que no se puede capturar o transportar de inmediato y que genera un coste añadido).“La falta de visión estratégica de
Sonatrach refleja un fallo más amplio de los líderes argelinos”, concluye Ghilès, y subraya la renuncia del país magrebí a crear un fondo soberano que le habría permitido invertir en las principales empresas europeas y ejercer de forma efectiva su poder blando.