El cocinero vasco
Karlos Arguiñano, junto con otros cuatro amigos que compartían la afición por la buena gastronomía y el buen vino entorno a una buena mesa, bien en restaurantes de la zona, bien en la sociedad gastronómica Arralde Txiki de
Zarautz, pusieron en marcha la aventura de K5 tras una de sus cenas de los viernes. Es un proyecto vitivinícola con ambición cualitativa nacida entre las risas de sus fundadores. Asegura que quisieron elaborar un txakoli, un vino “de donde somos”, sin azúcares ni carbónicos residuales. Su pretensión, afirma, era “elaborar un gran vino de mesa y dejar raíces”.Hoy el proyecto, en el que continúan tres de los cinco socios iniciales, lo dirige la hija pequeña de
Karlos Arguiñano, Amaia, acompañada de las enólogas
Andrea Vargas y
Andrea Melo y de cuatro personas dedicadas a las tareas de campo. El acento es joven y claramente femenino. Desde los inicios han contado con el asesoramiento del enólogo, ingeniero agrónomo y consultor manchego
Lauren Rosillo Marhuenda.
Karlos Arguiñano lanzó en 2010 su primer vino K5 con cuatro amigos CedidaLa familia de Arguiñano se había iniciado en el mundo del vino a partir de medio centenar de cepas plantadas por el primo de la madre de
Amaia Arguiñano en un caserío, de las que obtenían las uvas con las que elaborar vino para consumo propio. Embotellaron este primer vino en una bodega de
Zarautz. Era “un txakoli para casa, para degustar en familia y con amigos”.Hubo un año en que recogieron bastante cosecha y el resultado del vino les emocionó tanto que “entre bromas y copa a copa, empezamos a descubrir el complejo mundo del vino y particularmente del vino de nuestra tierra que se elabora desde hace cientos de años con la uva hondarrabi zuri”. Y “entre risas y bromas” surgió una pregunta: “¿por qué no hacemos nuestro propio vino?”.La bodega está rodeada de viñedos Jorge CapdequiEl proyecto K5 se inició en 2005, y se estrenó en el mercado con la cosecha del 2010. Hoy elaboran en torno a las 60.000 botellas anuales, de las que exportan en torno a un 15% a una decena de países de todo el mundo. Sus principales mercados internacionales son Estados Unidos, Japón,
Australia, Reino Unido, Canadá y Corea del Sur.
Karlos Arguiñano, que se siente muy orgulloso de sus vinos, no esconde en declaraciones al canal Comer de La Vanguardia que “no deja de sorprenderme que nos compren desde
Australia y nos lo vuelvan a pedir”.La bodega, junto a sus viñedos, fue diseñada por los arquitectos Alonso & Balaguer. Se encuentra en la zona rural de Andatza Diseminado Barreiatua, en el municipio rural de Aia (Gipuzkoa). Está a 300 metros de altitud frente al mar Cantábrico y muy cerca del parque natural Pagoeta, en la falda de Eztenagako Txorrua, desde donde se divisan el Ratón de Getaria a la izquierda y la bocana del puerto pesquero de Orio a la derecha. Desde la bodega, pues, excepto en días muy cubiertos o con niebla, se pude divisar el mar. Muy cerca el más mediático de los cocineros grava sus programas de televisión y tiene su residencia, compartiendo barrio con sus hijos.Viñedos de este proyecto vitivinícola de Aia impulsado por cinco amigos CedidaEste es un proyecto inscrito en la DO Getariako Txakolina que suma 30 hectáreas. La mitad están plantadas con viña y el resto es bosque de hayas, castaños y robles. Vendimian manualmente y también con máquina, dependiendo de cómo se presenten las añadas. Sus primeras vides se plantaron en 2006. Los rendimientos son bajos, entre los 5.000 y los 6.000 kilos por hectárea. Trabajan con levaduras y bacterias indígenas, sin pie de cuba. Sus fermentaciones alcohólicas, pues, son espontáneas. Y no practican la fermentación maloláctica.Sólo trabajan con una única variedad de uva, la blanca hondarrabi zuri. Las primeras referencias escritas de esta uva autóctona del País Vasco son del año 1783. Esta variedad está muy bien adaptada al clima muy húmedo de la zona, con un promedio de unos 1.200 mm anuales de lluvia.Sólo trabajan con la variedad de uva blanca hondarrabi zuri CedidaAmaia Arguiñano Ameztoy dice creer que el “punto fuerte” de esta bodega son las crianzas largas de sus vinos en depósitos de acero inoxidable. Y añade que “nuestra filosofía de elaboración pasa por tener paciencia y creer en aquello que hacemos”. Amaia asegura que persiguen elaborar “vinos de calidad que sean gastronómicos, y no de poteo”. Desde la bodega aseguran que sus vinos “son el fiel reflejo de un paisaje, de un suelo, de un suelo fantástico y de un clima excepcional”. Y señalan que su misión es “preservar este carácter único y llevarlo intacto hasta la botella para que, posteriormente, los años hagan el resto del trabajo”.“Nuestra filosofía de elaboración pasa por tener paciencia y creer en aquello que hacemos”
Amaia Arguiñano AmeztoyDirectora de K5Su vino de referencia lleva el mismo nombre que el de la bodega. K5 se anuncia como su vino blanco de guarda. Es elaborado únicamente a partir del mosto flor, con un mínimo de 11 meses de crianza sobre lías (sin trabajo de removido). Es un txakoli con crianza en botella que ofrece una muy buena evolución. Dicen que han querido romper con los estándares de que un txakoli es sólo un vino para consumir en el año siguiente de la vendimia. En su tienda virtual pueden adquirirse añadas antiguas de unos vinos que muestran lo bien que les sienta la crianza en botella. Afirman que su potencial de envejecimiento en botella es de hasta al menos diez años.Vendimia en K5 CedidaSus uvas nacen en un suelo de orografía ondulada, formado por esquistos de pizarra laminada y granito. Son esquistos grises muy erosionados y con contenido orgánico medio. Se practica una selección manual de la uva, que se somete a una maceración prefermentativa y a una fermentación alcohólica en tanque de acero inoxidable.La añada 2022 en Gipuzkoa estuvo marcada por un año excepcionalmente cálido y seco, con temperaturas medias superiores a la media histórica, un 20% menos de precipitaciones y mayor insolación. Estas condiciones favorecieron una maduración adelantada y una excelente sanidad de la uva, dando lugar a vinos generalmente más maduros y estructurados que en añadas atlánticas tradicionales.Esta última añada en el mercado del K5, la del 2022, presenta un color amarillo pajizo con reflejos dorados. Es nítido y brillante. Ya en fase olfativa anuncia su alma glicérica y cremosa, a pesar de que la crianza con las lías sólo es estática. Exhibe notas de fruta madura de hueso como los albaricoques, cítricos como la naranja sanguina y fruta blanca como la manzana. También muestra matices de flor seca de plantas aromáticas como la manzanilla. Es voluminoso, sabroso y de largo recuerdo en boca, pero no punzante (su cremosidad compensa la gran acidez). Destaca por su muy buena acidez, y por su final salino. Remarcable es la mineralidad de este blanco de estilo borgoñés (aunque sin madera).Autofoto del equipo de K5 CedidaA
Karlos Arguiñano le gusta disfrutar del K5 del 2022 con unos calamares del Cantábrico en su tinta, o a lo Pelayo (salteados a fuego alto y cocinados a fuego lento con cebollita). A su hija Amaia también le gusta con unos chipirones, así como con una sopa de pescado, con una ventresca de bonito a la parrilla o bien al horno o con unas anchoas fritas o rebozadas. La enóloga
Andrea Vargas lo prefiere con un lenguado a la meunière. Y desde la bodega se afirma que es ideal para acompañar una amplia gama de platos, desde mariscos y pescados (como el rodaballo y el atún), sushi o foie, hasta carnes blancas y rojas.K5 2022, de Bodega K5DO Getariako TxakolinaVariedades de uva: Hondarrabi zuriPrecio: 20 euros