Las guerras no solo atormentan el presente y oscurecen el futuro de las poblaciones que las padecen, también pueden trazar heridas imborrables en la relación que mantienen con su pasado. Como un incendio que reduce a cenizas los recuerdos de una familia, las bombas pueden causar daños irreversibles en edificios, monumentos y sitios que funcionan como reservorios de una memoria compartida.“El patrimonio cultural no debe considerarse únicamente como sitios u objetos. Los sitios patrimoniales actúan como anclajes físicos de la memoria colectiva. Cuando desaparecen, los relatos históricos se fragmentan y resulta más difícil para las generaciones futuras comprender sus orígenes”, explica
Teresa Patrício, arquitecta especializada en conservación del patrimonio arquitectónico y urbano y presidenta de
Icomos, una organización internacional no gubernamental que trabaja en la conservación del acervo cultural en todo el mundo.“El patrimonio no es solamente piedra. Es la identidad y la memoria de la gente. Su destrucción en un conflicto es algo muy duro, porque son símbolos que identifican a un pueblo, a una cultura, y que desaparecen para siempre”, lamenta
Isber Sabrine, arqueólogo especializado en gestión del patrimonio cultural en contextos de conflicto, investigador de la
Institución Milá y Fontanals de Investigación en Humanidades del
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IMF-CSIC) y presidente de
Heritage For Peace.A principios de marzo, pocos días después de haberse iniciado el conflicto armado que enfrenta a
Estados Unidos e
Israel contra Irán, se difundieron pruebas de las destrucciones en el palacio de Golestán, provocadas por las ondas expansivas de las bombas tras un ataque aéreo contra la plaza Arag, en la capital
Iraní.Sala de los Espejos en el palacio Golestan, Teherán, IránTercerosEl complejo, descrito por la
UNESCO como una obra maestra, fue sede de gobierno de la familia Qajar, que llegó al poder en 1779 y convirtió a Teherán en la capital del país. Las imágenes de sus salones con ventanales estallados y suelos cubiertos de cristales rotos, polvo y escombros encendieron las alarmas de quienes se dedican a preservar la herencia cultural de la humanidad.Mapa de las ruinasA esas imágenes se fueron sumando muchas otras. En el momento de escribir este reportaje, según han podido corroborar las fuentes consultadas, ya se han contabilizado más de cincuenta sitios patrimoniales
Iraníes destruidos o dañados por el conflicto en curso. Entre ellos, además del palacio de Golestán (Teherán), otros espacios declarados Patrimonio Mundial por la
UNESCO, como el palacio Chehel Sotún (Isfahán), la mezquita aljama de Isfahán, el palacio Ali Qapu (Isfahán, plaza Naqsh-e Jahan) y la ciudadela de Falak-ol-Aflak.El Centre for Ancient Middle Eastern Landscapes (CAMEL) de la Universidad de Chicago y la Society for Iranian Archaeology (SIA) han desarrollado un mapa interactivo que permite geolocalizar los bienes culturales y lugares históricos dañados durante el conflicto. La mayoría están inscritos en la Lista del Patrimonio Nacional de Irán o son museos y colecciones. Al hacer clic en cada sitio afectado, se despliega una ficha que explica su relevancia cultural y proporciona información verificada sobre el grado de daños que ha sufrido, con imágenes contrastadas.Se trata de un esfuerzo que se ha llevado a cabo a pesar del apagón de internet y del acceso limitado a fuentes dentro del país, según describe el experto
Isber Sabrine, quien, además, advierte de que los daños podrían ser todavía mayores de los que refleja el mapa. Desde el inicio del conflicto, su organización
Heritage For Peace ha activado sus redes habituales de documentación, apoyándose en contactos locales sobre el terreno y en colaboraciones académicas para monitorizar la situación mediante imágenes satelitales.Lo que aún no se sabeSin embargo, a diferencia de otros conflictos en los que han trabajado, como los de Siria o Gaza, la labor en Irán resulta especialmente compleja. Además de la interrupción casi total de internet, las barreras lingüísticas dificultan la comunicación con informantes locales, mientras que las limitaciones en el acceso a imágenes actualizadas impiden disponer de una evaluación precisa y en tiempo real de los daños.La presidenta de
Icomos advierte de que es difícil poder determinar qué sitios están bajo mayor riesgo, ya que muchos están siendo objeto de ataques. Además de las afectaciones en Irán, su organización ha recibido informes en otros países de la región. En Líbano, un ataque con misil impactó en el perímetro del yacimiento arqueológico de Tiro, causando estragos en la entrada del sitio. En
Israel, dos edificios dentro de la Ciudad Blanca de Tel Aviv también han sido golpeados.Ruinas romanas en Tiro, Líbano, con la ciudad actual a la izquierdaJoel Carillet / iStock“La
UNESCO advierte de que la escalada de violencia está poniendo en peligro numerosos sitios de importancia cultural en toda la región, incluidos países del golfo y más allá”, asegura un portavoz de la
UNESCO consultado por Historia y Vida.Aunque no han podido evitar completamente la destrucción en palacios, mezquitas y otros sitios históricos, algunas medidas adoptadas por el gobierno
Iraní han contribuido a mitigar el deterioro, según el arqueólogo
Isber Sabrine. Entre ellas, el uso de señalización de Blue Shield (ONG vinculada a la
UNESCO) sobre monumentos y edificios, para advertir a las fuerzas militares de su estatus protegido, la fortificación de puertas y la evacuación de piezas clave de museos, como el Museo Nacional de Teherán.Más allá de la devastación material, Sabrine destaca también el impacto sobre el patrimonio inmaterial o intangible. El pasado 20 de marzo se celebró el Nowruz, el año nuevo del calendario persa. “Se trata de una fiesta muy emocional e importante para pasar en familia. Sin embargo, en medio de una guerra, muchas familias no pudieron viajar ni pasarla juntos”, explica.Un marco legal frágilTras la inmensa huella que dejó la Segunda Guerra Mundial en el paisaje arqueológico y arquitectónico de Europa y del mundo, la Convención de La Haya (1954) y sus protocolos (el primero del mismo año y el segundo de 1999) y, más tarde, la Convención de 1972 sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural servirían de instrumento para proteger el legado cultural en conflictos armados.“Las violaciones graves de estos instrumentos pueden implicar responsabilidad penal individual”, aclara la presidenta de
Icomos,
Teresa Patrício, que añade: “Según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, dirigir intencionadamente ataques contra bienes culturales protegidos, cuando no esté justificado por necesidad militar, puede constituir un crimen de guerra. También se debe considerar la política de la Corte Penal Internacional (CPI) sobre patrimonio cultural (2021) y la resolución 2347 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (2017)”.Lugar que ocupaba uno de los budas gigantes de Bamiyán, destruidos en el 2001 por los talibanesAli Khara / ReutersPor lo tanto, existen marcos internacionales muy claros para proteger el acervo cultural y compromisos por parte de los Estados firmantes. “La cuestión es por qué los líderes mundiales los están ignorando”, se pregunta Patrício.Las reglas internacionales –o el respeto que reciben– parecen estar cambiando. La ley internacional que hasta ahora parecía salvaguardar ciertas normas comunes se tambalea ante ofensivas cada vez más erráticas e impredecibles. Trump ha constituido su propio organismo multilateral, llamado Junta de Paz, a espaldas de Naciones Unidas, y las líneas rojas acordadas hace más de medio siglo no parecen condicionar demasiado su hoja de ruta. Aunque no es el único que las desafía.“Podemos decir que es uno de los conflictos más recientes en el que más falta de respeto se muestra a la ley internacional, por todas sus partes”, advierte
Isber Sabrine. Según el arqueólogo, todos los actores involucrados están incumpliendo el derecho internacional de distintas maneras, debilitando los mecanismos existentes para proteger el patrimonio cultural.Ante este escenario, insiste en la importancia de documentar y comunicar los daños, como forma de ejercer presión. Además, agradece la firme postura de España: “España ha sido durante los últimos años, tanto ante el conflicto de Palestina como ahora frente al conflicto en Irán, un país muy justo y solidario, un país que está con el derecho internacional y contra las guerras. Eso es algo que, a quienes trabajamos en estas situaciones, nos motiva”.La plaza de Naqsh-e Jahan, en Isfahán (Irán)Otras FuentesPor su parte, el portavoz de la
UNESCO reitera el llamado a preservar los tesoros culturales y naturales: “Instamos a todas las partes a garantizar la protección de los sitios culturales y patrimoniales y recordamos a dichas partes sus obligaciones en virtud de la Convención de 1972 para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural, así como de la Convención de 1954 para la Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado y sus dos protocolos (1954 y 1999), dentro del marco más amplio del derecho internacional humanitario”.Además, asegura que se han comunicado a las partes implicadas las coordenadas geográficas de los sitios inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial, así como de aquellos de importancia nacional, para evitar posibles daños irreversibles. Asimismo, se enviará una misión de expertos sobre el terreno “en cuanto la situación lo permita”, como también asesoramiento especializado y apoyo técnico a las autoridades nacionales competentes.Un daño irreparableLos expertos consultados para este reportaje coinciden en que este conflicto armado podría acarrear consecuencias irreversibles.“La destrucción del patrimonio cultural
Iraní puede tener consecuencias profundas y duraderas. Dada su magnitud, los daños podrían ser irreparables”, asegura la presidenta de
Icomos, que añade: “Cuando desaparecen sitios históricos y objetos culturales, las comunidades pierden vínculos esenciales con su pasado, debilitando su identidad cultural y su memoria colectiva”.No solo se eliminan edificios o artefactos, “sino que se erosiona el tejido que conecta a una comunidad con su pasado”, afirma la experta. Eso hace que las generaciones futuras puedan tener dificultades para comprender su historia. “Con el tiempo, este daño puede transformar la manera en que las personas se perciben a sí mismas, su historia y su lugar en el mundo”, advierte.Cuando la destrucción es generalizada o intencionada –señala–, sus efectos tienden a prolongarse durante generaciones. Además, “estas pérdidas también reducen la diversidad cultural global, ya que el patrimonio de Irán forma parte de la historia compartida de la humanidad”.Vista e los destrozos causados en el centro de Beirut tras un bombardeo por parte de
Israel en marzo de 2026 Edgar Gutiérrez / EFEEl presidente de
Heritage For Peace,
Isber Sabrine, coincide en que cuanto mayor sea el daño, mayor será la pérdida, no solo para el pueblo
Iraní, sino para toda la humanidad. Además, observa que podría afectar la relación de Irán con el mundo occidental en el futuro. “Es un pueblo muy orgulloso de su patrimonio, es algo de lo que no se podría recuperar”, advierte.El experto insiste en el potencial de la cultura como herramienta de paz: “Preservar y mantener este patrimonio permite que, cuando vuelva la paz, Irán pueda reconstruir vínculos con el resto del mundo. La destrucción del patrimonio priva a todo el mundo de esa riqueza y de la posibilidad de disfrutarla, mientras que conservarlo ofrece un camino para la reconciliación y el entendimiento global”.1Palacio de GolestánObra maestra de la época Qajar y uno de los edificios más antiguos de la capital
Iraní, fusiona la tradición artística y arquitectónica persa con influencias occidentales. La dinastía Qajar, que llegó al poder en 1779 y estableció Teherán como capital, lo convirtió en su sede de gobierno.2Palacio Chehel SotúnEste pabellón del siglo XVII es uno de los hitos más emblemáticos de Isfahán. Forma parte de los Jardines Persas, inscritos como Patrimonio Mundial de la
UNESCO, y fue utilizado para recepciones y ceremonias imperiales durante la época safávida.3Mezquita aljamaLa mezquita más antigua de Irán, del año 841 d. C. Según la
UNESCO, ilustra la evolución de la arquitectura de mezquitas durante doce siglos.4Palacio Ali QapuSituado en la plaza Naqsh-e Jahan, el palacio imperial es un ejemplo de la arquitectura safávida y un símbolo del poder cultural e histórico de la ciudad de Isfahán. En 1979, fue incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la
UNESCO.5Ciudadela de Falak-ol-AflakEl conjunto de Falak-ol-Aflak, en el valle de Khorramabad, refleja una secuencia cultural que abarca desde el Paleolítico Medio hasta la Edad del Bronce y llega hasta la actualidad.6Yacimiento de TiroDeclarado Patrimonio de la Humanidad por la
UNESCO en 1984, conserva restos arqueológicos que datan principalmente de la época romana.7Ciudad Blanca de Tel AvivLa llamada Ciudad Blanca, con sus edificios representativos del movimiento arquitectónico moderno, se construyó entre 1930 y 1948, y fue inscrita en la lista del Patrimonio Mundial en 2003.