Mañana empieza el plazo para presentar la declaración del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) del 2025, que se prolongará –en sus diversas fases– hasta el 30 de junio. Este trámite para ajustar el pago de este impuesto tras las retenciones fiscales efectuadas a lo largo del ejercicio está ya plenamente normalizado por la mayoría de los contribuyentes. La cita anual con
Hacienda, sin embargo, se convierte también en una reflexión obligada sobre la evolución anual de la propia economía, tanto personal como familiar, en la que se evalúan los gastos, los ingresos y el endeudamiento, así como el nivel de confianza o de inquietud por el futuro de la economía del país.El inicio de la campaña de renta ha coincidido este año con el dato de un nuevo récord de empleo en
España, con cerca de veintidós millones de personas afiliadas a la Seguridad Social. Este hecho está en consonancia con la buena evolución del resto de datos macroeconómicos del país, con un crecimiento del producto interior bruto (PIB) por encima del 2%, casi el doble de la media europea. La confianza de los ciudadanos en el futuro, sin embargo, está marcada por la incertidumbre derivada de las guerras en Irán y en
Ucrania y por el impacto que las mismas puedan tener en la inflación y el empleo. Además de ello, y pese a los buenos indicadores estadísticos, la percepción general que se desprende de las encuestas es que un amplio sector de la población no percibe la mejora en sus economías domésticas. Ello se debe, en gran parte, al aumento de los precios de la alimentación y de la vivienda, a los que ahora se añade el impacto de la subida de los combustibles. Hay que tener en cuenta que desde el 2020
España acumula una inflación superior al 20%, lo que ha afectado a una clara disminución del poder adquisitivo de los ciudadanos.El ajuste anual de las cuentas con
Hacienda se realiza además, como cada año, con la percepción de una parte de la ciudadanía de que se pagan demasiados impuestos. Al margen de la polémica sobre los niveles de presión fiscal comparados con el resto de Europa hay un hecho incontrovertible: en el 2025 la economía española volvió a batir un nuevo récord de recaudación, con un aumento superior a los 325.000 millones de euros, un 10% más que el ejercicio anterior. El Gobierno y numerosos analistas prevén, además, que la recaudación siga creciendo este año, aproximadamente un 8% más.La declaración de renta de este año coincide con un nuevo récord de recaudación fiscalEl citado récord de recaudación fiscal se debe al crecimiento del 2,8% que registró la economía en el 2025, al aumento del consumo, con el consiguiente pago del IVA; a los impuestos sobre los nuevos trabajadores por el incremento del empleo, que creció en más de 600.000 personas, y asimismo a la llamada subida en frío de los impuestos al no deflactarse la tarifa del IRPF para compensar el impacto de la inflación en los tramos de gravamen.La tarifa del IRPF no se ha actualizado desde el 2007. Esto provoca que cuando las retribuciones aumentan para compensar la inflación, pero los tramos del impuesto permanecen inalterados, muchos contribuyentes terminan tributando en escalones superiores pese a que su poder adquisitivo real no mejora. Las pocas novedades en la declaración de renta de este año, en este sentido, apuntan, a una mayor progresividad del IRPF por la mayor tributación que sufren las rentas del ahorro (dividendos, intereses, venta de acciones o inmuebles) que superen los 300.000 euros y que pasa del 28% al 30%.Según el Gobierno, la tarifa del IRPF no se deflacta porque opta por destinar ese aumento en frío de la tributación a mayores gastos sociales y a la atención de las familias más vulnerables, que reciben además un mejor trato fiscal en el conjunto de su tributación por este impuesto también en este año.La no deflactación de la tarifa del IRPF supone de facto una subida fiscal para muchos contribuyentesLa fiscalidad española, en especial la que regula el IRPF, necesita una reforma en profundidad para avanzar en una mayor redistribución y equidad que no penalice tanto a las clases medias ni a la generación de riqueza. Asimismo otra gran tarea pendiente, en la que se avanza demasiado lentamente, es combatir con mayor eficacia el fraude fiscal y lograr que paguen impuestos todos aquellos que deben hacerlo. Un reciente estudio de Fedea estima que las rentas ocultas de trabajadores, empresarios, inversores y caseros se situaron en el 2022 en 112.000 millones de euros. Este dato –último conocido– implica una mejora respecto a las cifras de cuando el fraude ascendía a 140.000 millones en el 2019. Pero, sin embargo, resulta todavía demasiado elevado.