Ciudad abiertaEl ex ministro del Interior, Jorge Fern�ndez D�az, llegando ayer a la Audiencia NacionalActualizado Martes, 7 abril 2026 - 00:09Audio generado con IAEn Historia de dos ciudades, la conexi�n entre
Londres y Par�s se debe en gran medida al azar. Los v�nculos familiares y las peripecias de los protagonistas hacen que Dickens integre dos situaciones muy diferentes -la de Inglaterra y Francia a finales del siglo XVIII- en una �nica historia, por mucho que est� repleta de contrastes y dualidades. Del mismo modo, el azar ha querido que coincidan en una misma semana los juicios de la operaci�n
Kitchen y del caso mascarillas. Y esto parece animar a que se integren ambas noticias en una misma historia, incluso si luego nos dedicamos a destacar las diferencias entre ellas.La historia de estos juicios podr�a ser la de sus efectos pol�ticos: a qui�n benefician y a qui�n da�an los titulares de estos d�as. La aparente simetr�a -esc�ndalo de un ministerio del
PP, esc�ndalo de un ministerio del
PSOE- parece augurar uno de esos 'empates' tan propios de la era de la polarizaci�n. Los fans de S�nchez refuerzan su opini�n negativa del
PP, los simpatizantes de Feij�o hacen lo propio con el
PSOE, y los apol�ticos o desencantados concluyen que todos son iguales antes de pasar a otro tema.La simetr�a, sin embargo, es enga�osa. Por un lado, lo que se investiga en la
Kitchen es m�s grave que lo que se investiga en el caso mascarillas, aunque solo sea porque implica a un ministerio tan delicado como el de Interior en un presunto intento de entorpecer una investigaci�n judicial por motivos pol�ticos. Por otro lado, el comportamiento de �balos salpica directamente al actual presidente del Gobierno, por cuanto se investiga a quien fue su estrech�simo colaborador. El comportamiento de Fern�ndez D�az et al., por contraste, no compromete a la c�pula actual del
PP. En ambos casos sobrevuela la pregunta de cu�nto sab�an los superiores de los investigados, pero el jefe de Fern�ndez D�az lleva fuera de la pol�tica desde 2018; el de �balos sigue en la Moncloa. Los populares har�an bien en explotar esta diferencia: ellos pueden -y deben- distanciarse de su pasado, mientras que los socialistas tienen m�s dif�cil hacer lo propio con su presente.En cualquier caso, tambi�n se puede contar una historia diferente de estos juicios. Podr�amos ver su celebraci�n como una muestra de la fortaleza de nuestra democracia. Qu� m�s da si los afectados son del
PSOE o del
PP: lo importante es que el sistema tenga la suficiente madurez como para investigar tropel�as cometidas desde de las instituciones, y para sentar en el banquillo a exministros que tuvieron mucho poder. Es verdad que uno no puede ser optimista en este tema cuando la legislatura actual se sostiene sobre la amnist�a a Puigdemont. Esa indignidad mostr� que no, la ley no es igual para todos, y s�, a veces el poder pol�tico s� puede comprar la impunidad. Pero esto no impide que celebremos aquellos momentos en los que el Estado de Derecho funciona como debe.El problema es que esa historia solo puede existir a causa de otra mucho m�s preocupante. Esto es, una historia sobre la capacidad de pol�ticos y altos cargos de abusar de su poder sin que parezca haber un freno anterior a la acci�n de la Justicia. Es positivo comprobar que los tribunales act�an; es terrible que deban hacerlo porque nadie tuvo la capacidad o la valent�a para pararle los pies a un ministro cuando tocaba. Y uno tiene la impresi�n de que esa sigue siendo una asignatura pendiente de nuestra democracia.